Mañas, Arañas y Telarañas. Decima Corrida de la Temporada Grande

 

Por Puntillero

La corrida más seria de la Temporada cargaba arrobas de plata. Muchas quizá. Lo que para algunos representó un fracaso para mí significó ver por fin esa parte de la ecuación taurina que a veces se rompe y que representa ver un encierro serio en el ruedo de La México. Claro, el toreo es una actividad que se condiciona a la conjunción de dos seres vivos y ayer los de seda y oro. Debo decir que por los toros no quedó.

Sencillamente, con la claridad de su poderosa cabeza, Renato Leduc mencionaba en “Los Banquetes” la finalidad que se busca del toro de lidia. Buscamos su bravura, tal como buscamos de otros animales o de otros objetos, los fines enclavados en la naturaleza de los mismos, eso que mejora la existencia del hombre. Pero la bravura es eso, una búsqueda.

A diferencia de los demás ejemplos que Leduc aportaba en la tan maravillosa novela, cuya edición original nos ha dejado vislumbrar como un tesoro El Bardo de la Taurina, la bravura no se puede mercar o adquirir por expreso pedido. Mencionamos en “Radar Taurino” que el toro tiene el sagrado derecho de no tener palabra de honor.

Ayer en la Plaza México el primer paso hacia la bravura lo dio el ganadero. La corrida tenía seriedad, en la cabeza y en el resto del cuerpo. Arrobas tenía, claro está, e indubitable edad. Ahí está lo grueso de las cepas y la badana, además de la cara adulta de los seis. Aún el cornicorto tercero, sí señores de más de seiscientos kilos al llegar a la Plaza, fue un toro serio que, malgre tout, se movió. Una telaraña mental del taurinismo anticipaba su fracaso.

Cierto que un toro más ligero “rendiría” (como si el toreo fuera un estudio de eficiencia) mayormente. Pero nadie critica el peso del peto y del caballo. También sería el caso, si el toro también fuese mejor picado, no desangrado. O si los burladeros rompetoros no emitieran sonido al cerrar los astados en tablas. También si los banderilleros no pasaran en falso y si la calidad de los que manejan las telas fuese mejor. Ayer no fue el caso.

De salida todo el encierro salió suelto, no lo puso fácil para ninguno de los alternantes. Varios, muchos, dicen que los bureles “no se dejaron” en el recibo. Insisto y coincido a plenitud con el autor Eduardo Castillo, el toro no se presta o se deja, la lidia, de lid, no es una noche en el museo, o un “Domingo en la Alameda” donde el tour está definido de antemano. La mala costumbre de encasillarnos en el monolítico concepto de toreo que la generalidad tiene, impide calar o tasar, ya no digamos disfrutar, el juego de un encierro como el de ayer.

Un encierro que peleó con los montados, destacando el cuarto en brava guerra. A todos, con intención o no, se les tapo la salida de la suerte. Los picadores invadieron hasta sonar el aviso a Nacho Meléndez. A diferencia de la semana pasada las cuadrillas no estuvieron ya con soltura y desparpajo, ni a pie ni a caballo. Bregar en banderillas es un suplicio y el único que apenas se salva es Rafael Romero, el resto sufrió con esa dificultad que representa simplificar y ordenar movimientos en banderillas. Muchas mañas.

Esta Temporada los encierros han rodado por la arena, incluso el polémico “Guadalupano” de Teófilo Gómez. Ayer jalaban aire pero mantuvieron la horizontal en todo momento. Más ese primero protestón en la muleta. Manolo Mejía no lo vio claro nunca. Poca serenidad de pies, demasiado para afuera los cites, recorriendo todos los terrenos y matando mal. Hubiese esperado un poco de aguante, pero no hubo tal. Claro, el toro se vio tan mal como su matador.

Pero al cuarto, sin resultados estéticos, le paro capote recogido y en cuanto se hizo del toro, éste se fijó completo al engaño, áspero y con protestas acudió al capote de Mejía que apenas alcanzó a rematar sobre las rayas. A partir de entonces, el de Real de Saltillo, precioso cárdeno careto con dos acucharados pitones, gruesos en su origen y amenazantes en sus puntas, comenzó a embestir fiero hasta recargar en una encelada y brava pelea con el montado.

Nuevo encontronazo con la cabalgadura definió el camino de su lidia. Por supuesto, acusó los efectos de la segunda vara, múltiple por descontado, que invadió rayas y tapo salida. Sin embargo, agarró aire e incluso provocó una lesión en tobillo del banderillero “Lupillo” con quien se enceló apretándole a la salida de los palos. Tras doble brindis a pequeños aficionados de barrera, Manolo comenzó sin mucho mando y dejando al toro, sobre el tercio en la contraporra, ir a su aire. Lo intentó pero había escogido un terreno desfavorable. No creí que iniciara con el toril tan a la vista.  Cierto que hubo viento y la puerta de caballos se antojaba mejor. Mejía ayer no lo vio claro, aún con un toro que daba la impresión podría haberse entregado. Pases enganchados y mucho movimiento de pies. De nuevo la mano en el sótano en la estocada. Para reflexionar muchas cosas.

Capea comenzó dando los adentros al segundo, otro serio ejemplar que se resistió de salida.  Pedro lo llevó más allá de las rayas procurando imponerse siempre. En el quite empujó el astado no obstante el torero no dio la espalda al toril. Chicuelinas ajustadas que daban esperanzas de un juego importante en el último tercio. A mí el toro me gustó por no ser ningún bobo. En el toro hay muchos vivos, cosa que algunos hasta festejan ¿Por qué un toro, por una vez, no podría serlo? Calma, éste no lo fue. Pero Capea dejó lo mismo derechazos de buen trazo que poco espacio entre tandas y pases, cercanías a un toro que pedía desplazarse. Ese sentido de la distancia y la falta soltura de movimientos le impiden avanzar. Hubo tres grandes pases, no más.

Justo cuando parecía que la muñeca deshacía telarañas, tras un punto muerto con la izquierda, llegó el viento e interrumpió la continuidad. Luego sin encontrar plenamente la distancia vino un remate hacía abajo lucido y una estocada, entera al volapié, pero pasada y muy baja. Una muerte pronta del toro implicó una exagerada petición. No aguantó Gilberto Ruiz Torres y le bajó el listón a la Plaza unos metros. Mismos que el Capea, decidido toda la tarde, trató de escalar con el quinto. Imposible con un toro de juego vulgar y solo un gran cambio de mano hacía abajo destacó.

Hablar de Mario Aguilar sería perder el tiempo, envolvernos en una telaraña que desatará nuestra decepción taurina. Hablar de la lidia del grandón y bonachón tercero, astracanado y rematadísimo, es darnos cuenta que los prejuicios y el interés oculto impiden ver un toro mejor en nuestra Plaza. El tercero se desplazó y sin los encontronazos en el burladero, ni la suerte de varas tan desordenada, ni haber clavado los pitones por la arena, habría caminado aún más.

A pesar de ello, el toro tuvo una gran tanda por el lado derecho pero Aguilar perdió los papeles al abandonar su génesis de soltura y suavidad, dejando que las arañas mentales se apoderen de él, quedó en evidencia que su falta de claridad y de ambición lo tienen, aún más, sumido en una ofensiva falta de actitud. Odio las listas negras, estoy seguro que el torero piensa lo mismo.

El título de la presente ha sido alusivo a aquel manualito fotográfico de cosas curiosas de la fiesta de los años setentas. Pero es una afirmación de que los fines a los que Renato Leduc hacía mención en “Los Banquetes” se pierden con la falta de capacidad torera pues buscar la bravura no solo requiere un encierro serio, sino una tela capaz que deshaga la telaraña de los “sofistas” del toreo.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2010-2011. Enero 9. Décima de Derecho de Apartado. Menos de cuarto de entrada en tarde fría con mucho viento. 6 Toros, 6 de Real de Saltillo (Divisa Morado, amarillo y naranja) Muy serios y armónicos salvo el quinto, desproporcionado. Con kilos y edad, sin que ninguno se derrumbara en el último tercio. El tercero salió ensangrentado del pitón izquierdo y afectó terriblemente clavar los pitones. El segundo caminó sobre las rayas del tercio. Cuarto comenzó bravo y se fue sin torear. Quinto y sexto decepcionantes en su juego por descastados. De mal gusto haber nombrado a los toros con nombres célebres de toros trágicos. Manolo Mejía (Bugambilia y azabache) División y división. El Capea (Berenjena y oro) Oreja protestada y silencio. Mario Aguilar (Rosa y oro) Bronca tras aviso y Silencio tras dos avisos. Destacaron Rafael Romero a la brega y Jorge Luna en banderillas con el sexto. Ignacio Meléndez de regia casaquilla tabaco y oro se llevó un aviso por invadir al picar al cuarto.

Twitter @CaballoNegroII

2 Comentarios »

  1. MUCHAS FELICITACIONES A LOS INTEGRANTES DEL PROGRAMA, LES VEO TODOS LOS MARTES DESDE TUXTLA GUTIERREZ, CHIAPAS; ESPERO CON MUCHO GUSTO TODOS LOS COMUNICADOS POSIBLES, DESEANDOLES FELIZ AÑO BRAVO 2011.

    Me gusta

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s