Radar Taurino – Toros, Crema, Vino y Queso.

"José María Luévano en la larga al bernaldo en La México"

Un gran manjar es el tercer tiempo de la primera mitad de la temporada grande. La primera cuarta parte del derecho de apartado se completará el próximo domingo en lo que se espera sea una tarde de planteamiento magnífico, en la noche más larga y más taurina del año. La Revolución nos trae el asueto y con él la eterna ilusión del Toreo.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Según alguna amiga francesa, que me consta ama México tanto como su esposo ama Francia, los quesos mexicanos saben a muy poco. No es para menos su aseveración.

Lo que entendemos por queso en México, la suavidad o la firmeza de su sabor, a los franceses simplemente les parece una categoría menor. No es para menos, en quesos, prefieren el toro grande. Y en vino es por el estilo. Aunque ahí la cosa implica sesudas discusiones que exceden la competencia por materia de este Radar.

Afortunadamente, porque de vino y queso están llenos los paladares de los aficionados taurinos. Casi a todos nos gusta el queso y, arrolladoramente, a la totalidad igualmente le fascina el vino, ¿Verdad? Habrá excepciones. Y precisamente, de excepción es el cartel del domingo en la Plaza México.

Allá de los que estén dispuestos en perderse no solo un cartel espléndido sino, taurinamente, los tres días más toreros, el sueño de todo taurino hecho realidad por los enredijos del calendario que darán la oportunidad de hablar de toros acabada la corrida sin pegas de las señoras o de los relojes que corren hacía la hora laboral. Decía ayer el Bardo de la Taurina: “Clave es que los aficionados hablen más y mejor de toros.”

De toros, exactamente. Por ello preocupa ver anunciado a Bernaldo de Quirós.

Esto que molesta a “los taurinos” de puro, barrera de sombra y de prosopopeya en el discurso, es una realidad que pone en jaque la ilusión de los aficionados y no porque toros no sean, sino porque el estigma de la nobleza y sus efectos contrarios pueda más que su bravura. La razón simple, además se complica porque la corrida de Francisco Javier Bernaldo de Quirós pesa demasiado tanto como el peso de la historia. Veamos.

Un triunfo para Bernaldo fue el triunfo de “El Juli” y Garibay en 20o1, la tarde de “Venadito”, más que triunfo taurino fue un triunfo de cara a la gestoría taurina y que le permitieron lidiar, un año después, una corrida en un cartel estrella. Urrutia, Ponce, “Juli” y Casasola, casi llenaron fuera del cinco de Febrero la Monumental. Ese encierro pesó una cantidad excesiva respecto del tipo del toro lidiado. Se le pasó la mano al ganadero, lo pagó la afición.

Un año más tarde, la ganadería hidalguense de hondas raíces queretanas, lidió la que considero ha sido su mejor corrida en la Capital por presencia y por juego. Esa corrida lidiada un último domingo de enero –para variar- atrajo la atención de todos los aficionados. Rafael Ortega cayó herido por el serio cárdeno claro que abrió a la salida del segundo tercio primero. Le arrancó la oreja en honrado gesto, toreándolo firme y despeñándolo de media. Hubo emoción porque el toro no fue fácil.

Federico Pizarro, en mal momento aquel, mató tres. El negro que mató por Ortega de nota. Intentó regalar uno más pero la autoridad lo negó atinadamente. Para que luego se compliquen en entender la facultad discrecional del regalo. Y la resurrección taurina fue la de José María Luévano. Primero ante “Comodín” el precioso cárdeno tercero tan reunido como gordo que magníficamente fue toreado por José María.

Aún el sorteado sexto, que salió en quinto sitio por el percance del primer espada, manso al principio acabó magnífico en la templadísima muleta de Luévano. Se llamó “Algodonero”, negro y de serias astas apenas tocadas del pitón izquierdo.

Además de tumbar, en la querencia cierto, recibió el último puyazo en tal terreno de Julio Sánchez “Brazofuerte”, célebre picador que se despediría el siguiente cinco de febrero. “Algodonero” se liberó de la cadena de la mansedumbre frente a la puerta de arrastre se fue pa´rriba embistiendo emocionadamente a la flámula roja. El resto es historia. Quien diría que justo en enero, siete años y una semana después sería el torero hidrocálido…

Aún en diciembre del mismo año, Jerónimo bordó el toreo a un octavo toro magnífico que también derrumbó y al que un cambio de terreno al tercio en la parte final de la muleta ahogó su creciente juego. Bernaldo de Quirós estaba entonces dentro de las predilectas. Gustaba a los gestores y toreros puesto que tenía un balance perfecto entre la suavidad y la dureza, no exento de calidad y sobre la base de la bravura.

Aún recuerdo el cinco de febrero de “Juli” y Trojano de Montecristo cuando un toro llamado “Llanero” que lidió Enrique Ponce, cárdeno plateado, casi cinqueño, ligero en carnes y muy serio por delante, volvió a mostrarnos que cuando “Nuestro Toro” exige hace sacar lo mejor de los toreros.

Pero la historia no paró ahí. Un año después, en Guadalajara, la fantasía de que fuera Sevilla la que por fin cantara en Jalisco, llegó de la mano de Morante de la Puebla y una historia envuelta en espuma de mar y plata con remates negros, llamada “Noche Blanca” de Bernaldo. Poco se ha escrito o analizado del faenón. Ya lo haremos.

De la bravura del primer lustro de la década, Bernaldo decantó marcadamente por la nobleza. Y por algo peor. El escándalo, la proclividad a “lo fácil” arribaron cuando en la misma Nuevo Progreso, delante de un lleno de excepción, impuso la regla del reclamo hacía José Tomás gracias a la escasa presencia y juego del encierro. De ahí que las últimas corridas, casualidad o causalidad según se vea, del ganadero y matador de toros en retiro sean vistas con la pesadez de inicio.

Recuerdo la alternativa y confirmación de Mario Aguilar, ambas corridas de las cuales fui testigo. Solo un toro, cárdeno claro, de Arturo Macías, “Destino” nombrado, atrajo la emoción, el resto fue la desesperante falta de fuerza, de raza y el sopor de vislumbrar la pérdida de la bruja de una ilusión ganadera.

Claro, en una época de cercanías y tremendismo, de tantos péndulos y dosantinas, el estilo del común denominador de los bernaldos, “se presta” a la preconcebida y circular fórmula. De ahí que de esto cuelgue el –no irónicamente- el destino del gran cartel del domingo.

Sí, puesto que las circulinas, enredadinas, invertiditas y demás azucaradas hierbas, valen y cuentan aun más cuando al toro se le ha pasado antes por el frente y adicionalmente, saben mejor cuando este es bravo y no se le juega en el cite contrario a modo de remedar su infidelidad, por manso, a los cites naturales. En esto los tres alternantes del domingo destacan maravillosamente.

Hay momentos en la tauromaquia, lo mismo que en la carrera de Sebastián Castella en que los toros que se alejan de la concepción de, por ejemplo, los bernaldos, le meten en problemas. Recuerdo aquel de Vistahermosa al que le costó mucho encontrar la distancia. O el Alcurrucén de este año en Madrid. Faenas en donde se tiene la sensación que debe de haber algo más.

Pero atención. El aire mexicano históricamente a Sebastián Castella, desde niño, le viene magnífico. Su estilo clásico y a la vez moderno, su cualidad más importante, el sobre temple que suele tener puede que den la clave ante un encierro al que le pueden pesar los kilos. Sin embargo, sabemos que le viene mejor el toro grande – no solo de tamaño- que la ductilidad y la fantasía. Basta comparar sus dos faenas en su primera tarde hace un año que, incluso, su faena a “Guadalupano” que al final de la Temporada quedó corta en las valoraciones.

Ahora justo cuando más necesita aire, al final del año más complicado de su carrera taurina, con once años de alternativa, llega a La México y con el peso de cargar el cartel de cara a un público siempre receptivo con él. Hoy más que nunca urge la gran tarde esa que por fin le coloque de cara a las grandes entradas y la bandeja mayor. Esperemos y aguardemos la mejor cara Castella que borrará dudas y estigmas.

Hace un año “El Payo” fue expuesto al gran jurado y ganó la decisión, ciertamente, dividida. Hoy en un, probable y conveniente, segundo plano, encuentre las condiciones para responder y arribar al nivel que en hace dos años pareció catapultarle. Un torero al que el otoño le viene bien, es tiempo de que su ritmo y su mando vuelvan a ponerse en juego y superen mentalmente el bache navideño de 2009.

La regularidad, en los toros difícil cosa, tiene a Octavio próximo al cuestionamiento del tendido capitalino que siempre le ha esperado pero que injustamente le compara con sus compañeros de generación y que valora poco el pasado. Y así debe ser. La gloria siempre cuenta más en el presente y, al igual que Castella, a fin de poner las cosas en rojo, en la actitud y juego torero que exhiba García radica la base de la creencia que ya circula vislumbrando una gran época del toreo.

Hemos visto mucho a “Payo” últimamente, dentro y fuera de las Plazas y solo tenemos buenos augurios y esperanzas. Su moneda está en el aire. Y esto es a cara o cruz.

Y en medio de esto, el auténtico secreto mejor guardado de la casa, como esos últimos ejemplares de “tequila perlado” que se daban en el fondo de las cañadas alteñas, Juan Pablo Sánchez iluminará, comenzando por el inmaculado vestido el vestigio del viejo aficionado y quizá el sendero de los jóvenes que seguramente verán mucho del futuro en su toreo.

Poco se dice del hidrocálido y mucho se sospecha. Al fin lo veremos en una gran cita y temprano en la Temporada. Le tengo visto algo clave, el caminar y andar sobre los terrenos de la Plaza.

Le tengo visto el diálogo toro a toro con su cuadrilla, principalmente sus picadores. Consigno de Sánchez su facilidad para cuadrar la muleta y elegir adecuado la altura, así como el trazo largo y el valor suficiente para pasárselo cerca.

A la muerte hay que enfrentarla con la misma frialdad con la que ésta hace su paseíllo. Al caos de la violenta belleza de las embestidas se le desengaña a gélida idea y latido caliente, Sánchez puede que en esto tenga cualidades insospechadas. La crema del taurinismo, acudirá a testificar la crema de la torería y ahí Juan Pablo es “el peligro oculto” Cuidado para sus alternantes.

Desafortunadamente esto nos regresa al punto de donde partimos. ¿Será, acaso, posible que Bernaldo nos reserve una alegría?

Desafiando el peso del encierro y el de la historia, inobjetablemente, en uno u otro sentido, acudamos a ser testigos de esta historia.

Ya la comentaremos.

Twitter: @CaballoNegroII.

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