El Abrigo Delator. Tercera de San Isidro.

 

Fernando Robleño remata su saludo al segundo.
Robleño en la Rebolera.

Por: “Puntillero”

Tercer trancazo isidril, el público a favor de los toros. No nos quejemos que eso ya lo sabemos. Viste de gris la capa del toro, tipo de antaño y lidia de antes. Miedo en la plaza y en las cuadrillas ante una corrida que levanta quejas y suspiros.

Seis toros de José Escolar marcaron el color de la tarde. Poca emoción estética y mucha sensación trágica. Claro, estamos en Madrid y lógicamente hay que adaptarse, flexibilizar, adecuarse al genio de la Plaza.

La cátedra madrileña es tan cambiante como el encierro de hoy. Comienza bien, como el primero y el segundo pero luego su zumbido y sus palmeos cambian como lo hicieron en banderillas los astados nombrados para dejar la corrida así. Pero es Madrid, ese es su toro y no nos quejemos “Seamos como las montañas…” Cosa que ciertos comentadores, mexicanos también, no comprenden.

El paseo recuerda a las víctimas de Lorca. Brinda “Rafaelillo” a sus paisanos (murcianos) en desgracia con la esperanza que el toro mantenga o rompa, como es también la bravura, en la muleta. Pena que le tratan tan mal en varas y a la brega. Al comienzo a punto está de entablerar al murciano que parece no tener las ideas claras, cosa rara. Rotura de casaquilla y de ilusión al ver al público que lo encumbró hace un año tratarlo duramente.

El cuarto, más cercano a un toro mexicano fuera de tipo, tiene más tipo de alacrán que de toro de lidia. Puso todo a la contra y Rafael Rubio que no haya nada claro se va entre la discusión general y solo es digno de reseñar el gran quite a un banderillero de Robleño en el segundo de la tarde.

A ese segundo, Robleño le torea de capa saludando con gusto y hacia el frente hasta dejar soberbia rebolera más allá de las rayas. Parece mejorar la situación pero conforme pasa su lidia, el de Escolar se para, se frena y sale con la cara por las nubes. Fernando está digno pero el golletazo perpendicular que alcanza la paletilla derecha del toro emborrona todo.

Más capas grises que tienen avidez y listeza en la mirada. No hay que vacilar, hay que machetear, mostrarse poderoso que no hay como torear largo y por abajo. Nuestra concepción moderna así lo exige, la condición dura de las pezuñas del encierro no y por eso resulta penoso que la diligente actuación de Robleño no se aprecie por la multitud. Aplauden al toro y ello delata del público la condición, gusta el escándalo no obstante exista poco fondo. Y aún menos reflexión

Alberto Aguilar de novillero no lidiaba con la frecuencia como hace ahora de matador, estos encierros. Ha ganado en oficio pero hoy ha sido verdaderamente imposible. Claro, si entendemos que a cada toro hay que otorgarle la lidia que requiere, quizá nuestra decepción hoy sería mucho menor. Solo hubo un pase de pecho con la zurda de cartel. Aplausos –habrá que fundar y motivar las resoluciones- en el arrastre toro. Contrario a lo que se cree al ver el cuarto, para mí el toro aleonado era el sexto, con las puntas al frente, Aguilar lo intentó pero fue imposible.

Nuestro concepto de torear, lo dijimos el domingo tras la corrida de Miura en Sevilla, no puede ser el de la cerrazón. El toreo es multidimensión. Y a los toros de antes se les lidia a tal usanza. Y se les mira también así. La capa cárdena que abrigó al encierro, sus hechuras diversas, advertían de un probable y posible “desastre” No hubo tal.

Lo que sí, es que tenemos una concepción moderna del toro, el que se deja o se presta. Lo de hoy sin ser el eje rector pone a prueba el poder y la destreza de los toreros. Sin embargo, de la flojedad y sosería a la dureza y el genio, se puede tener el mismo resultado la aburrición. A no ser que los aficionados también comencemos a otorgar a cada corrida el trato que requiere.

Twitter: @CaballoNegroII

Madrid. Monumental de Las Ventas. Tercera de San Isidro. Casi lleno. 6 toros de José Escolar, 6. Serios, desiguales peligrosos y de escaso juego en conjunto. El primero, exigente y encastado, de mayores opciones; el segundo manso, tercero, cuarto y quinto, peligrosos; y deslucido y descastado el sexto. 

Rafael Rubio “Rafaelillo” (Obispo y oro) Pitos y pitos; Fernando Robleño (Grana y oro) Palmas y palmas;  Alberto Aguilar (Silencio en ambos) Al término del paseíllo se ha guardado un minuto de silencio en memoria de las víctimas del terremoto de Lorca.

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