Radar Taurino – Aste Nagusia de Morante. Estados del Toro y Estado del Arte.

El Origen de toda cosa. Morante se dobla con «Cacareo» en Bilbao.

El faenón de Bilbao cerró Agosto. Con él llegó la redención de los devotos y el remordimiento de los paganos. A un mes de que concluir la Temporada española 2011, Morante de la Puebla en la Semana Grande bilbaína añadió su nombre al de los autores de las grandes faenas acaecidas este año. Y quizá sea ésta, al final, la medida que usemos para valorar las demás.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Serio de cara y serio por delante saltó el cuarto toro de Nuñez del Cuvillo en Bilbao.

Su extraño nombre, hoy celebre, fue “Cacareo”. Alguien me dijo que más que castaño era barroso, que era zapatón, además de calcetero de las patas -traseras. Yo coincido. En algún momento, cosas raras de aficionado mexicano, me recordó a “Don Palillo” el famoso Barralva, igual o más serio incluso, lidiado en La México en 2006.

Pocos identifican, lo hace un buen aficionado de Iztacalco, morantista claro está, tres de los estados de los toros en el ruedo una vez salidos del toril. Veamos.

Cuando los toros saltan a la arena “no saben embestir”. Salen sin estar fijos en los engaños y con su cabeza casi siempre arriba. Este status del toro identifiquémoslo como “levantado”. En el caso, “Cacareo” anduvo siempre suelto sin detener su tranco ni atender los capotes en clara actitud mansa. A todo esto agreguemos que a Vista Alegre molestó su flojedad inicial.

Dos puyazos dentro de un desordenado tercio de varas. El primero traserísimo y, tras el segundo, que tomó en la querencia levantando al caballo, se encontró con el capote de Morante que le bregó perfecto alternando y logrando

Largo y poderoso derechazo.

por fin hacerle embestir por bajo repetidamente. Había esperanza.

Le sujetó por un momento, incluso sobre las rayas le hizo enganchar el capote para que repitiera. Pero “Cacareo” no paró y se escurrió. Tanto que cambiado el tercio fue por tercera vez al caballo sin clase, saliendo otra vez suelto. Hasta previo a banderillearle el barroso ejemplar no ha pasado por entero al segundo de los estados.

Tercio de banderillas breve. “Lili” padece arreones a la brega con el astado que no detiene su inagotable caminar, que abre el hocico y, que a la salida de Cuesta y Araujo de los alternados pares, aprieta hacía los tableros.

Estrellón y vuelta contraria anteceden su encuentro con la muleta de Morante.

Aire. Intermedio breve solicito para recordar un toro hoy casi olvidado.

Se llamó “Miguelito” y fue de la tamaulipeca ganadería de Los Ébanos. Un negro finísimo que bien pasaba los cuatro y medio años. Se lidió un 6 de enero hace casi cuatro Temporadas en la Plaza México. Casualmente de salida, tras rotundo inicio de Morante a la verónica, comenzó a corretear.

Su pelea en varas fue con poder pero sin entrega y devaneó por todo el anillo, incluso había dado una vuelta y media antes de volver a la muleta. Entonces, el poder del sevillano sometió rodilla en tierra con la mano derecha llevando al de “Los Ébanos” de la Puerta de Caballos hasta los mismos medios de la Plaza México en descarga absoluta de arte y poderío.

Tras los doblones, giró invertido el torero envuelto el toro en la muleta pleno de fulgores estelares y vislumbrando “auroras de azabache”. Rematado, “Miguelito” quedó detenido en los medios, presto a ser muleteado en redondo y por abajo. Morante me diría después aquella ocasión: “El inicio de faena fue fundamental, el toro tenía poder pero era muy reservón, demasiado reservado para él.”

Retomemos. Antes de citar, mandar, templar e incluso ligar, primero es parar. A “Cacareo” había que poderle, sí, pero antes había que pararle, pasarle al segundo de los estados: toro parado.

A éste, había que poderle además, difícil cosa, sin dejar lugar a que desistiera del engaño o acudiera a la tentación de rajarse. Un tanto tapado comenzó Morante con la muleta en la izquierda y ayudándose. Genuflexo alivió y castigó a la vez para romper avanzando hacía delante con personalísima manera y llevar a los medios bajo la inaudita protesta.

En el centro de la Plaza, tras girar la muñeca y someter el rebrincar del toro siempre hacía el frente, tomó el sevillano la decisión de volver más allá de la segunda raya y citar natural con la derecha. Al fin, parado el toro, comienza el progresivo mando del torero.

Para la primera tanda con la derecha “Cacareo” está descolgado al embestir pero hay una expresa protesta al final de cada pase que amenaza la síntesis y la buena realización del muletazo. Ésto para Morante no significó otra cosa más que la necesidad de orientar los derechazos lo más largos posible a compás abierto, con la mano al vuelo, casi aéreo, que hizo fluir el torrente de la embestida lo suficientemente abajo para someter pero lo suficientemente arriba para no agobiarle.

Así, las dos tandas iniciales han sido magníficas.

La sutil e instantánea administración de la embestida de un toro que a pesar de su movilidad hay momentos en que pretende, sobre la línea, desatender el trapo rojo, dejan en intento los trazos con la zurda. De regreso a la diestra, con amplitud y apostura, entrelaza molinete de inicio, cambio de mano final y, claro, la pincelada del molinete con la izquierda y el de la firma después.

Cosa importante, otorga aire entre tandas.

Todo esto, lo accesorio y lo fundamental, levantado sobre la callada columna del inconmensurable valor. Todo, magnífico,

El cúlmen, Morante con la izquierda.

conjuntado e integral, no quedándose en «los detalles» como se ha querido mencionar sin tino alguno. Morante, taurinamente en el borde de la sublimación de la imposibilidad, arriba a la misma la muleta ahora sí, plenamente, con la izquierda.

Ahí citó contrario y hacía afuera con la derecha sin que “Cacareo” acudiera.

El de La Puebla se fue al terreno cambiado y entonces arrancó el cuvillo para que viniera verticalísimo el cambio de mano que derivó en un perfecto natural a media altura. Difícil el pitón izquierdo por la protesta y el calamocheo expreso, amenazantes de echar abajo la ilusión.

Lo fácil era volver a la diestra mano. Afortunadamente con el estaquillador tomado al centro y en perfecta horizontal a los ojos de perdiz, trazó el primero de tres naturales perfectos, largos y decantados a la yema de los dedos con la muñeca en lujo y en juego, el tercero a media altura, columna erguida y empaque único.

Salió adelante para entonces, contrario, abrochar con armónico y magnífico pase de pecho. Esos tres naturales, con la Plaza en corazón desenfrenado, fueron la base de la segunda oreja. Y para mí, el momento cumbre de la Faena.

Nuevo aire otorgó a “Cacareo” cuando volvió sobre la derecha, consecuencia necesaria del esfuerzo de torear al natural y de la aplicación de la llave de oro en el torero, el temple esa enceladora atracción que en el toro surge cuando, si tiene fondo bueno, se le torea, es decir, sin que alcance las telas, cuando se incita a más, tanto al toro como a la afición.

Para fortuna nuestra hay nuevos derechazos de compás admirable y amplia majestad, con un cambio de mano por delante pleno de “morantería”, es decir genialidad. Torear así siempre encela, quizá más de lo que creemos.

Por eso cambiada la espada llegó la última de las cuelgas, los frutos para conservar eternamente en un altar: la vitolina y el maravilloso cambo de mano a la izquierda que inauguran la tanda y que entregan el ramillete de tres naturales gloriosos con el toro en paso físicamente in diminuendo y con Morante en absoluto derroche de claridad e inspiración. Justo cuando “Cacareo” amagó con quedarse cortó llegó el invertido, dos pasos torerísimos al frente y el de pecho más allá de las rayas que reventó el palpitar bilbaíno. Frenesí absoluto.

Esto último lógicamente se dió hacía los medios. Ya apuntamos que Morante había decidió estar sobre las rayas, por elló evadió el garlito de otorgar llevar los medios para regresar al tercio ayudando la embestida hacía arriba y a compás abierto, en baño de torería con el remate abajo tan maravilloso como correcto y nefasto el aviso presidencial.

Cerremos. El último estado del toro en el ruedo es “amorcillado”, tal situación no vimos.

Afortunadamente la estocada, clasicamente al volapié y en la suerte natural, fue tan despacio y tan perfecta que bastó que, otra vez, se diera aire al toro para que entregara la vida. De banderillas en adelante los peones no existieron, como debe ser. Aquí menos.

Ahogado en la muerte encontró la cama de ceniza donde Morante le rindió tributo con una palmada. Código entre guerreros.

Todo lo anteriormente manifestado y apuntado, no puede conseguirse sin valor, sin la comprensión de que la lidia es una secuencia lógica de movimientos, que cada momento es consecuencia de uno anterior, de que la causa de la causa es causa de lo causado y de que Morante es hoy la

Morante al volapié perfecto en la suerte natural.

máxima expresión en arte del toreo, Lo es por inteligente o valeroso, por técnico o estético, por artista o poderoso. Por ser único e inigualable.

Cierto que el toro pegó las famosas 120 embestidas que hacen a muchos centrar la bravura en la movilidad y en la cantidad de veces que acude el toro al engaño. Habría que apostillar y atender más bien cómo acude a éstos y cuales son las reacciones que tiene, no en uno de los tercios, sino conjuntamente en su lidia.

“Cacareo” has sido un toro manso de inicio pero que tuvo un fondo bravo, a pesar de su estilo incierto. Tendió a desentenderse de la muleta y, ante él, a cualquier “artista de pellizco”, “de detalles”, “de vena”, como dicen los amos del cliché, seguramente habría desbordado.

Para torear se necesita valor y cabeza. Cosa al alcance de muy pocos, incluso de aún menos críticos.

Afortunadamente hay toros así, que lo venden caro y de ello nos tenemos que congratular. «La talla, el mérito, la gloria del triunfo se mide por la magnitud del rival.» Morante enfrentó en Bilbao aun tremendo sinodal.

Hay otra razón más para congratularnos. Morante estuvo clásico y siempre natural. Una sola concesión no vimos para nuestra fortuna, ni una sola «enredadina» o contirsiones de mal gusto. El toreo que pasa por la bragueta y por el corazón es siempre el que vale más. Morante es de arte y también de bragueta.

Y cuando todo esto ocurre en Bilbao…

Recuerdo lo que Morante decía en 2006, por ahí de Julio: “Hay una fecha que me hace me hace mucha ilusión que es en Bilbao. Ojalá pueda encontrarme a gusto ahí con un toro… Me gustan sus formas, su seriedad. Un toro serio, pero un público cariñoso y entendido. Y la arena negra le da un sabor especial, es serio… Que estamos en Bilbao y todo mundo por las trancas.”

Va ser difícil saber cuál será la faena del año. En un año en que hay tantas. Más porque el estado de la Fiesta es siempre el estado del Arte.

Ese en el que Morante de la Puebla impera como nadie.

Twitter: @RadarTaurino; @CaballoNegroII.

4 Comentarios »

  1. Maravilloso, magistral, enriquecedor… Gracias por este análisis de la histórica faena. En ningún medio encontré, tan bien contado, lo sucedido en Vista Alegre. Cierto es que no era fácil. Pero ahí está la magia de la pluma… y el talento! Junto a todas las crónicas de aquel día guardaré también esta entrada. Enhorabuena y gracias.

Deja un comentario