Radar Taurino – La Carne y el Arte.

Marzo arriba con aires renovados, el clima más templado, la espera de la primavera y este año un tardío miércoles de ceniza. Taurinamente significa el arribo de los días de carnaval previos a emprender el camino de la Cuarentena de la guarda de la carne que culminará con el taurinísimo Domingo de Resurrección.

Por: “Puntillero” 

Se entierra el mal humor y se acuerda la permisiva entrega con la disposición al fandango, la juerga y los toros. Así se aviva, con prisa, nuestra emoción al tener a la vista los inminentes días de veda.

Y es que para eso sirven los carnavales. Su fin consiste en tener una alegría previa a emprender el sendero de la guarda y la mesura, el regocijo anterior a tender como diría el célebre Don Jesús Guisa y Azevedo “Un crespón en el pecho de los tertulianos” reduciendo el jolgorio a cenizas. Necesario rito cuarenta días antes de pasear el arribo nazareno bajo las palmas.

Pero, entretanto, precisamente en la tierra de los combatientes a los que tanto defendió Guisa en pleno callismo, el tequila se derrama y la carne se desdora al consumirse con las ansias mismas con las que el valor lucha contra el miedo de los toreros.

En plena “tierra colorada” la de cañadas con suelo secano protegida por picos de verdes azules, la Plaza de Toros de Jalostotitlán abre su puerta a los de allende y a los de hidalgo, con la expectativa de encontrar la magna conjunción del toro y el torero. Mientras abajo, la Sierra del Tigre y la sureña Autlán de la Grana emprenden el mismo ritual incluso desde hoy, pues el carnaval autlense, como tiene que ser, tiene espacio hasta para las novilladas.

Y De SOL Y SOMBRA ha reseñado una jornada taurina plena en magnitud con festejos que ocupan desde Los Altos jalisciencies hasta la taurinamente “indómita” Oaxaca, la señera Aguascalientes con su novillada, el recuerdo al sentimiento en San Juan del Río y las horas postreras de la Temporada Grande en la pétrea Monumental México y otras más.

Francamente los carnavales evocan jornadas de oros de sol. Recuerdo que una jornada carnavalera de Autlán de la Grana y un torero de Tlaxcala recién resucitado, alternando con Manzanares y Guillermo Martínez, bordar un toro de Marco Garfias ¿Qué año habrá sido? Que importa, lo relevante es que año con año Autlán llena su plaza. Hasta “tres veces al día” dicen los autlenses.

Hoy la jornada taurina semanal presenta para alteños y sureños un reto importante.

No hay, de los de a pie, alguna figura del torero de ultramar. Ello implica que será muy importante vislumbrar las entradas en las Plazas de Toros, atinado comprobar si los empresarios de Carnaval que han apostado por Diego Ventura, tienen el mismo éxito, no solo económico, que han logrado conseguir con Hermoso de Mendoza.

Nuevo capítulo de la inacabable telenovela que incluye un doble y dominguero periplo del navarro con festejo en la periferia capitalina y rematando en Pachuca. Este “pique” lo digo desde ahora, no servirá de nada si el próximo año ambos caballeros no alternan juntos en México. Pues, alternan juntos regresando a España ¿En qué plaza? Quizá prefieran que este drama se haga más largo que la cuaresma, cosa que francamente no me extrañaría.

Hay quienes aún en pleno carnaval avivan su mal humor y entierran la alegría olvidando que la mala leche es “pa´l toro” siempre y cuando, no obstante carnaval, éste lo sea. Enterremos el mal humor sin matar el becerro de oro. De hecho, hoy Ventura hará matador de toros a caballo a Emiliano Gamero, el amador mexicano -novillero a caballo- que ha tenido que pasar no un carnaval precisamente para tomar la alternativa, ojalá que la ola fresca de su toreo se acompañe de temple. Mucha suerte.

Donde lo será, las plazas donde habrá toros, en serio, serán Jalostotitlán y La México. Los alteños hacen el rito pagano a través de la liturgia taurina de echar el toro en su Plaza y a ello responde el hecho de que haya regresado Marco A. González a la empresa del coso de su tierra. El único reparo que hacemos es la ausencia de un festejo el sábado que hubiese invitado aún más a hacer el viaje, sin embargo es para mí de reconocer como un acierto el ejemplar cartel del lunes de Carnaval.

Si somos francos, Jaral de Peñas no podría haber encontrado mejor terna que la compuesta por Ochoa, Sánchez y Saldívar, revisen los antecedentes. Por ello, me atrevo a decir que esa combinación representa el último cartel grande del invierno mexicano.

Se reciben comentarios, pero el brillo en los ojos de los taurinos de “Quinto Toro” cuando escucharon el contenido taurino del lunes de carnaval alteño devela la imperdible oportunidad de ver gran parte de la actualidad taurina mexicana, denostada sí, pero a la vez interesante y apasionante principalmente, porque ese día estará el toro en la Plaza.

Una pena que, igual que la semana pasada, no tengamos acceso directo, en vivo y en directo con la Plaza “Fermín Espinosa Armillita” Cosa que vuelvo a dejar de tarea para empresarios y comunicadores.

Recuerdo que Francisco Guisa Hohenstein, nieto de Don Jesús, algún día me decía que “sería imposible impedir las fiestas taurinas, el ludismo es tan consustancial al hombre como la vida y la muerte” Y precisamente el “juego” del toro, si acaso lo es, es un juego demasiado serio, tal como la corrida de Ordaz a lidiarse en la Plaza México. Dilató en venir, alguien mencionó por preferencias de las figuras, llega ahora y llega a bien.

Más que en la cabeza fijémonos en la proporción de sus extremidades, la forma de su cuello, lo rematado de su cara y por supuesto, ya en la plaza, en su bravura.

De nada nos servirá la presencia si se quedan parados. Atendamos al apartado de esta corrida y a partir de ello juzguemos a los toreros. Juan Bautista recoge el guante que otros no han querido levantar, lo hace a sabiendas que ya es la hora tardía de la Temporada y que su repetición contiene riesgo añadido. Esperamos que el viento amaine y que por fin lo podamos ver en los medios de la Plaza en donde estoy seguro puede cambiar la moneda.

Es justo decir que Alberto Espinosa “El Cuate” es algo más que un torero en protesta montado en un anuncio espectacular en Monterrey. Pero el toro y la Plaza México no entienden de excusas, ojalá que la falta de sitio no resulte en apreciación tangible sino en solo una verdad aparente que con corridas como no se puede venir a ver qué pasa. Ojalá.

Y la esperanza al último, con el último de los Rivera. Dos años y unos meses después, cinco años después de una alternativa capitalina vuelve Fermín Rivera. Lejos de la mocedad y con una corrida que, de lograr un triunfo, juntará el dionisiaco sacrificio de los carnavales con la apolínea de su toreo. ¿Cómo se llamaba aquel novillo al que cuajó en la Plaza México? Recuerdo que era de Marco Garfias, aquel faenón de serenidad y elegancia con el que marcó la diferencia en una década de altas faenas novilleriles. La de Rivera fue la mejor.

Vuelve pues al escenario que le hizo tocar la gloria en la mocedad y desprender las primeras lágrimas de su madurez, justo donde Shakespeare decía que se centraba todo el arte. Cuando se alcanza la sazón de los frutos, bueno se hace el camino de las duras, pues el tiempo de cosecha se las maduras. Lo menos que podemos exigir es la mente clara y el valor decidido. Estoy seguro que Rivera tras el injusto trato en 2008 cuando le arrebataron una oreja bien ganada a un toro de Vaca Hermanos.

La mañana de carnaval trae el destino azaroso sacrificio y la noche el calor y el vino. Por ello es en la tarde donde sereno se encuentra el contrapunto de Dionisio y Apolo en la liturgia del toreo y la solemne muerte del toro. Pero en el sacrificio de la carne, en pos del juego, se cae al sin sentido de la pachanga.

Afortunadamente la belleza y la sangre alumbran juntas sincrónicamente lo que buscamos en el sacrificio de la carne, el placer inmenso de vivir la culminación del arte que efímeramente sobrevive al tiempo.

Twitter: @CaballoNegroII.

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