Radar Taurino – Seis Toros, Seis Horas. Feliz Año Nuevo.

Desde el campo bravo el eterno toro recibe un año nuevo.

Muere el año y prosigue la vida taurina. A las puertas de una nueva edad del toreo en México, comienza una nueva historia cuyos protagonistas aún están trazando los avatares de su propio argumento.

Por: Luis Eduardo Maya Lora De SOL Y SOMBRA.

Se muere, en últimas horas está el dos mil once.

Taurinamente se despide con el histórico indulto, en goyesco investido, de Pablo Hermoso de Mendoza en Cali, así como solo ovaciones para Arturo Saldívar, a quien le están jugando tronchado en su propio país.

Hace pocos días escuchaba a los partidarios de algún torero triunfador preocupados por guardar a “su matador” solo para las grandes citas. Me parece el planteamiento algo arriesgado, más porque a los famosos “nuevos ases” del toreo mexicano poco se les está viendo por las plazas, cosa paradójica.

Hay que mencionar y poner toda la atención al hecho que la nueva ola está poco a poco, muy despacio, levantando su cresta de aficionados, la gradualmente creciente legión de seguidores con quienes se identifican a pleno. Se trata en su mayoría de jóvenes más o menos de la misma edad de los toreros novedad y que encuentran en ellos mucho de lo que esta también nueva afición busca.

Pero no nos olvidemos que estamos viviendo una auténtica crisis de público. No por los propios aficionados sino que estamos observando el resultado de al menos dos décadas de poca orientación y poca formación taurina. Como resultado privan los espirales en el tendido, lo mismo exigen que consienten, lo mismo van que no. Da la impresión que solo estamos formando taurinos de medio tiempo.

Esto puede y debe cambiar. Con esta nueva baraja debe venir un cambio de mentalidad, algo así como lo que ocurre con el encuentro de los nietos y los abuelos que, como dictan las nuevas formas familiares, cuando éstos últimos pasan por los primeros al colegio y les quieren comprar un refresco a toda glucosa, ya está habiendo chavalillos que dicen, “Abuelo, no. Mejor agua” Y esto es real.

Para la nueva generación de mexicanos temas como el político, el informativo, las relaciones familiares, tienen una concepción diferente. Yo espero que lo sea también en el tema taurino.

Cómo formar mejor público si los propios profesionales son los que están impidiendo la mejora del espectáculo. Esto debería de ser un tema central de coloquios y medios de difusión taurina. Como dice un gran dirigente alemán, “debemos plantearnos la resolución a las preguntas más difíciles de responder” porque, como diría un famoso premio Nobel de economía, “no espere a redactar su declaración de misión y visión, el mundo ya se la está redactando por Usted”

Y es el propio Mundo el que nos dice que no queda mucho tiempo.

La interrogante es a donde llevar el espectáculo taurino. Se pierde el tiempo y el espacio de reflexión en temas tan breves como la prohibición taurina cuando la solución a este en específico está – muchos no se dan cuenta y convocan a juntas de una hora al aire de carácter urgente- en la entraña del propio espectáculo. Esta es una respuesta difícil de establecer y aún más difícil de poner en operación.

Pero torear es hacer posible lo imposible, o decir un misterio que previamente se tiene oculto.

Esa, tras un año de apasionantes faenas, de historias maravillosamente taurinas, debiera ser el reto a resolver por los factores de la Fiesta. Si no, en lugar de escribir la historia, quedarán en historieta. En vez de dibujo quedarán en caricatura y en vez de artistas serán meros trabajadores del toro.

Este mensaje de mejora se que no se comparte. Quizá porque las amarras y las anclas de la comodidad son demasiado placenteras y de tal cosa me alegro. Menos mal queda quien piensa y no borregunamente saca el pañuelo para indultar el toro de la realidad. Veremos si poco a poco, mes a més, noche a noche y día a día taurino, logramos la plena libertad taurina que ha de imperar en la Plaza y no solo en la plazuela pública.

Nuestro deseo es ese. Ojalá que se cumpla.

Se muere el año, quedan sus horas postreras.

Se mueren sus minutos que son sesenta dentro de cada una de sus horas como cada uno de los seis toros que se mueren y que componen el acto de la corrida.

Así, lo sabemos todos, nos quedamos como García Lorca: “Y los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra”

Así muere el tiempo y mueren los años, como los toros, para seguir viviendo antes que aparezca el umbral de la nueva aurora.

¡Feliz Año Nuevo Taurino! Para todos nuestros lectores en De SOL Y SOMBRA.

¡Enhorabuena!

Twitter: @CaballoNegroII.

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