
Fracasa la tarde en La México porque fracasa el toro bravo. Ni uno solo lo ha sido de los siete lidiados. Múltiples caídas, múltiples vueltas contrarias, mínima emoción y solo la acción airada y variada de Uriel Moreno “El Zapata” ha podido brindar la única, aunque discutible, alegría de un festejo que naufraga en las aguas de la medianía.
Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.
Se busca un toro, bravo de casualidad. O al menos, si es manso, que tenga emoción. El segundo de la tarde puedo serlo. Pero claro, se busca un torero que interese. Esta ecuación y la incógnita de su resultado, es lo que tiene a todo aficionado dando mentalmente vueltas y vueltas al fenómeno taurino.
Sincero, ofreciendo lo que tiene, Manolo Mejía luego de medir y lidiar al toro en varas y observar su cabeceante juego en banderillas, echa el trapo abajo partiendo de la puerta de caballos y llegando a los medios de la Monumental México. Se trata de un toro alto negro, mal construido, que protesta con manos y cabeza arriba.
Mejía, colocado y esforzado, le hace pasar por el lado derecho. Mucho tiene que ver que el ojo contrario –el izquierdo en el cite natural con la derecha- va tapado, así como que el torero firme se encuentra como en el pase de pecho ligado. Le lleva largo e incluso sus seguidores le alientan. Pero basta la mínima insinuación de enganchón por la zurda para que la cosa se descomponga.
La muleta en la izquierda, al no ir armada, tapa menos el ojo contrario –el derecho, en este caso. Ahí Manolo da la impresión de confiarse menos. Cierto, reduce la protesta inicial del burel porque le traga pero no atempera la violencia de su embestida ni la incomoda división del tendido tras espadazo defectuoso por caído con el que despacha al astado, que se acuerda que es bravo hasta que tiene la espada entre las carnes.
Luego a la salida del cárdeno cuarto, como pidiendo al tiempo si fuese posible volver los pasos al momento de escoger la corrida, el primer espada traga hasta que el cárdeno se diga a abandonar los tableros y el de Tacuba urge a los picadores a tomar posiciones. Hacen lo suyo los de a caballo y lo propio el manso que se refugia en la querencia traicionando la raza, dejando en evidencia la caída de la dehesa.
Mejía trata y se empeña cerca de tablas. El manso pasó sin agradecer, Manolo sin cosechar nada en claro y con la pena honda de que esta vez, de nuevo, no ha sido.
La corrida en trapío, aun dispareja y aun con lo lamentable del primero, salva la plana por muy poquito. Lo penoso son sus hechuras. Zancudo, estrecho, agalgado es el tercero, “Corazón de Toro” nombrado en irónica alusión. Se encuentra con que su lidiador posee una voluntad muy grande, un deseo infranqueable, mucha arena recorrida y que hoy da la impresión que, como dicen los jubilados que hacen tertulia en los jardines públicos, Uriel Moreno “sabe todas y una más”
Así, “El Zapata” pega de salida ramillete de largas cambiadas, a veces en rectitud, a veces cambiando anticipada y doblemente hacia fuera el cite de una suerte que enciende en todo momento el ánimo del público. Tratando de llevar al caballo parece hacerse un lío pero resuelve con recorte remanguillero. Todo ocurre pronto y a la salida de uno de los lances, el burel, tocado del pitón izquierdo, da una maroma que condiciona el resto de su lidia.
Por ello, tenemos que no hay quite y sí la sorprendente capacidad de pegar en un solo envite tres pares. Uno, en tablas con giro previo incluido, violín hacía afuera y a dos manos por dentro que vale su enésima vuelta al ruedo tras banderillas en La México.
Esto que ha sido un hecho históricamente extraordinario, en “El Zapata” se está haciendo algo habitual y lo vale, sobre todo este tercio que es muy destacado. Pero cuidado con hacer de lo excepcional la norma, no vaya la cosa después a abaratarse. Ciclónicamente, al tlaxcalteca poco importan las formas pues el triunfo persigue y en el enésimo pase cambiado de la temporada enciende los sentidos en el trepidante inicio rematado por arriba con la izquierda, tras cambiados y vitolinas.
Atemperado el vendaval que prologa la faena, queda saber si “Zapata” puede correr la mano con la misma intensidad y templando. Al menos por el lado derecho lo consigue.
Pero hoy en día, a como está el arte del toreo, a la interpretación de Sureda que indica que el toreo es el “arte de la elección”, debemos comenzar a especificar que el toreo además es, strictu sensu, el arte de la administración; lo que nos indica en intensidad y volumen que requiere otorgársele a cada astado. Moreno se devora todo el tranco del cárdeno que por falta de fuerzas se descompone por el lado izquierdo.
Queda aliñar e igualar, destaca un pase de la firma entre adornos al paso para arribar a la estocada defectuosa flagrantemente y, en consecuencia, la petición insuficiente. Insistimos, los Jueces de Plaza no leen el tendido de la Plaza México ni su petición. El abogado Jorge Ramos queda en evidencia –otra vez- al no aguantar ni sostenerse que tapar la oreja es lo lógico no solo taurina sino numéricamente. Oreja de cal para “Zapata”, que reserva su exhibición en la vuelta.
Se saca la espina con la oreja de arena, o más bien la legítima que corta al quinto de la tarde, un zambombito cuya pequeña cabeza contrasta con su abotagado cuerpo. Es hasta el quite cuando Moreno lo ve con claridad a pesar de que por el izquierdo se queda corto y abajo. “Zapata” vuelve a arrollar en banderillas. Par Monumental de mucho mérito más carreras para parar al cárdeno después antes de repetir lo de su primer toro, con más carreritas e incluso complicaciones para salir de la suerte.
En los medios, giro imposible y cambiados a la trágala y a la buena de Dios abren la brecha a las dos mejores tandas de derechazos de su actuación, largo y templando siempre, como tendría que ser, ayudando además al débil y exhausto astado. Cobra “Zapata” una gran estocada en la suerte contraria para ganar una oreja que no a pocos disgusta pero que se observa con respeto.
Pero apuntemos, así como su picador César Morales, ovacionado tras picar arriba y con arte al tercero, está pidiendo el toro para arribar a mayores escalas, “El Zapata” y su versión actual luciría más con un encierro más hecho, ese concepto del torero está clamando por el “toro grande”, si acaso quieren hacer historia.
Hace diez años Manolo Mejía y “El Zapata” confirmaron la alternativa con una gran corrida a Juan José Padilla, la de los “Fusileros” de Rancho Seco. Hoy hay una seria diferencia en el toro.
Mala señal es saber que a “El Cid” tocaría el menos toro del encierro. Se llama, vaya alusión, “Armilla”. Hubo en La Condesa un “Gaona” de San Mateo, de todo el respeto y astas veletas que bordó Lorenzo Garza. Hoy se elige un toro que es en trapío y en juego muy poquita cosa. Destaca Manuel Jesús con el capote, dos medias de regusto y un puyazo magnífico de Juan Bernal.
Tras la solemne ceremonia, “Cid” alterna lados, subraya el de la firma y el cambio de mano. La inicial tanda se cierra con un gran pase de pecho tras cambio de mano. Pero el estrechísimo burel se queda por debajo al segundo pase y, desesperadamente, le falta la fuerza. Manuel Jesús solo luce en la estocada que es entera. Saludos y ovación.
Toda la corrida tuvimos la ilusión de ver lidiar el berrendo, “el bonito” como dicen las señoritas. Más por saber que “El Cid” podría hacerle romper hacía delante como hace perfecto con el capote. Le ayuda mucho el trazo amplio de las verónicas donde hay toreo bueno y evocador. Pero el manso y aparejado toro busca la salida por la entrada, por el terreno de tablas donde aprieta y pone las cosas a contra corriente.
Pero Cid le ayuda, brega magnífico, no obstante lo complejo del segundo tercio donde los cites a la media vuelta imperan. Decepción total cuando se observa al berrendo que no tiene ni un pase. Le inunda la mansedumbre tal como inunda el enojo cuando la esperanza del toro de regalo vuelve a tornarse en el muladar del toro de relajo.
El confirmante se quita al berrendo de gran espadazo, omite levantar el índice al regalar y pide el cambio del toro dando muestra que mentalmente esa es la predisposición al toro de regalo, el reemplazo, como si el arte del toreo fuese producción. Salta un destragado y de cara lavada ejemplar de Marrón. ¿A quién se le habrá ocurrido no echar el primer sobrero de La Punta?
Protestas, impotencia, bipolaridad de la gente que se indigna ante la presencia del séptimo pero que es proclive al relajo. Aguanta la autoridad, el público desespera y “El Cid” se traga todas las guasas y traza una faena cimentada en su gran mano izquierda. Hay dosantinas y hasta un rodillazo pero lo valioso es que, a pesar del pinchazo, al menos unos esbozos, pudimos observar la gran torería del de Salteras.
Veremos si “El Cid”, el de Salteras, al igual que otro hidalgo, el de Vivar, tenga en La México sus Cortes de Toledo, “En las que quedará vengado El Cid y humillados los traidores…” Léase, del toro bravo.
Seguramente veremos a “El Zapata” de nuevo más con esos vitores a su figura. Ojalá veamos a “El Cid” de nuevo. Pero principalmente, se busca, hay una recompensa no tangible para el que lo encuentre…. Entre las de cal y las de arena, es urgente alguien responda ya, que aquí lo que se necesita es un toro de lidia.
Bravo, de preferencia.
Twitter: @CaballoNegroII.
RESUMEN DEL FESTEJO.
Plaza México. Temporada Grande 2010-2011. Domingo, Diciembre 4 de 2011. Quinta de Derecho de Apartado. Un tercio de plaza en tarde fresca con frío al final y leve viento. Público alborotador y cambiante.
7 Toros, 6 de El Nuevo Colmenar (Divisa Bugambilia, negro y amarillo) Desiguales de presentación, cornamentas y juego. Ninguno demostró bravura verdadera. Débil y soso el primero, violento el segundo, inválido y soso el tercero. Manso y rajado el cuarto, noble con recorrido por el lado derecho el quinto y sin un pase el sexto; y 1 de Marrón (Divisa Naranja y oro) de regalo. Chico, protestado y nobilísimo.
Manolo Mejía (Verde limón y oro). División y silencio. Uriel Moreno “El Zapata” (Pizarra y oro) Oreja con fuertes protestas y Oreja. Salió injustificadamente a hombros. Manuel Jesús “El Cid” (Burdeos y oro), que confirmó su alternativa, Saludos, silencio y leves palmas en el de regalo.
“El Cid” confirmó su alternativa con el toro “Armilla”, número 770 con 520 kilos, entrepelado, cornicorto y estrecho,
Destacó a la brega Sergio González en la lidia al primero. A caballo Juan Bernal al picar al primero y César Morales al picar al tercero. Igualmente destaca Gerardo Angelino templado delante de tercero y sexto.
Mal Jorge Ramos al otorgar el apéndice al segundo espada en su primer turno luego de no valorar adecuadamente la petición.


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