La Cruz y la Cuna – Nicolás Gutiérrez, Rabo en Arroyo.

Al Límite. Gutiérrez borda en el derechazo a "Lugareño".

Arroyo presenta, emergente, festivales en busca del hallazgo extraordinario. Lo interesante es que lo consigue porque de cada festejo ha obtenido un triunfador. Esta ocasión, todo de charro “hasta los pies vestido” un joven hidrocálido corta los máximos trofeos de un importantísimo ejemplar del hierro de Autrique.

Por: Luis Eduardo Maya Lora.

Serio y con cabeza es el encierro de cuatro “erales” que se lidia el sábado en Tlalpan. Digo erales por decir cualquier cosa pues al menos tres son ejemplares de muy respetables astas.

Ante ello se enfrentan cuatro aspirantes y quedan en el aire aquellas letrillas: “Termina ya, Carpintero//Mira que es muy tarde, hay muy poca luz.//No sea que en lugar de una cuna te salga una cruz.” Las firma uno de los grandes amigos de la familia Arroyo.

Y el verso carrasquista, ante tanta ilusión formativa que se juega la vida en temprana luz, alienta a tomar con seriedad el emergente festejo. Más por lo que sale por toriles en Tlalpan.

Al arrastre del tercer novillo, duro y áspero cárdeno claro que pone en predicamentos a un joven como Emilio Macías de Huamantla que traga y que se esfuerza con él en momentos valiosos con la izquierda, el Mariachi de la casa remata con lucimiento “Las Bodas de Luis Alonso”. Las ovaciones se desgranan.

Lo mismo para el Mariachi y momentos antes para Genaro Hernández “El General”, denostado por marrar varias veces con la puntilla en los dos primeros erales, pero que hace rugir el pequeño coso taurino al apuntillar formidablemente en plenos medios, al borde de la mofa popular, y delante de la armada cabeza del astado. A un tiempo, al momento mismo de estar cerca del novillo, de derecha a izquierda, Hernández hace descender el cachete para acabar con el manso y salir torerísimamente, con discreción, de la suerte. Cuando los toreros buenos tienen que arreglar algo lo arreglan. Bien Genaro.

Voluntad trae Pepe Miramontes, increíblemente apodado “Lagartijo”, de Jalisco. Enfrenta un novillo castaño, casi girón, cabeceante y con poder que abre plaza. Solo alcanza a matar formidablemente pese a que se lleva algún rasguño en su muslo izquierdo. O triunfo o cornada. Miramontes desprecia la posibilidad ensangrentada y se vuelca en la suerte contraria. Monumento al acero que en todo lo alto acaba con el castaño.

Rubio y con toda la ilusión sale Carlos Ortiz, de Morelia. Quiere bajar las manos en el recibo pero al adelantar el novillo, áspero de salida y exigente con las telas, lo manda al suelo con un tremendo azotón. Todo controlado por la cuadrilla médica. En el ruedo el novillo se erige en Rey. Derrumba y se

Ortiz embarca al segundo. Cortó una oreja.

crece pese al doble castigo con puyazo contrario incluido.

Ortiz, maltrecho pero con el ánimo por las nubes, se encuentra con un bravo ejemplar que exige mucho valor y ser toreado largo y por abajo con mucho mando. El joven moreliano lo intenta, de pronto lo consigue. Tiene tipo y camina torero. Pena que la mano esté demasiado pegada al cuerpo. El novillo se va quedando corto y previo desarme, entra a matar. Cobra buena estocada y, aunque benévola, la primera oreja es suya.

La clave en una ganadería es buscar la bravura siempre por encima de todo. Lo accesorio, la nobleza, la suavidad y demás calificativos solo pueden darse si les sostiene la punción de vida y muerte que es la brava condición del toro.

En esa búsqueda pueden ocurrir valles como lo del castaño primero y lo del tercero. Que saben que hay detrás.

El primero se ve peor con Miramontes tan merced. Macías tapa al cárdeno tercero, corto de cuello y cornicorto. Nótese que el tlaxcalteca apunta a buscar poderle al toro no obstante su bisoñez. El segundo, negro y fino de astas, blanquísimas en su origen y oscuras como bilbaína endrina en su astifino final, es tan solo el preludio que tiene un capítulo aún mejor en el tipo del cuarto de la tarde.

Precioso negro zaíno, lustro de pelo con el lomo recto y el rabo al piso. Alto, largo y bien armado, bragado meano y también, como su hermano el segundo, astifino. Cepa blanca y punta negra denotan igualmente su origen. De fijeza espléndida y notable bravura ante el montado que pica bien dos veces. Se llama “Lugareño”, nombre histórico en esta vacada. De buen recuerdo para los aficionados.

Dicen que en Arroyo casi todo el terreno es del toro. A Nicolás Gutiérrez ello le tiene sin el menor cuidado. Pleno a la verónica remata con arte en los medios. Por supuesto, “Lugareño” empuja y Gutiérrez le quita por tafalleras exponiendo en todo en el lance de espaldas. La astifina tragedia roza los vuelos del capote con el que emociona al rematar el quite. “Lugareño” aprieta en banderillas siendo el único novillo que toma los tres pares.

En mexicanísima escena, el marrón claro del traje de charro pleno de brillo y fulgor, se observa el inicio por alto. El mismo cariz realza la largueza de los derechazos que emocionan y embarcan la embestida del astado y el embeleso del olé largo y sentido del público. La gran faena nace del

Derechazo de Gutiérrez a «Lugareño».

pase largo y la media altura correcta.

Tras la friolera de los derechazos, el cambio de mano por la espalda es consecuencia de la embriaguez que necesita el desahogo del pase de pecho. Sin embargo, el hidrocálido se queda en el sitio y obliga por el lado izquierdo. Aún en el mismo lugar, más que aliviar, Gutiérrez remata arriba con la placidez de una consolación. Momento grande.

La cosa va a más, con variedad en el inicio de la tanda y el derechazo en desbordante creciente revienta por el sobre trazo del muletazo. Es decir, Nicolás embarca a “Lugareño” y a la mitad la cintura juega maravillas y su brazo amplía el muletazo magníficamente. La plaza rompe al fin y con ella la mano derecha lleva al límite al bravo novillo.

Intenta, necesariamente, con la zurda pero el acople no es el mismo. Sin dejar tiempo a nada Gutiérrez opta por torear por el lado izquierdo a la manera de Dos Santos, la dosantina demuestra su mental y torera ligereza, el circular con el cambio de mano incluido a la manera de “El Ranchero”, en la más adecuada referencia, su sentido creativo. Cambio de mano por bajo y arrebatado desplante. La “Antonio Velázquez” vive la “apasionada entrega”. A plenitud.

Hasta entonces el novillo abre el hocico. Gutierrez lo pasa por la espalda dos veces, le brinda aire en las manoletinas y tarda en igualarle. Un tanto sesgado en el tercio frente a la puerta del Servicio Médico, Nicolás apunta su salida a los medios y arranca para sepultar el acero y ser terriblemente volteado. Vuelve su condición ligera y jovial a salvarle del desaguisado.

Juega la partida, de ella resulta que “El pájaro está en Durango//El chanate en la otra vida”. A cara o cruz. A Nicolás Gutiérrez le ha quedado claro.

Vuelta atinada al novillo. Rabo justo, no en la mesura de lo estricto sino en el aliento de la novel torería. Pegas podríamos poner pero más vale el disfrute de la entrega y la predisposición al arte. No me explico cómo no salió en hombros. Ahora resulta que si no hay costaleros nadie baja. Cosa reprobable.

Ha atinado Luis Autrique. Recuerdo una tienta de machos. Ejemplares fuertes, duros de pezuña y grandes de edad. También una tienta con cornada incluida a un Matador de toros. La bravura es el camino y el de la seriedad también. Si tan solo lidiáramos en cada nivel de la fiesta un toro como el que vimos el sábado, la cosa y el nivel serían mejores de cada torero.

No importa que la cuna acabe como dice Benítez Carrasco, ante la poca luz, resultando cruz. El toreo es eso, una suerte de derroche de formas de hondura y sobre todo de vida. Aunque se sea todavía aspirante a ejercer el oficio.

Twitter: @CaballoNegroII. Foto: @ColorJay

Plaza Antonio Velázquez – Arroyo. Sábado 21 de Agosto de 2011. Cuarto festival de aspirantes a novilleros. Menos de media plaza.

4 novillos, 4 de Autrique (Divisa verde pino, vino y tabaco) Serios y disparejos primero y tercero. Parejos segundo y cuarto. Difíciles primero y tercero, bravos segundo y cuarto. Este último “Lugareño” fue justamente homenajeado con la vuelta al ruedo. No se anunciaron pesos. 

Los aspirantes: Paco Miramontes «Lagartijo»: Vuelta. Carlos Ortiz: Oreja. Emilio Macías: Ovación. Nicolás Gutiérrez: Dos orejas y rabo. Al final del festejo, Gutiérrez dio la vuelta al ruedo en compañía del ganadero, Luis Autrique. El puntillero Genaro Hernández “El General” fue fuertemente ovacionado tras apuntillar al tercero.

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