Adiós Maestro: Antonio Chenel Antoñete falleció hoy a los 79 años

La rúbrica final de su carrera llegó el 1 de julio de 2001 en Burgos. Allí se acabó el torear y el fumar.

De SOL y SOMBRA

“’Todos los toreros morimos soñando que vamos a volver a torear, porque nos llevamos a la tumba la faena perfecta’. Antoñete

El diestro Antonio Chenel Albadalejo, Antoñete ha fallecido hoy en una clínica madrileña, donde ingresó ayer aquejado de una bronconeumonía, han informado a EFE fuentes familiares.

Torero de exquisita clase, pero sobre todo de una extraordinaria técnica. Un virtuoso, ya que solamente con el conocimiento que él tenía de los terrenos y las distancias, y de los propios astados, se podía triunfar a su edad, con más de cincuenta años, y nada menos que en Madrid. Fue así como Antoñete acertó a sacar el máximo provecho de los toros con el mínimo esfuerzo.

Tenía 49 años cuando, después de muchos devaneos en la profesión sin haber logrado un sitio prominente hasta el punto de haber estado incluso retirado por un tiempo, el 7 de junio de 1985, en Las Ventas, cuajó el toro «Cantinero» de Garzón, con el que iba a iniciar un despegue que ya iba a ser definitivo para alcanzar el estrellato.

Con Antoñete desaparece una enciclopedia taurina, en la que figuran algunas de las más bellas páginas de un artista inconoclasta, heterodoxo y clásico, contradictorio y fiel a un tiempo a sus circunstancias, reconocido y venerado por los amantes más exigentes de la tauromaquia.

Ha quedado para la historia aquella faena a ‘Atrevido’, el toro ensabanao de Osborne, con el que se fundió en una sinfonía derrochadora de arte aquel inolvidable 15 de mayo de 1966 en la plaza de las Ventas. Pero Antoñete ha sido más, mucho más, y ha regado con su técnica torera los ruedos de España y América, en los que, tras decaídas emocionales, olvidos empresariales, retiradas por ausencia de contratos y vueltas por necesidad económica, ha fraguado una larga e inmensa biografía taurina de la que quedan destellos artísticos inolvidables, recuerdos imperecederos y, siempre, siempre, la solemnidad de un torero de los pies a la cabeza.

Huesos frágiles y escasa capacidad pulmonar fueron los hándicap que más influyeron en su delicada salud. Sin embargo, no hubo situación en el ruedo imposible para él, venciendo todas las dificultades con sorprendente capacidad para pensar y resolver en el mínimo tiempo en la cara del toro.

Ahora volverá a su casa, a la plaza de las Ventas, donde la afición, agradecida y emocionada, le rendirá el honor que merecen los artistas heroicos; y allí, el ruedo y las paredes quedarán impregnados del espíritu de una figura excepcional; del viejo torero sorprendente, callado y silencioso, de pocas y contundentes sentencias, entronizado ya en los altares de la tauromaquia.

Se fue toda una época del toreo. Descanse en paz el genio, el amigo y el padre. Descanse en paz EL MAESTRO CHENEL.

Twitter: @Twittaurino

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