Radar Taurino – Mexicanitis 2012 (I)

Juan Pablo con el toro de la polémica en Madrid.

Por debajo de lo esperado, el nivel real del toreo mexicano apareció en San Isidro: el verdor de la nueva ola contrastó con el agotamiento de la antigua resaca de la torería mexicana. Muchos factores dignos de apuntar, demasiadas preguntas por responder y otras tantas respuestas por cuestionar son el resultado de la danza, artista y violenta que representa el paso mexicano por Madrid el presente año. Analicemos.

Por: Luis Eduardo Maya LoraDe SOL Y SOMBRA.

Son los acontecimientos taurinos, las citas importantes, como las grandes fiestas y las grandes ocasiones en la vida, donde la gente muestra lo peor o lo mejor de sí mismos.

Así ha sido el paso mexicano en Madrid el presente año, que saca de aficionados, observadores y profesionales lo mejor de su entendimiento o el ridículo de sus más elementales escrúpulos.

Por ello pasamos, de la dignidad torera de Saldívar a la derrota torera –y hombruna- de “El Payo”, a la histórica confirmación de Silveti y a la impotencia, lógicamente, fuera de lugar  de la administración –española- de Juan Pablo Sánchez.

De esta aventura mexicana isidril también quedan los ahogos, esforzado, de “El Zotoluco”, desesperante a veces, de Fermín Spínola y, lastimoso, de Ignacio Garibay además de la sorpresa menos esperada: la desesperación, entre desarmes, del aun novillero Sergio Flores.

En la Escuela Taurina de Madrid existe una inscripción que es necesario traer a colación en este momento, muy conocida por varios que esto leen: “Ser torero es  casi imposible. Ser figura es casi un milagro.” Y mucho tiene que ver el hecho de que para ser una u otra cosa, necesariamente hay que no solo pasar con dignidad sino triunfar en la Plaza de Madrid.

Justo donde cortar un trofeo es “casi imposible” y salir a hombros “es casi un milagro”.

Pero, en buena medida, torear es hacer posible lo que no puede ser y que “además es imposible” porque el toreo es siempre la eterna paradoja, una contradicción en sí misma. Eso, que imperativamente siempre sorprende, no procede de la casualidad, de la coincidencia o solo de la suerte, sino que procede del sitio, del poder y, más estrictamente, de la capacidad.

Debemos de entender algo, las figuras del toreo, todas en la historia, han triunfado sostenidamente en Madrid, conste que sabemos que pocos son en comparación de todos los que intentan serlo. Por ello cobran importancia las palabras que en enero pudimos compartir con varios grupos de aficionados, México debe entender que de toda esta generación, al máximo nivel, es muy difícil de que siquiera uno logre ser figura del toreo con reconocimiento universal.

Porque el Toreo es así, toreros varios, figuras algunos, ases de la torería, aun muchos menos. Ya de entrada el escenario es difícil, porque fundamentalmente el toro y el público cambian. Veamos.

Cambia el toro, no solo por su tamaño, sino porque de entrada es más fácil que se mire en puntas, contrario a lo que en México, donde al menos se sospecha, que es más fácil que no se mire en puntas. No se asegura nada, simplemente se plasma la sensación que se tiene. Cambian los sorteos porque, a partir del cambio del toro respecto del escenario mexicano, los apoderados “allá” tienen que alinearse y caminar con rectitud. Cosa que aquí, llamémosle así, es menos frecuente.

Y esto se da porque, para bien o para mal, hay una Autoridad dura e intransigente, cierto, pero que al final mantiene el rigor como esencial medida de lo ocurrido. Porque además, esto obedece a que existe un público que, con todos sus defectos –por algo es multitud, masa y concurrencia- es punto más serio y menos complaciente.

Es decir, va a lo que va. Por eso en buena parte –casi todas- las corridas duran menos.

Cambia el juego del toro. Se “presta” y se “deja” menos. Esto vuelve locos a esos intento de críticos que tiene el medio taurino mexicano. Es entendible calificar de “bueyada” cuando el toro no hace lo que estamos acostumbrados que haga en México. Y no digamos a los propios profesionales.

Pero vayamos paso a paso. Opciones tuvo el primero de Bohórquez porque resistió, a pesar de su falta de fuerza, el tirón, templado y por bajo, no obstante, que de fondo quedase corto. No digamos el sexto de Torrestrella que quedó servido para la firmeza durante el último tercio que no llegó.

Diremos que los juanpedros de Sánchez y el primer cuvillo de Silveti mostraron tanto debilidad como verdor sus matadores. Una prueba son los inicios por bajo y enganchados de Juan Pablo en ambos toros.

Este joven bloque tiene en Arturo Saldívar a un torero bien hecho y con largueza que tiene temple y aprieta, a veces demasiado.

Hoy en el toreo, con lo mucho que ha avanzado la técnica taurómaca, un torero con sitio y conocimiento como es él, tiene el reto de saber administrar, de no atacar de más o no hacer de la lidia un ejercicio de “correctos equívocos”. Saldívar no atinó al responder en quites, al dilatar la debilidad en ese remanguillero cambio de mano al inicio de faena y en esa especie de “pase del centenario” y no brindar aire sino forzar en el remate de faena.

Además la mala suerte de la mano baja, cuando la posición de la oreja era y dependía de la estocada por arriba, dejó al torero hidrocálido en la raya, en la difícil suerte natural, con el pitón hacía el muslo y en manos del Usía.

Sí compramos el tópico Arturo ha sido “el mejor librado” y esto, que es cierto, no termina por alcanzar. Si Saldívar prosigue en el camino de la responsabilidad, de la seriedad no solo en Europa estamos, quizá, ante un torero de suma importancia. Un producto por hacer, cierto, pero cuya hechura dará para mucho más y al tiempo…

De él depende proseguir en el seco y árido camino de la importancia y la seriedad –la ética así llamada hoy en los grandes negocios del mundo- pero no solo en solo en el candil de la calle, sino en la oscuridad de la casa. Donde esperamos todos nos ilumine.

Recuerdo una noche queretana de fuego y pugna taurina, varias que van.

“Prefiero ver a los toreros en su drama de hombres, a veces frágiles, sobreponiéndose a sus propios defectos y venciendo a sus propios demonios.” Y el personaje que cito lo decía de pie y a voz levantada. “Porque el torero no puede ser una máquina a la que nada perturba, debe conmover en la gloria y en el fracaso a partir de su condición humana”.

Así defendía un hombre cuya identidad reservaremos y que nos lleva –de nuevo- a Don Dificultades: “Hay triunfos que hacen llorar y derrotas que dan risa” ¿Será para “El Payo” la Plaza de Las Ventas, el Cerro de las Campanas? Acaso, si ha estado para –taurinamente, por favor- “fusilarlo”, ¿Cortaremos la vereda al carro que trae el salvoconducto? O, será él quien determine su propia redención.

Toreros abatidos, a los veintitrés años de edad, ha habido suficientes para llenar agrias páginas taurinas. Muchos se refugian en la coba o el autobombo. Otros se quitan y este es el camino más corto. Los que han echado la culpa solo a las cornadas en el caso de “El Payo” ignoran que en la carrera del torero muchos han decidido un destino cuyos efectos ha pagado él.

La vida se define tempranamente para el ser humano, entre los 16 y los 21 quizá, justo cuando el hombre está menos preparado para ello. Definir la vida taurina es igualmente complejo. Lo único que García tiene en claro es su fracaso torero, no su fracaso –esto depende de él- como hombre.

Ha fallado porque “la honra del matador consiste en nunca huir de la fiera, siempre que se tengan muleta y espada en mano”. Ha fallado, porque pocos han tenido la oportunidad de formarse como él. Ha fallado porque son pocos los que han tenido sus condiciones toreras y ha fallado porque al asumir un compromiso, la historia no puede conocer de excusas.

Pero no ha rehuido, dio la cara y perdió la partida porque tuvo un sexto toro ideal para el estilo, firme, decidido, valiente y revestido de personal empaque, que tuvo. La clave, poder desde el primer capotazo a partir del valor, justo lo que no apareció, no hace más que mostrar que la derrota no es solo del torero sino de un entorno que ha devaneado.

Y el interés taurino, que inunda desde la pantalla de televisión y se cobra los “Sorteos de Guadalajara” (basta consultar el “alto” trato taurino de Proyecto 40 al caso) señala e incluso hasta en las tertulias taurinas no se ve con los mejores ojos al hoy torero en derrota pero antes convidado de lujo.

Si terminamos de incendiar la hoguera del árbol caído quedaremos como el inquisidor que actúa al amparo de la verdad legal y no es nuestra labor, Mas porque la historia taurina de México tiene varias páginas por escribir respecto de toreros malogrados. No debe “El Payo” ser uno más. Mismo caso que Saldívar pero en sentido contrario, la seriedad es lo que puede sacar a flote a un hombre y luego, el rigor de la gestión taurina es lo que hacer que vuelva a brillar un torero.

La gloria del triunfo, recuerda Don Antonio Andere, se mide por la talla del rival.

Hoy el gran rival de “Payo” no solo es él mismo, sino la imposición de formas que han ejercido sobre de él, desde el día en que alguien decidió su alternativa. ¿Podrá sacudirse lo que no lo deja respirar?, ¿Tendrá la afición suficiente para dar la cara a pesar de todo? La prueba más dura está por venir, cuando reaparezca y venza la guasa, la cara dura, el acíbar… En él está la respuesta.

La Muleta de Castilla, Pablo Lozano, dio la mejor respuesta para el caso de Juan Pablo Sánchez: “Cierto, se esperaba más.” Pero, realmente, ¿Podíamos esperar más? Sí, porque los toreros, a pesar de siempre pagar la novatez, tienen como primera y última defensa el ruedo y lo que hagan delante el toro, sitio donde Juan Pablo siempre ha superado prueba a prueba.

Pero llegó la debilidad y la protesta, se fue por momentos el temple y llegó el enganchón en la muleta y el jaleo en el callejón. Juan Pablo dejó que le arrebataran, aguardó demasiado y castigo cuando alivio necesitaba el colorado. La violencia inicial del toro, lo cambiante de su condición da la sensación que daba opciones para imponérsele por arriba, pudiendo el torero sobre el débil toro pero sin derrumbarle. Difícil cosa.

Claro que hubo cuatro fantásticos naturales ante un toro condicionado por tan poca fuerza. Otra vez, el toro que más daño le hace a la Fiesta, a los toreros y al público, no es el manso, sino el flojo. Y es el que más gusta, da la impresión, a los toreros.

Flojedad y comodidad es lo que a la juventud tiene en encrucijada, taurinamente, en la necesidad de facturar más pero a menos miedo, dejando todo en el inamovible estado de la corrección, sin que nadie dé el paso adelante.

Juan Pablo, bien instalado, siempre bien colocado y protegido, parece que no enfrentará los grandes retos de mostrarse en todas las plazas con los más serios encierros de las mejores ganaderías. No, esto es un sueño. Debemos conformarnos con cosas como la de Nimes donde toda su gama torera se ha muestra con un toro más acorde a su placidez y que, deseamos de todo corazón, traiga consigo el siguiente paso para él, que le haga mejor torero y a nosotros ser aun más sus partidarios.

Pero acaso, ¿Sera posible que Sánchez salga de la comodidad aun a sabiendas que solo es cómodo un sillón? Solo deseamos que al aun muy nuevo Juan Pablo Sánchez cada toro que lidie le haga mejor torero y no abone en una incómoda –por repetitiva- comodidad. Madrid ha dado muestra de ello. Ojalá los gestores tomen nota.

Claro que no. Diego Silveti no estaba en posición taurina de acudir a Madrid, si en posición mediática. Pero a pesar de ello, supo dar la cara, tratar de resolver dentro de su incipiente técnica y al menos no se ahogó. Cuando Diego se pierde en el ruedo, cuando parece que las circunstancias lo abruman siempre encuentra la manera de no caer al vacío, revisen ustedes su segundo toro.

El nuevo Silveti ofrece frescura, buen trazo pero la experiencia y el despacioso aprendizaje con solo nueve meses de alternativa contrastan con la vorágine que los compromisos taurinos le han traído. Digno, siempre dando la cara y centrado en muchos momentos con el toro, Silveti sigue siendo esperanza pero, igualmente, un proyecto por desplegar y no un producto ya hecho.

La necesidad de tener alguien por quien apasionarse, alguien al cual apoyar muestra que el “estrellón” isidril es una forma de medir al toreo mexicano. Argucias, diatribas, falacias y demás cosas pueden argumentarse, lo cierto es que la ilusión se estrella con la realidad porque el nivel aun no es el esperado y que Las Ventas implican un punto más en todo aspecto.

Hemos analizado, ligeramente, la parte joven del escalafón y su paso por Madrid, mucho del futuro del toreo en México implican estos nombres cada cual con su historia particular.

De poco va a servir si no se hace conciencia en la Afición que toca en nuestro feudo particular mejorar nuestro criterio y nuestra actitud hacía el Toreo porque consentir, dejar hacer y no exigir un juicio claro no hace más que cortar la dimensión real de la Fiesta.

Muy nuestro es la calidez, la mano extendida, la disculpa, la concesión y el miedo al rigor. Madrid no se detiene ante cortesías tan mexicanas. Si quieres la paz prepara la guerra y es momento de afrontar el toro de la imposibilidad venteña a partir de un concepto aquí repetido, rigor y seriedad…

Ya después, si acaso, vendrá el derroche de la gloria madrileña. (A continuar.)

Twitter: @CaballoNegroII.


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4 responses to “Radar Taurino – Mexicanitis 2012 (I)”

  1. Avatar de Gastón Ramírez Cuevas
    Gastón Ramírez Cuevas

    Mi querido Eduardo,
    Por favor no dejes de mencionar el triunfo serio, torerísimo y trascendente de Joselito Adame en La Maestranza. Madrid es una plaza de pueblo y el resultado de este San Isidro lo avala. Tampoco es justo pasar por alto que, salvo El Payo, los paisanos no estuvieron peor que los españoles, y que el más chufla de todos fue Julito Aparicio. Esto del toro no es de nacionalidades, si es necesario reprocharle algo a Garibay o a Spínola hay que decírselo al individuo que se viste de luces, jamás esgrimiendo una bandera o un país como etiqueta.
    Un abrazo.

  2. Avatar de drgaiger
    drgaiger

    Objetiva y justa columna, lo de que Arturo Saldivar es el “mejor librado” o que el que mejor estuvo no lo “compro”,aunque sin duda es del que la mayoría de la afición taurina generó expectativas por el momento en que está, le queda camino por recorrer para considerarse figura del toreo. En Madrid como bien comentas el público y el factor toro son cosa aparte, aqui no aplica el toreo efectista de rodillas y como comenta alguien, el recurso del regalo para triunfar. Juan Pablo Sanchez nos regalo esa tanda de profundos naturales que sin embargo no borran esos enganchones, su falta de hambre de triunfo en los quites, de acuerdo con que se evidenció lo novel de la carrera de Silveti en su segundo toro pero creo que en el primero estuvo digno y bien con lo que tenía enfrente y por momentos conectando con el tendido en esa fecha histórica, 25 años después haciendo el paseillo con el capote de paseo de su padre en Las Ventas. Payo simplemente no debió ir a Madrid ,para resumir todo lo que se ha dicho, tendrá que replantear su carrera, la gente que lo rodea y los conflictos personales que pueda tener para resurgir. Del Zotoluco lo mejor fue Nacho Melendez. Espero con ansias la segunda parte de la columna porque creo que tanto Spínola como Flores tuvieron materia prima para triunfar y no solo cumplir, estar, y ver a quien el tendido le dedicó la mayor ovación, a Las Ventas no se va a eso, es verdad que es complicado triunfar en la primera plaza del mundo, pero como dijo Manolo Martinez los toreros están ahí para eso, para entender al toro y resolver los problemas dentro del ruedo y si hay problemas internos, también.

  3. Avatar de Ricardo
    Ricardo

    Enteramente de acuerdo con Luís Eduardo.

  4. Avatar de Luis González
    Luis González

    Como han extrañado este grupo de diestros el regalito, el séptimo cajón, el torito de la ilusión para jugar al toro… Madrid no lo consiente y por eso se estrellaron todos, porque con ese falso truco han desempeñado su “éxito” aquí. Ahí están los rabos balines de la México, la “regalitis” de toritos y orejas en Aguascalientes, las giras por pueblitos toreando becerros y la coba empalagosa de los “cronistas” de cámara… la decisión es muy fácil, ser los reyecitos tuertos aquí o tener LOS SUFICIENTES para dejarse hasta la vida en los pitones y trascender como verdaderos TOREROS.

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