Vicio, Costumbre y Desperdicio.

Por Aureliano García

Con casi tres cuartos de entrada, la Monumental “Lorenzo Garza” lucía radiante. Aunque últimamente la afición taurina en Monterrey, me refiero a la que va a la plaza sin importar quien torea, ha ido en decremento, el domingo vimos una cantidad de personas que seguramente no volveremos a ver hasta que haya un nuevo cartel para cazar.

No importaba.La fiesta necesita aficionados y seguramente algún porcentaje de neófitos quedará enganchado y crecerá para ser aficionado real con el transcurso del tiempo. Así pues con todo y villamelones nos lanzamos a la corrida con la promesa de que Pablo Hermoso de Mendoza, Alberto Espinosa “El Cuate” y Juan Pablo Sánchez, los espadas anunciados,  engalanarían la tarde.

La gente venía a ver al de Navarra, pero a muchos nos atraía también ver a “El Cuate”, quién después de honrosa tarde en La México y apenas recuperándose del terrible accidente automovilístico de su hermano también matador de toros, se antojaba como una propuesta interesante. Juan Pablo Sánchez, clase y valor unidos, el más joven del cartel, también representó la expectativa de vislumbrar un torero que cuando lo borda, logra se caiga la plaza como en noviembre pasado.

Todo pintaba bien, quizá demasiado, hasta que empezaron a salir por la puerta de chiqueros lo que la empresa decidió denominar como “Toros” Cada uno de más bajo peso que el otro, cada uno más débil y manso que el anterior. Llegamos a ver uno para los de a pie de 435 kilos doblar las manos en los primeros lances con el capote y apenas empujando con fatiga en la suerte de veras, justo lo necesario para que se cambiara el tercio antes de que el picador se acabará al eral,toro, ustedes disculpen.

Las ganaderías Cuco Peña, Fernando de la Mora y Teófilo Gómez mandaron un encierro (parchado) deplorable. Una falta de respeto para los que estábamos en el tendido, observando cómo se convirtió en pachanga lo que debe ser una fiesta llena de respeto simbolismo, pasión y verdad. Y como no, si el Rey, el Toro Bravo, fue derrocado y sustituido por novillos engordados. Gritos de “Suerte Becerrista” en la “barra brava” de sol, cayeron sobre los tres espadas.

El Juez de Plaza regresó uno, cuando ya de plano, hasta los que no sabían mucho del tema, se sintieron engañados por las dimensiones y hechuras de lo que salió por toriles. El animal tuvo a bien despitorrarse en un burladero, cosa que aceleró su proceso de cambio, cosa que no mejoró mucho la situación.

No hubo premios. Pablo Hermoso “rescató” la tarde con dos faenas bien construidas, desafortunadamente descordó a su primero y falló tres veces con el rejón de muerte en el segundo, perdiendo la oportunidad de tocar pelo en tierras regias.

Juan Pablo se esforzó y trato de sacarle agua a las piedras arrimándose, incluso fue levantado en una ocasión trasteo derrote del astado. Silencio en  de su lote.

“El Cuate” dio la nota. Silencio en el primero y salida al tercio en el segundo. Hasta ahí todo dentro de lo razonablemente justo.

Luego, un grupo localista empezó a pedir la vuelta al ruedo fuera de lugar, se unió la mayoría de indocumentados y Espinosa, aprovechando la ocasión, salió con desfachatez a recibir aplausos inmerecidos. No solo eso, sino que además dio muestras de habilidades cómicas poco desarrolladas, poniéndose sombreros de manera jocosa (según él) bebiendo de las botas y lanzando besos y guiños a las “admiradoras” en una actitud socarrona y de muy poca vergüenza torera. No me imagino en mis más salvajes sueños ver a Cayetano o a “El Juli” cobrando cuando la frente no se perló de sudor. La coba hizo su aparición que es la kriptonita de los matadores.

Esta corrida si tuvo desperdicio. Se desperdició una tarde importante, un ruedo respetable y a una afición que a cuarenta y dos grados de temperatura estuvo ahí para disfrutar de “la más bella de las fiestas” y le dieron gato por liebre.

Se despreció una buena oportunidad de crear afición nueva, de motivar a volver a los que se han alejado y de empujar hacia adelante a los que estamos queriendo aprender más acerca de la tauromaquia. Despreció, sin duda, de la buena oportunidad que representa hacer negocio, pues en la plaza, tras el segundo, fue imposible encontrar siquiera una botella con agua o un refresco en las hieleras. Solo cerveza y racionada por los “carteros” que atendían a los “aficionados”

El daño que se hizo a la afición regiomontana no se verá hasta el próximo festejo.A muchos, el amor al toro les hará regresar pero a la mayoría le va a doler mucho invertir mil quinientos pesos por una barrera de sombra para ver lo que vimos esta tarde. El Juez de Plaza es responsable del desperdicio también al aceptar este tipo de encierros.

Como aficionado prefiero que se cancele la corrida y se posponga o no se de y se vean la cara a la gente de ese modo tan patético. Y es que con el toro no se sabe, los encierros no tienen predicción, pero por las vísperas se conocen los tiempos y en este caso, las vísperas fueron opacadas por nubarrones de tan solo cuatrocientos treinta kilogramos.

Por el bien de la fiesta, ojalá y se eviten este tipo de situaciones. Por respeto al aficionado, al matador y sobre todo a su majestad, el Toro, no desperdiciemos más.

RESUMEN DEL FESTEJO

Monterrey, N.L. Plaza de Toros Monumental Lorenzo Garza- Corrida extraordinaria. Domingo 27 de Marzo. Tres cuartos de entrada en tarde muy calurosa. Dos toros de Fernando de la Mora para  rejones, dos de Cuco Peña y dos de Teófilo Gómez, de decepcionante presencia desigual y sumamente anovillada; protestados por chicos. Pesos: 466, 530, 465, 448, 438, 432 y 442 kilos.

El Rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza (Silencio y ovación) Alberto Espinoza (verde y oro): Ovación y vuelta. Juan Pablo Sánchez (grana y oro) Palmas en su lote.

Twitter @aurelianocacia