
Hay personajes para los que solo el tiempo representa el toro al que no le pueden. Se marcha “Rafaelillo” cortándose honradamente la coleta natural luego de no tener suerte alguna con su lote. Dos toros de rejones de Rancho Seco dan la nota al crecer en su juego todo momento mientras que la divisa titular deja en solo ilusiones a Angelino de Arriaga.
Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Texcoco.
Sale berreón el primero de la tarde, un toro negro, alto y basto de Rancho Seco. Menos mal, decía bien Don Álvaro Domecq, en ultima instancia hay que aguantarse el berrido de la vaca brava antes de eliminarlo. Y es que, en todo caso, la Fiesta es así.
Hay momentos y cosas que hay que aguantar con tal de ver al toro bravo. Esto ha ocurrido con los dos de rejones a los que enfrenta Emiliano Gamero, a modo de preámbulo e intermedio de la despedida de Rafael Gil “Rafaelillo” de los ruedos.
Luego de berrear inicialmente, el primero se crece, tras un solo rejón que abona en su crecimiento. Pero muestra de esto es su prontitud y disposición para con los cites y las llamadas del caballista capitalino avecindado en Aguascalientes, que busca asombrar más que clásicamente torear. A su edad todo mundo es joven, pero el toreo es siempre, como arte que es, decía Shakespeare, nuestra madurez.
Por eso Gamero, aunque efectivo y valiente, echa a perder todo con el rejón de muerte con el que no encuentra sitio. Palmas para el toro, mal por la autoridad porque el negro astado que regala cuatro embestidas al capote del abusivo peón Diego Martínez (hasta una media verónica se auto recetó), ha sido bravo y con poder.
El cuarto, más agarrado al piso, ha tenido casta no obstante le dejan refugiarse en toriles. Emiliano busca y encuentra terreno tras emotivo brindis a su pequeña hija, De dentro afuera luce e incluso gusta a la concurrencia pero queda aun por encontrar ese temple que le impedirá pronto seguir a las carreras. Corta una oreja más por esa fuerza dramática en su toreo que por su realización –aun incipiente- artística. Que la puede tener, es cosa de proponérselo. Ojalá pronto sea.
Berridos, traiciones, vueltas contrarias, vuelcos del destino, han marcado la vida, no solo, taurina de “Rafaelillo” quien conserva casi intacta la planta torera e impecable el andar torero. Incluso el deseo de estar bien. Precioso es el farol de rodillas con el que recibe al serio cárdeno claro que abre plaza.
Trata en todo momento el de Tijuana de estar en torero desde los lances rematados airosamente. El toro responde hasta que el puyazo, en lugar de aflorar su fondo bravo, viene peor y desinfla su fuerza, al grado de deslucir todo intento de “Rafaelillo” Aun hay dos derechazos, los de pecho y un pase de la firma formidable. La espada impide casi todo menos el reconocimiento, incluidos “El Pana” y “El Breco” y el respeto.
Ocho días hacía del gran momento en que salió “Rafaelillo” como un eterno maletilla a pegar un dilatado, como su torería, lance a la verónica, sentido, largo y muy templado, al que enlazó a una caleserina y un remate maravillosos a un toro de La Muralla que se despitorró. Aquello fue bajo estrellas de brillo en gris y cuarto menguante de nebulosa luna, como mencionó un aficionado de Iztacalco.
Hoy la media luna no ha dejado, entre la anochecida y el frío, contemplar el último e imantado lance. Todo porque “Gitano”, no irónicamente marcado con el número “que es no menos de doce y uno menos que quince” en hidrocálida referencia, sale flojo y su corta raza le impide seguir los engaños.
Evocadoramente, en brillo de penumbra de horas oscuras, “Rafaelillo”, el niño torero deslumbrante, el novillero apasionante y el matador de inconstante y genial inspiración, el autor de la faena histórica de Barcelona, el hombre de la dinástica leyenda, se ahoga torera y honradamente pues no tapa su limitación, sin dejar nunca de destilar torería.
El ahogo incluye lágrimas y casi luto en ese azul oscuro que marca la noche de su terno y la pasión de los golpes rojos de su traje de sombras. Pero igualmente una última tanda de derechazos de muleta retrasada, a media altura, con remates complicados y en sentimiento. El brindado, el menor de sus hijos, llevó a cabo el corte de pelo que Rafael Gil aceptó serenamente para cerrar, sin reprimir llantos, la página taurina de “Rafaelillo”. Loores en la postrera vuelta a la circunferencia.
El tercer espada, Angelino de Arriaga, no se encuentra exento de temple ni de memoria histórica y por eso brinda la muerte del manso e insulso tercero al que se despide. Poco se puede hacer con tanta flojedad y sosería.
Quedo solo no romper el cristal de la fuerza del noble toro con derechazos casi en el tercio frente a cuadrillas que hacen sonar olés, lo mismo que en los remates pero todo queda en lamento con los pinchazos. Pena porque suya ha sido la faena de esta oscura tarde. Luna nueva en su terno plata que pronto esperemos luzca más en medio del sol de la bravura.
Así se apaga la declinante luna que mengua la historia de “Rafaelillo” pero la fiesta taurina, aun en medio del azul noche y entrelazada en estas épocas por el azabache, siempre es luna nueva que pronto, a partir de un toro bravo, se habrá de alumbrar. Dios mediante.
Twitter: @CaballoNegroII.
RESUMEN DEL FESTEJO.
Texcoco. Feria Internacional del Caballo 2012. Domingo 31 de Marzo de 2012. Más de un cuarto de plaza. Nublado aunque sin lluvia, fresco y con viento.
6 toros, 2 para rejones de Rancho Seco (Divisa caña y rojo) el primero espléndido por noble y bravo ante las telas y los caballos. Encastado aunque atado al piso el cuarto. 4 de Magdalena González (Divisa Verde olivo y rojo) Disparejos, flojos y descastados, terrible el lote del primer espada. Noble el sexto que duró poco.
El Rejoneador Emiliano Gamero, Silencio tras aviso y oreja. Rafael Gil “Rafaelillo”, que se retiró del toreo (Azul Noche y Azabache) Ovación y Oreja. Angelino de Arriaga (Blanco y Plata) Silencio y palmas. Caballero y segundo espada brindaron a “Rafaelillo” primero y tercero, respectivamente.




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