Al Maestro Antoñete…


Con la muerte del Maestro Chenel recordamos una entrevista que publicamos hace más de un año, el 17 de Agosto del 2010 en De SOL y SOMBRA, donde el Maestro hablaba de su única y auténtica pasión, el toro de lidia, así como de sus inicios, sus añoranzas, sus inquietudes, sus preferencias, y de cómo es un día cualquiera una vez retirado definitivamente de los ruedos.

Por Miguel Angel Mazzantini

Han pasado cuarenta y cuatro años desde que el maestro Antonio Chenel “Antoñete”, madrileño hasta las trancas, y torero de Madrid por antonomasia, dictase en “su casa”, la plaza de Las Ventas del Espíritu Santo, una de sus majestuosas lecciones de tauromaquia. Y han sido esas majestuosas lecciones de tauromaquia las que han propiciado con el paso del tiempo, que el maestro del mechón blanco haya sido  considerado de manera unánime, y sin ningún género de dudas, tanto por sus compañeros de profesión, como por excelsos taurómacos, y aficionados en general…como maestro de maestros. Aquél 15 de mayo de 1966, festividad del santo patrón madrileño, San Isidro, Antonio Chenel “Antoñete” le ofreció al público de Madrid un auténtico recital de cómo se debe de ejecutar el toreo de verdad, el toreo por derecho, impregnando al unísono el coso venteño de una auténtica catarata de pureza, temple, ligazón, hondura, técnica, empaque y torería, difícil de igualar.

Pero si aquél 15 de mayo de 1966 el maestro Chenel le explicó, tanto al público que abarrotaba Las Ventas, como al que lo vio por la pequeña pantalla, ya que la corrida fue televisada por TVE, cómo es el toreo con mayúsculas, no es menos cierto que ese día el maestro Chenel contó con la inestimable colaboración del segundo toro de su lote, “Atrevido”. Así se llamaba aquél bello animal de Osborne, marcado con el nº 57, ensabanado de capa para los entendidos, y al que los más bisoños a la hora de definir las distintas capas y pelajes de los toros de lidia pasaron a denominar desde el mismo día que fue expuesto en la Venta del Batán, como “el toro blanco”.

Ya en la plaza, nada más al aparecer por la puerta de chiqueros, el “toro blanco” hizo honor a la expectación que había suscitado su preciosa lámina en el sorteo. No obstante, la salida por chiqueros no fue precisamente de las que más les gusta a los toreros, ya que salió olisqueando el ruedo, pegando arreones, y sin prestar mucha atención a los capotes. Pero no todo iba a ser negativo, ya que a la salida del primer puyazo, el maestro Chenel le pegó tres lances a la verónica por el pitón derecho, rematadas con una media de la firma, siendo a partir de ese momento cuando el maestro Chenel se percató de que el toro había cambiado, y que había cambiado…a mejor, y que aquello podía ser el preámbulo de lo que aún estaba por llegar.

Y lo que se intuía que estaba por llegar, llegó, y de qué manera llegó. Desde el mismo momento en que el maestro Chenel cogió el estoque y la muleta para iniciar el último tercio…el coso venteño era un auténtico runrún, pues aquello olía a faena grande. Y vaya si lo fue. Ya desde el inicio, la faena fue un auténtico magisterio, con muletazos por bajo flexionando la rodilla de manera poderosa y torera. Y a partir de ahí…comenzó a fluir de la cabeza y las muñecas del maestro, de su extraordinario sentido de las distancias, y de su innato conocimiento de los terrenos, un extraordinario recital de lo que es el auténtico catón del toreo, es decir…parar, templar, mandar…y cargar. Huelga decir que dicho recital ha quedado grabado a sangre y fuego en la memoria de los que tuvieron la suerte de presenciar semejante obra de arte y que ayudaron a escribir esta crónica y lograr la entrevista con el maestro.

Dice el sabio refranero español…”que de bien nacidos es ser agradecidos”, y en eso estamos. Al cumplirse el cuarenta aniversario de semejante “suceso”, nos hemos acercado el pasado mes de Julio hasta la finca del maestro Chenel, en Navalagamella, para rendirle un merecido y respetuoso homenaje. Y qué mejor homenaje que sea el propio maestro el que nos cuente cómo fue lo de aquella tarde ya mítica del 15 de mayo de 1966. Nos hemos sentado con el maestro Chenel en un rincón del salón de la casa, rodeados de trofeos, lienzos taurinos, fotos, trajes de luces, y las cabezas de algunos de los toros más importantes de su dilatada carrera, tales como Atrevido, Cantinero, Danzarín, Siestecita, etcétera, y hemos empezado a charlar de manera distendida de su única y auténtica pasión, el toro de lidia, así como de sus inicios, sus añoranzas, sus inquietudes, sus preferencias, y de cómo es un día cualquiera una vez retirado definitivamente:

Maestro… ¿cuándo se dio cuenta de que quería ser torero? Yo creo que con nueve años. Cuando llegué con mi familia a Madrid una vez finalizada la guerra civil, pues estábamos exiliados en un pueblecito de Alicante, y llegué a la plaza, vi la primera corrida, vi la plaza, la Monumental, que era tan grande y majestuosa…ahí creo que empezó mi afición por los toros. Por aquella época también me marcaron aquellas corridas con cuatro matadores…yo he visto alternar juntos a Manolete, Marcial, Domingo Ortega y El Estudiante…aquellos cartelazos, a Pepe Luis Vázquez…y ahí me entró, me entró, y hasta hoy.

Una vez retirado… ¿cómo es un día normal del maestro Chenel en el campo? Pues de lo más normal…echando de comer a los novillos, a las vacas, algún que otro paseo por la finca…Ahora en verano si, ahora en verano tengo trabajo en la TV, San Isidro sobre todo, y a partir de ahí, pues vemos alguna feria que otra, vamos a Bilbao…siempre viendo toros.

¿Echa en falta el vestirse de luces, maestro? Mucho, mucho…es mi vida, y bueno, el vestido de luces está ahí, y aunque no me lo pueda poner, yo creo que ya lo tengo puesto para toda la vida. El vestido de torear está ahí colgado…pero uno lo lleva puesto por dentro.

¿Volvería a ser torero, maestro? Sí, sí. No quiero que mi hijo sea torero de ninguna de las maneras, pero yo si volviera a nacer sería  torero, por supuesto.

¿Pero….y si su hijo decide tirar pa’ lante? Pues hombre, si decide tirar pa’ lante…intentaría quitarle la idea de la cabeza, pero si se pusiera muy burro, allá él, pero no, no me gustaría. Y no me gustaría porque, en esta profesión, le puedes inculcar que sepa torear, las buenas maneras, el conocimiento, le puedes inculcar que el valor tiene que salir de él, y todo lo que haga falta, pero si luego no tiene suerte, se acaba, y luego vienen los sufrimientos. Yo prefiero que haga cualquier cosa que le divierta, y que disfrute al máximo.

El próximo 15 de mayo se cumplieron 40 años de la faena a “Atrevido”…. ¿qué recuerda de aquella tarde,  maestro? Bueno pues…el caso es que me estuvieron mareando con el toro desde que llegó al Batán. Que si en el Batán, en la corrida mía de Osborne había un toro que era precioso, y no sabían como llamarle…que si era lucero, que si era calcetero, y alguien dijo…parece blanco, y a partir de ahí, pasó a denominarse como ”el toro blanco”.  Yo ya estaba atravesado con el toro, y me decía…¿a que me toca a mí la vaca lechera? Y así fue, en el sorteo me tocó el toro, y yo muy disgustado, porque claro, este parecía una vaca lechera, y el público estaba con el toro. Y salió como yo pensaba que saldría…olisqueando el ruedo, y me dije…”ya está…ahí está la vaca lechera…”. Lo cerraron un poco, y pegó una arrancada que casi me quita el capote, porque era violento y salió corriendo de un lado a otro. Ante semejante comportamiento solo cabía la esperanza de que el toro cambiara en el caballo. Le pegaron un puyazo en el seis, y cuando fui a sacarlo del caballo, lo saqué…y me cogió toda la bamba del capote, desplazándose de tal manera que me dije: “Ay…que este va a ser”….y le pegué tres lances y media verónica, que vinieron a confirmar, por la forma de meter la cara…que el toro era bueno. 

Vamos a soñar, maestro…de nuevo el Chenel con 34 años, sale “Atrevido”por chiqueros… ¿cambiaría algo de aquella faena? Cambiaría algunas cosas, y añadiría otras, claro está. Sí, cambiaría…depende de la situación. Yo creo que la situación mía no era la mejor, porque desde octubre del año anterior no había toreado nada, la primera del año y con ese toro, y en Madrid, un 15 de mayo, y claro pues…me eché la muleta a la izquierda muy rápido. Tenía que haber empezado la faena por el lado derecho, pero por las circunstancias, me dije: “aquí hay que arreglar las cosas, con la izquierda”. Porque el toro fue bueno, pero si tuvo un lado excelente fue el derecho. Pero en fin…vamos a dejarlo como está.       

¿Sigue soñando con la faena perfecta? La faena perfecta la llevo metida en la cabeza, pero jamás la he podido realizar. Pero es que ni toreando de salón te sale, porque como no te sientes, pues no te salen las cosas como tú quieres. Toreando de salón te salen algunas cositas, no todas. No es lo mismo torear de salón, donde puedes rectificar una y otra vez…que torear con el “barbas” rozándote la taleguilla…y dispuesto a mandarte al hule al más mínimo descuido.

¿Cómo ve a día de hoy la cabaña de bravo? Parece ser que se está sujetando algo más, que en años anteriores. Todo indica que los ganaderos están procurando buscar el motor, dar con la clave de los piensos, y un cúmulo de cosas, que bueno…parece que se sujetan más los toros, y embisten más. En Sevilla este año se han caído muchísimo menos los toros, y el año pasado en Madrid, igual. Lo cierto es que hay que buscar soluciones urgentes entre todos a este delicado asunto, porque si algo tengo claro es que, sin toro, no hay fiesta.

Le voy a poner en un compromiso maestro….¿Puerta del Príncipe de Sevilla o Puerta Grande de Madrid?Hombre, la cuestión es que al no haber salido nunca por la Puerta del Príncipe de Sevilla, está claro que para mí siempre será la Puerta Grande de Madrid la preferida. Bien es cierto que la inmensa mayoría de los toreros tienen en mente el salir por ambas, pero vamos, para mí….Madrid es Madrid. 

¿Cómo le gustaría que le recordasen como torero, maestro? Como un buen torero. Un buen torero que aportó su forma de torear, su forma de dar distancia a los toros, que aportó algo a la fiesta. Eso es lo que me gustaría, que la gente recordara que Antonio Chenel “Antoñete” se ha ido con la muleta a los medios, las distancias, en fin, todas esas cosas son las que me gustarían que quedaran en el recuerdo de los aficionados. 

Con esta última pregunta terminamos la charla con el maestro Chenel, al cual solo me queda por decirle…que Dios le bendiga, maestro, por haber sido el espejo donde mirarse de varias generaciones de toreros, y por habernos permitido a los aficionados disfrutar de su toreo. Y por cierto..! ojo…y que nadie se llame a engaños…Antonio Chenel “Antoñete” el maestro del “mechón blanco”, se ha retirado, sí, pero solo en lo que se refiere a la responsabilidad de vestirse de luces y ponerse en la cara del toro, porque desde luego, de sentirse torero, pensar en torero y hablar en torero, como diría un castizo…de retirado, na´.

Twitter: @Twittaurino

Una respuesta a “Al Maestro Antoñete…”

  1. Al maestro Antoñete

    Esta tarde la sombra esta que arde,
    esta tarde comulga el mas ateo,
    esta tarde Antoñete(dios lo guarde)
    desempolva la momia del toreo.

    Esta tade se plancha la muleta,
    esta tarde se guarda la distancia,
    esta tarde el mechon y la coleta
    importan porque tiene importancia.

    Esta tarde clarines rompehielos,
    esta tarde hacen puentes las tormentas,
    esta tarde se atrasan los mundiales.

    Esta tarde se mojan los pañuelos,
    esta tarde, en su patio de Las Ventas,
    descumple años Chenel por naturales.

    Joaquín Sabina