
Como llego se fue Diego Ventura. Su año taurino no pudo ser más desigual en la Plaza México. Tan rápido vino como fría se instala la tarde. Un año y ocho toros después, dos de regalo, no han bastado para convencer. Al menos delante del toro mexicano Ventura no cuaja. Tarde de desgracia para José Luis Angelino y de afirmación de Joselito Adame que casi tres años después vuelve pisando, no solo fuerte, sino en torero.
Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.
Se sufre al aguantar un festejo bajo las condiciones en que ocurre la cuarta de Temporada Grande. Particularmente, bajo tales circunstancias, la entrada se mantiene. Quizá otro clima habría traído un resultado de público mayor, que no mejor. Al público de ayer no lo salva nada.
Variopinto, estrecho de afición, inadaptado y a veces molesto, es el resultado de una época, me refiero a doce o quince años, en que la pérdida de espacios, la inundación del cliché taurino y el poco estudio y dedicación de sus “cronistas” insignias poco han abonado para que la generalidad entienda detalles taurinos tan “pequeños” como llegar a la Plaza a tiempo. “La puntualidad es el don de los que don tienen”, apunta un escritor taurino.
Con sincronía Diego Ventura espera al serio murube de Rancho Seco que abre plaza. Digo con sincronía porque Diego espera, al menos da la impresión, de querer ir a su acostumbrada velocidad crucero, tan ideal para poner el piloto automático y acabar pronto. El rancho seco tardea, tiene una posición para atacar sensible al cite adecuado, cerca y en su terreno, pero cuando acude y le lidian cerca incluso se emplea bien.
Tan es así que Ventura, que le pasa con un rejón, ha de ajustar y guardar a “Nazarí” que a falta de “Morante” es su caballo estrella. Pero al momento del tercio de banderillas el burel le exige algo más que vueltas y vueltas, que mordidas y aspavientos, le exige torear despacio y cerca, ese “clasicismo” que a Ventura cuesta tanto trabajo quizá por sus hermosas reminiscencias.
Pero los toreros buenos lo son por esa capacidad de entender la mayoría de los toros, incluso los que más distintas dificultades puedan plantear. Y hay que decir que Ventura de costado e incluso en emocionantes quiebros, consigue que el toro acuda con brío, adecua su estilo ciclónico como el viento de la tarde, para lucir a dos manos y con las cortas. Pena el pinchazo que ante un público en esencia consumista, diluye.
De peor condición su segundo. Inicia con cosas de reparado de la vista y saltando al callejón, “Gamuza” el gran monosabio, burlando la historia, incluso luce en el brinco al ruedo que le salva. Es castigado el manso astado con los primeros rejones y ya en banderillas vuelve a saltar ahora frente al patio de arrastre.
Le salió al revés la apuesta murube a Ventura que abrevia contrariado por el juego tan manso del burel con la verguenza del artero rejón por todo lo bajo. Con esto, da la impresión que los que no tienen “ni p… idea de toros”, en palabras del propio “caballero”, son sus veedores, no la Afición.
Por eso regala un brevísimo astado de Julio Delgado que en su versión para rejones se ve peor. Es una “hermana de la caridad” que nobilísimo se siente arropado por el caballo y sigue su trote de costado. Faena intensa entre lo estoico del público que al menos aguanta y que Ventura entrelaza gestos la suerte del tiovivo, es decir, el teléfono a toro cuasi parado. El pinchazo de nuevo deja todo en una triste helada.
Un apunte sobre el regalo. Lo hemos repetido hasta el cansancio, autorizarlo, es un facultad discrecional. Pero, contrario a lo que varios “entendidos” tratan de entender, el poder de la discrecionalidad tiene también límites, uno es el sentido común. Las condiciones de la corrida impedían lidiar ayer un toro más pero la autoridad, parece, tiene muy pocos pantalones.
Víctima de su propio ensimismamiento, Diego Ventura ha terminado en el sitio que le ha puesto el toro, ni más ni menos. Y ojo, que aún queda un largo invierno para el de Lisboa en nuestro país. Suerte.
Tan bello como débil es el lote de Angelino, un berrendo en cárdeno y un negro girón calcetero y lucero lo componen. A su primero no le resuelve su falta de fuerza pues no le administra. Banderillea y quizá había que dosificar carreras. Arrastra la tela y las fuerzas del burel indican que la altura es otra pues este tercero es igualmente corto de fondo. Nada claro con la espada y pocos adagios positivos.
Lo del quinto es el colmo. Consignar es debido que el de Apizaco está dispuesto pero que su faena es planteada como si de un burel con poder se tratara. Tras saltilleras y banderillas, el impresionante y bello toro, pierde todo tranco y fuerza. Como en esos juegos de mesa, José Luis cae en la casilla en la que, justo cuando se puede resolver le regresan a uno al comienzo con esa bronca terrible ante los tres avisos de la deshonra.
Pero el tren último, el que puede cambiar las cosas es un castaño que desiguala toda la corrida, que es nobilísimo y que, para variar, le faltan fuerzas. Anticipo varias “enhorabuenas” para los ganaderos pero la falta de poder, de emoción no puede ser directriz por mucha “calidad” o nobleza que tenga el toro.
Angelino, con la mente en todo menos en la faena no consigue remontar, le ganó la partida lo del quinto toro y dejó ir al castaño. Esa quizá sea, más allá de los tres avisos, verdaderamente la cruz que habrá de cargar. Dejar ir el que pudo ser el último tren. Y de cara al público de ayer, el villano inobjetable.
Ese boleto de rescate para el tlaxcalteca se le concedió dado que Joselito Adame es corneado por el que hace de tercero, un serio y cárdeno –habrase visto, los tiempos cambian, un punteño cárdeno- astifino con tremenda seriedad. Sale áspero y Joselito inmediatamente palpa tal situación.
Por ello hay poco de capa y sí un tercio de banderillas donde destaca el último par, casi, de poder a

poder, que culmina un tercio donde hay emoción, con los cites a favor de la querencia no obstante ligera cabeza pasada. Ovación para Adame por ese último par y –cosas de público inocente- por voltear la montera que cae inicialmente con los machos para abajo.
Y menos mal la voltea porque, otra vez, el enésimo pase cambiado por la espalda en los medios, a campo abierto y con viento, produce la voltereta y la eventual cornada que pudo ser peor. Señores, no se manda ni se somete en los multicitados muletazos pero solo el torero es dueño de la decisión. Momentos angustiosos y terribles. Cómo estará el “gentío” que sin pegar un muletazo le gritan: ¡Torero!…
Pero incorporado, más allá de la segunda raya frente a matadores, corre Adame la mano con mucho temple y largueza, cosa que le cambia la decoración al juego del toro. Porque sometido se emplea y consigue Joselito voltear los papeles y la emoción del público, ahora sí con el compás abierto hay algo que aplaudir: el cite al frente y el mando en la embestida no obstante se descompone en la segunda tanda resuelve con giro y remate por alto.
Crece la expectación y tras cambio del terreno rumbo a la contraporra, una tanda por el lado izquierdo muestra al punteño peligroso, solo resta desdeñar por bajo toreramente y volver a la derecha donde a “Estudiante” aun le queda algo. Joselito busca y logra esforzado derechazos y a la salida de la suerte, antes de cambiar la espada, se impone al cárdeno para salir sin rematar.
Se lo juega en la manoletina y el de La Punta agarra aire para perfilarle en la suerte contraria casi en la división “De SOL Y SOMBRA” por la contraporra. Volapié perfecto, a matar o a morir, de la cual el duro toro se va a la otra vida. En lo alto las cintas, en el hoy los gavilanes, por sí misma la oreja procede, la entrega también en la vuelta.
No obstante quedaba uno más, será en la “tornata” cuando, ojalá sea pronto, lo veamos de nuevo. Joselito, diez años después de su presentación infantil, triunfa incluso a costa de su propia sangre, esto es el toreo, mortal emoción, de la cual sale vencedor el que burla a la muerte con la mayor verdad posible.
Cuarto domingo, cuarta entrada del público. ¿Será posible pintar un Diciembre para recordar? Hace 65 años hubo uno. La México lo tiene pronto y en la mano. Así será porque da la casualidad que de cuatro domingos hay cuatro triunfos, sí con Joselito, todos de Aguascalientes, todos mexicanos.
Pero aún no hay un triunfo ganadero, menos con hechuras tan de zancudos. Pero no pasa nada, que no hay quinto malo y ese es el turno que sigue. ¿Será?
Twitter: @CaballoNegroII.
RESUMEN DEL FESTEJO.
Plaza México. Temporada Grande 2010-2011. Domingo, Noviembre 27 de 2011. Cuarta de Derecho de Apartado. Menos de media plaza en tarde gélida de cielo gris, viento y llovizna, condiciones muy difíciles. Público vario pinto.
7 Toros, 2 de Rancho Seco (Divisa caña y rojo) para rejones. El cuarto saltó al callejón en dos ocasiones. El toro que abrió plaza aunque tardo tuvo bravura y emoción; 4 de La Punta (Divisa Rojo, gris y oro) El sexto anovillado lo tapó la capa, tuvo buen estilo. Sin fuerza alguna el segundo de la tarde, duro y con peligro el tercero. El cuarto, que se fue vivo a los corrales, se desplomó tras banderillas por su falta de casta y fuerza; y 1 de Julio Delgado (Divisa Naranja y oro) chico y nobilísimo.
El Rejoneador Diego Ventura. Leves palmas, silencio y ovación en el de regalo. José Luis Angelino (Esmeralda y oro) Silencio, bronca tras tres avisos y protestas en el que mató por Adame. Joselito Adame (Blanco y azabache) Oreja en el único que mato.
Pésimo, otra vez, Gilberto Ruz Torres que autoriza en tarde tan complicada un regalo más. ¿A quién defiende la autoridad?
PARTE MÉDICO.
El diestro Joselito Adame, durante la lidia del tercer toro de la tarde, sufrió una cornada en el lado derecho del tórax de 15 centímetros, la cual penetró por debajo de la tetilla y llegó hasta la axila que lesionó músculos y aponeurosis de esa región, misma que contundió el paquete vascular, aunque para fortuna del matador, no penetró el tórax.




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