Sota, Caballo y Rey – Gana Hermoso el Albur en La México.

En el toreo a veces la mitad de las cosas son verdad y la mitad son mentira. Por cierto, una mentira muy adornada. Ayer el ornato le ganó la partida al toreo fundamental. La calandria y el sarape de nada valieron, tal como tampoco un solo toro de Malpaso. Aún sin orejas, Hermoso de Mendoza marcó diferencia en su acostumbrada cita anual con una espléndida pero variopinta entrada en La Monumental.

Por: Puntillero – De SOL Y SOMBRA.

Separemos.

Comencemos por decir que ha sido de nuevo un gusto ver el numerado a reventar, pese a la reventa, a la concurrencia tan dispersa y diversa que aterriza desde villamelones funcionales como convencionales, pasando por curiosos y los menos, los aficionados taurinos.

Diré que el arribo de “El Pana” a La México incluyó calandria, una misteriosa carta femenina que levantó toda clase de comentarios y sus correspondientes cocheros. Que Pablo Hermoso de Mendoza marcó diferencia desde el acento goyesco de su vestimenta y que, de entrada, la combinación de ambos diestros se encontraba más allá del bien y del mal respecto de cualquier consideración personal.

Ya lo decía Renato Leduc, más allá del bien está lo mejor, mientras que al otro extremo solo queda lo peor. Y “¿Quién puede negar que los extremos se alcanzan?”

Así, comenzó una tarde extremosa en que Los Encinos y Malpaso, dos hierros en horas bajas, solo aportaron un toro bravo, el que abrió plaza por parte de la divisa queretana. Hermoso de Mendoza clavó atrás el segundo rejón y dio la impresión que se acabaría todo. Cuando digo atrás consigno que las vértebras y el tranco del toro estaban amenazados pues las formas mendocinas del rejoneo, clásicas diremos algún día, no encontrarían un vehículo adecuado para su exposición justo en medio del entradón, bajo sol quemante en incomparable marco de ilusión taurina.

Pero entrado el segundo tercio, sobre los lomos de Chenel, el ya famoso negro corcel, Hermoso empezó a templar a un burel cuyo tranco se encontraba afectado.

Templó tanto que logró encelar y revivir su bravura dolida por el rejonazo trasero con las pasadas por dentro. Entonces el astado sacó el fondo bravo y Pablo su sobre fondo torero en el fabuloso toreo de costado y principalmente en cuanto daba la impresión –perdonen ustedes el paralelismo- de “perder pasos” al hilo de las tablas para componer el tranco del burel cada ocasión en que el de Los Encinos se quería quedar corto al provocar su embestida ajustándose a la velocidad del toro. Por ello, ya sea de frente o con los lomos apuntando a las tablas, todo el mérito fue del caballero.

Y luego apareció una aurea maravilla bautizada como “Ícaro” que elevó su vuelo dando el pecho y pasando hacía dentro en la ya famosa pasada contraria pero de frente con la que terminó por exprimir a “Peluquín” Hermoso lució su conocimiento y torería en una faena que demuestra que es más valioso el temple que la frenética y desordenada sensación de ademanes y manotazos.

Finalmente con el valiente “Pirata” se cerró la obra con cortas y con un terrible rejonazo, bajo y trasero, única mácula que dejó fuera cualquier posibilidad de premio. Ni falta que hiciera.

Ayer faltó bravura y orden.

Malpaso volvió a estrellar nuestras ilusiones.

La gran entrada no merecía un encierro tan desprovisto de bravura. Romanearon hasta derribar en varas los dos últimos pero resultaba tan decepcionante ver como buscaban las querencias o se dolían prácticamente de todo, como frustrante verles ayunos de fondo o desesperante por informalidad.

Claro se quejan de que al primero lo estrellaron contra el burladero de la Porra, cosa cierta. De que pasó muy bien en la muleta del sobresaliente Luis Gallardo, pero dejan de observar que como los tres restantes, tras el puyazo se habría descubierto su absoluta mansedumbre.

Con él o con cualquiera ayer “El Pana” no habría logrado siquiera algo claro, tal como quedó por debajo del de Ordaz, serio y alto cárdeno que no mereció el vergonzante multipuyazo que mutiló su aparato motriz.

Más allá del mal solo está lo peor.

“El Pana” estuvo así de mal, casi tanto como el público cuando reclamaba su presencia a banderillear o matar al descornado primero. Sugiero para esclarecer el caso la lectura del artículo 70 del Reglamento Taurino para el Distrito Federal vigente. Claro, la reglamentación no esclarecería lo mal que anduvo con el berrendo que hizo quinto, un toro tan corriente como se vio su matador. Su pinta ilusionó tanto como contrario fue lo espeso de su juego.

La corrida rayó en lo vulgar pues ya es moneda corriente vislumbrar como las varas y los arpones dejan a ciertos toros sin el fondo mínimo, como ocurrió en el lote de Pepe López. Cierto,  tampoco no estuvo a la distancia exacta de su primero, pero este buscó tan desesperadamente acercarse a las tablas que para cuando se dio cuenta el torero solo quedó dejar una estocada con la calidad con que la trazó, la mano izquierda en toque perfecto, descubrió el inmediato crepúsculo vital del toro con la única aurora que vimos del de Morelia, quien la tuvo imposible con el mejor presentado, el sexto, que se quedó sin bravura y con ganas de buscar las tablas doblando contrario y brincando

¿Eso de quién es culpa?

Espero haya sido solo un mal paso. Lo deseo fervientemente.

Lo que parecía un desaguisado fue la presencia y el juego de “Doble Letra” que hizo las veces de cuarto. Ni de salida, con nuevo rejón trasero, ni al comienzo del segundo tercio surgió siquiera lo que de Hermoso esperamos. Y en lo que habría sido desesperación, frustración y quizá tirar por la calle de en medio para regalar uno en otro caso, hizo que Hermoso descartara al precioso carbonero “Manolete” para sacar al imponente “Pata Negra”

El toro tuvo una distancia sumamente sensible al envite, un punto exacto que se podía quedar parado en absoluto.

Pisó el terreno tocando más allá del pitón contrario para cambiar el sino clavando y girando en tres piruetas hacía toriles primero para luego repetir doble ejecución del mismo giro. La Plaza caló tal situación y rompió en aplausos lo mismo que al coronar el evocador par a dos manos. Pena que se fue al pozo el triunfo tras de matar Pablo mal. Sin embargo, la torerísima salida a los medios, aún sin orejas, marcó la diferencia en la impronta y el donaire, propios de una figura del toreo.

Pues, como el camino de Robert Frost, ese que pocos han elegido tomar, el eximio ejecutante del arte de bos y equus ha tomado el sendero que menos se ha recorrido. Él, que ha revolucionado e impuesto las nuevas formas siempre al servicio del toreo bueno, volvió a establecer la distancia de su preeminente sitio a partir del temple y el toreo próximo a lo más valioso.

Consecuentemente, ello, ha hecho y sigue haciendo la total diferencia.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2010-2011. Febrero 20. Décima séptima de Derecho de Apartado. Más de tres cuartos de Plaza en fresca y con viento a partir del quinto.

7 Toros, 2 para rejones de Los Encinos (Divisa azul, verde y rosa) desiguales de presencia, mejor presentado el primero que resultó bravo. 3 de Malpaso (Divisa verde y azul rey) Disparejos de hechuras y pintas. Desprovistos de bravura tras el puyazo donde derribaron quinto y sexto. El primero se devolvió tras desceparse el asta izquierda. Fue sustituido por 1 de Ordaz (Primero bis) (Divisa roja, blanca y azul) Ligero de carnes, serio por delante y maltratado en varas, situación que condicionó su juego posterior.

 El Rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza (Chaqueta goyesca grana y azabache) Ovación con saludos en el tercio y saludos desde los medios. A pie, Rodolfo Rodríguez “El Pana” (Verde esperanza y plata) bronca y bronca. Pepe López (Palo de rosa y oro) Silencio en ambos. Se despidió el monosabio Juan Sigler tras 67 años en la profesión.

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5 pensamientos en “Sota, Caballo y Rey – Gana Hermoso el Albur en La México.”

  1. LO MEJOR DE LA TARDE FUE LA ENTRADA. AUNQUE EL NAVARRO ESTUVO MUY BIEN, EN LO SUYO. LASTIMA QUE NO VIMOS AL PANA QUE TODOS DESEABAMOS DISFRUTAR…

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  2. Excelente reseña.

    Después de una gran lección del maestro Puntillero coincido: el 70 del Reglamento no obliga al Pana a matar al toro (ni cualquier otra disposición del mismo). Yo en lo personal lo hubiera agradecido, sobre todo siendo el Pana, pero reglamentariamente no había obligación.

    Por otro lado, pedirle al Pana que ponga banderillas es casi tan bajo como arrojar cojines al ruedo: una falta de respeto.

    Saludos.

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