De Canela, Majestuosa Sinfonía – Cumbre de Miguel Ángel Perera en La México.

Perera con la zurda a “Quita Penas” de Campo Real.

De nuevo el ganado condicionó la apertura del mes último del año. Si seguimos así, el ganado no solo se cargará  Diciembre sino toda la Temporada. Nos van a dejar en un petate. El bajo y decepcionante juego de los toros no fue óbice para llevarnos a casa una nueva página de oro a nuestro libro personal de aficionados. Una página de canela fina y que nos hace cuestionar la calidad que priva en el espectáculo taurino.

Por: PUNTILLERO De SOL Y SOMBRA.

Segundo toro de la tarde “Quita Penas”. Nombre sugerente que recuerda el tino de Don Heriberto Rodríguez.

Sale de forma recta y suave, suelto al inicio como todo el encierro. Es para Miguel Ángel Perera, quien con solo pisar el ruedo de La México durante el paseo toma proverbial la batuta.

Par de lances a pies juntos sujetan al flojo toro de Campo Real. Perera no necesita de más. Tampoco tarda en notar la suavidad de un astado que echa las manos por delante al tomar el sorprendente saludo por tafalleras que eleva el tono del público hasta el climax de dos inmutables gaoneras y el filato final, estruendoso olé en formidable remate por detrás. Cómo ayuda ver los toros pronto. Muy temprano en la lidia tenemos ya algo para recordar.

La armonía que utiliza Perera en la obertura de la obra indica que no sería una pieza común.

Armadura moderna -en los toros como en música hay que proporcionar estructura técnica cimenta el primer movimiento. Moderno, que no adecuado, es el toro al que paradójicamente casi no hay que picar. Clásico es emocionar o conmover a pesar de las mínimas condiciones de un burel que mantiene el instinto de acometer cuando se le cita en los medios a favor de la querencia.

De espaldas sin perder la cara, cita a pies juntos con el capote por delante. Cambia de pronto el viaje en nuevas tafalleras que hacen al toro agarrar aire suficiente para trazar caleserina y las gaoneras más reunidas que las de recibo.

Regresa al lance alfonsino y al capote por delante para, en momento grande, aguantar un tiempo la rebolera ya iniciada, suficientemente rápido para ajustar la tentativa de parón pero adecuadamente despacio para rematar y salir del quite elevando de nuevo la voz de la Plaza México que tiene las palmas enrojecidas ya de tanto aplaudir.

Pepe Luis Vázquez, decía Alameda, lo hizo igual a un toro de Zacatepec en la propia Plaza México: “rápido pero lento”. Fue en los cincuentas pero en la media verónica. Rubato incomparable.

El movimiento instrumental, breve preludio de garapullos, desemboca en un tercer movimiento que incluye el acostumbrado ritual de situar la montera, machos para abajo, en las rayas bajo la contraporra. De regreso al sitio donde ejecuta la obertura, un inicio mezzo forte a pies juntos y por alto descubre emocionadamente el lado derecho del burel. La obra crece en plenos medios con los redondos a compás abierto, de cintura rota e intensidad creciente.

La mano derecha traza cuatro pases por tanda y a compás. Cromático, apasionante, peina la arena elevando su armonía con la sutileza de una Consolación. Torea Perera sempre legatissimo en los pases que esperábamos, ininterrumpidos dos derechazos de tiempo inexistente, lento placido, son dos inenarrables muletazos.

Decir que para el reloj es verdaderamente poco…

Pero la modernidad no entiende de clasicismos. El toro mexicano clásico habría roto como “Tabachín” con Capetillo o “Traguito” y Camino. La faena por el lado izquierdo habría arribado a alturas que no dimensionamos si el toro no huyera tan decepcionantemente.

La incapacidad de crecerse a la exigencia y de luchar aún con la muerte atravesada del burel, impiden a Perera conseguir aún algo más. Remonta al final con circulares por la espalda, emocionantes a pesar de la falta de raza y el escapismo de su enemigo. Lo hace, porque a su valor impertérrito y su impecable, cada día más depurada técnica, suma canela fina que solo brinda el infinito del temple y la eternidad del arte, la que solo tiene un límite, la mansedumbre.

O la estocada entera y desprendida, cierto, no óbice para otorgar las dos orejas. Por demás merecidas.

La historia realmente fue ese segundo. Ni Perera en puede sacar algo claro al exponer todos los vicios del horroroso quinto.

Porque ahondar en la actuación de “Zotoluco” significa relatar la disparidad que sufre, como la presencia de su lote y el sobrero legítimamente protestado. De pronto templa, de pronto le enganchan. A veces parece encontrar sitio y de pronto lo pierde, cuando parece verlo claro como con el primero, un toro que en los medios habríamos tasado mejor, aparece el viento.

De nuevo alcanza a no reprobar en el examen extraordinario. Un garfeño chico y manso que acaba acudiendo al engaño y desarmándolo. Arranca una oreja de último minuto. Aún le quedan dos tardes más…

El manido, alborotador y vacilante, péndulo es utilizado por “El Payo” al inicio con el tercero sin ninguna finalidad en la lidia, nerviosa y él, rápido.

Da la impresión que el toro tiene algo más. Él está más cerca que nadie pero sin ritmo ni temple, con una contrariedad en el rostro que se extendió al protestársele el sexto, abandona mentalmente la corrida en un momento que casi le cuesta la voltereta. Echa la culpa a los peones. A los toros ni en el arrastre se les pierde la cara.

Demora mucho en ver al de regalo. Nueva muestra del abuso de un recurso que ya es sistema. Como se está volviendo sistema de un torero de clase acudir a los empujones y tirones con los que intenta levantar vuelo. Actitud y entrega pero sin huella su torero como sin filo su espada. Segunda tarde, muchos jalones y poco toreo. Aún más voces en el callejón y nadie manda.

En los toros canela fina es eso que aunque se quiera no se compra. A veces la flor impregna hasta la más fría valentía.

Miguel Ángel Perera ha hecho bueno lo que algún día me dijo “Niño de la Capea” -me imagino también se lo ha dicho- “El toro español te hace sentir hombre, pero el toro mexicano te hace sentir artista, descubre un fondo que no sospechas.”

Las inamovibles esculturas producen cierta música oculta. Como el olor de la sangre que cuando se torea bien parece ser la más fina esencia.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2010-2011. Diciembre 5. Quinta de Derecho de Apartado. Más de un tercio de entrada en tarde fresca al principio y con fuerte frío a la muerte del tercero. Viento a rachas durante toda la tarde, acentuado a partir del cuarto.

8 Toros, 7 de Campo Real (Divisa Azul, naranja y blanco) 1 de regalo (octavo) El cuarto lidiado como sobrero al inutilizarse el titular. Disparejos de presencia. Protestado el cuarto bis por chico. Los tres primeros en tipo, el resto chicos y de feas cabezas. Flojos de remos, desrazados. Predominó en su juego la mansedumbre. 1 (séptimo) de Garfias (Divisa Naranja y Rojo) Chico y manso.

Eulalio López “Zotoluco” (Grana y oro) Leves palmas, silencio y oreja en el de regalo. Miguel Ángel Perera (Canela y oro con remates negros) Dos Orejas y silencio. Salió a hombros. Octavio García “El Payo” (Sangre de Toro y oro) División, Silencio tras aviso y Ovación en el de regalo.

Destacaron Rafael Romero y Fernando García en banderillas, a la brega Sergio González y Juan Soria. Luis Miguel González destacó al picar magistral al manso séptimo.

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