La Cárdena Aurora –Emociones y Pinchazos Novilleriles en La México.

Lomelín al Natural. Nueva afirmación. Foto: @LaMexicoCom

De no ser por las deficiencias con el alfanje, de no haber sido por la incapacidad de dar muerte como Dios manda a los novillos lidiados durante turnos pares, estaríamos consignando que la terna habría salido premiada con una oreja en cada una de tales intervenciones. A pesar de lo corto de su trapío el juego en la muleta de dos novillos salvan del posible desastre a La Guadalupana que deja la ilusión en agua derramada.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Se caen, yacen en la arena, al menos una ocasión, los tres primeros novillos lidiados en la Plaza México.

Menos mal en la pugna taurómaca no hay, como en el arte de fistiana, un conteo previo a detener el encuentro porque bien a los tres primeros astados se les ha podido dejarles fuera. Y todo esto acarrea el hecho de que cuando el toro –novillo- se cae…

Se cae la Fiesta con el primero de la tarde estrechísimo, terriblemente justo y manso. César Ibelles ha tenido una tarde complicada con el capote, realmente no se le ha visto con mando con el percal, por ello, en parte, el novillo hace lo que en gana le viene. Ibelles procura someter con la muleta, al principio se acomoda por derecho pero es desarmado dos veces y todo queda en silencio.

La Fiesta revive no por el trapío del segundo, sino porque, a pesar de ser corto de todo, el negro “Lupitos” es alegre y va largo al capote de Antonio Lomelín que le deja corretear por los adentros para entonces sin mayor dilación cortarle el ruedo al novillo saliendo a los medios para que, vertical y asentado, tire los brazos en la cadencia de tres verónicas como tres latidos al corazón pleno de la Plaza México.

Las verónicas de Lomelín muestran todo su ser torero en diáfano cristal, tal como es, que su estilo, valiente y artista, es a su toreo: magníficos los brazos a percal arrastrado, que sumados a la planta, indudablemente, arte han traído y arte habrá cuando la media verónica alinea los sentidos. Esto, tras refilón y leve picotazo, se suma a un quite por chicuelinas, donde mantiene la verticalidad, el regusto y el aire faltante al flojo novillo.

Pero el astado cae al carecer de fuerza y ser mal tratado a la brega. Antonio le ve claro aun el novillo mansea mirando por encima de tablas. Pases por alto alternando y al piso el burel. Sin fuerzas no hay paraíso, con la flojedad viene el infierno del aburrimiento.

Atención. Toma nota Lomelín de lo anterior y, claramente, precisa presentando el engaño a la media altura por la derecha, fuera de las rayas y frente a matadores para la nueva caída del toro. Pausa para mojar la muleta y para dejar que “Lupitos” tome la bien trazada primera tanda derechista, coreada pero reservada en la entrega.

El silencio inunda el gris celaje de la tarde de Mixcoac, la atención del público está aguardando a romper la callada espera. Así, el muletazo nace desde el hocico del novillo, el natural crece cuando el paso del bicornudo se encuentra con el temple y el compás de brazos y muñecas de Antonio, el temple eleva en el último muletazo y cierra rotundo con el de pecho con la izquierda.

El temple hace un buen efecto en el público y, más grave aun, en el novillo. Las gotas surgen, de lluvia y de arte, que cuando la cara alta desluce, Lomelín fuerza quieto y meciendo el natural, tremendo otro de pecho y, en el mismo sitio, el desdén. Ruge el tendido.

Nuevo clamor y cambio de terreno. Lomelín se decide en dos derechazos, cantados para encelar al novillo, largos y bien logrados. De espaldas, la dosantina acaba en un cromo con la ranchera en su cambio de mano, el de pecho y el firmazo con la zurda que emocionada y despaciosamente corre y crece como el toreo río de Antonio.

Sentimiento y pasión en creciente, igualmente Lomelín cuenta con templanza suficiente para no desbordarse para que la púrpura no le invada y así hacer surgir la pluma azul que escribe la historia de nuevos derechazos de muleta planchada y de trazo largo tras pase de pecho, con el toro a menos el pase es deletreado, el martinete y ante la tardanza nueva dosantina y recurso bueno al sacar la muleta por encima y el desdén.

Caminar preciso, abandono y de temple inundado quedo el débil astado. Capetillina inaugura la última dosantina previo a alinear y materializar el aura de cuatro pinchazos y dos avisos. El descoordinado quinto le pone a prueba y después de haberle derribado Antonio se levantó para despacharle previos pinchazos.

Importan las orejas pero más el hecho de que Antonio Lomelín vuelve a dejar constancia de que el buen trato y la buena planta se pagan en oro y poquito a poco se va formando la esperanza de que un torero rompa. Veremos.

Nuevo en esta Plaza, Ricardo Frausto solo pone mostrar ante el debilísimo tercero su buena planta y mejores maneras pero ha sido imposible rematar algo más por la falta de trapío y casta de su enemigo.

Por eso, para cuando Ibelles logra doblarse con el inicialmente manso cuarto, alto y serio aunque cornicorto, la esperanza de que la tarde obtenga un nuevo eslabón de éxito es real, es verdadera porque en adición al comienzo de faena, ordena el tranco, cambia lo suelto de su condición hacia la fijeza y la inicial indecisión propio para quedarse quieto presentar la muleta perfecta y tirar largo del toro.

Se va para arriba el toro y el novillero igualmente con la embestida a mas sobre la línea. César Ibelles se crece al trazar el muletazo con la zurda, acompasado y con sabor, buscando siempre llevar largo y gustarse a la salida. Pero el novillo finta con invadir el terreno de Ibelles que rectifica y en dramática escena se impone en el de pecho.

Ese pitón izquierdo es un pozo de agua fresca. Ibelles duda en algún momento y los tendidos le recriminan pero la cosa está en saber si puede volver e imponerse, cosa que consigue con los nuevos y sabrosos derechazos regodeándose de embestida e improvisando torero las salidas con el trincherazo y, que ni pintadas, las trincherillas.

Magnífica composición aun tiene nueva tanda bien lograda con la zurda ayudándose con el simulado, Ibelles tuvo la virtud de esperar al novillo cuyo pitón izquierdo ha rebosado el estandarte guadalupano rasgado por la bruma de la flojedad. Pero el pinchazo y el bajonazo dejan todo en saludos, justo el novillo que no ha debido pinchar.

A Frausto le queda el sexto un largo y degollado toro, con una cornamenta –increíble decirlo- agradabilísima de esos cornicortos que –Dios no lo quiera- atinan, hacen daño. Ricardo antepone la planta, en la chicuelina de recibo y en la villaltina –chicuelina más tafallera esta vez a compás abierto- que se cierran con un precioso doble recorte cambiándose de mano que levantan ovaciones.

El novillo se encela e incluso se arranca del burladero de la Porra hacía los medios para que Frausto se guste en el péndulo y en los derechazos siguientes donde el novillo muestra dos condiciones, la tardanza pero la nobleza así como el temple y su cansina embestida.

Por ello cuando el hidrocálido deja la muleta –aunque no cuadrada- delante del hocico del novillo, los naturales encadenados y en desesperante lentitud hacen romper la gris aurora con el rugir de la multitud. Y era el momento de seguir y exprimir ese pitón lo que durase. Pero las estridentes recomendaciones del callejón hacen volver a la derecha, a cambiar perfil y el novillo desluce con la cara arriba.

A la vuelta de Frausto con la zurda el novillo no es el mismo, sin embargo, la buena planta del torero, su sello hacen que la expectación no se pierda sino al contrario. Cierre por alto emociona y antecede un infame bajonazo que incluso su administración festejó como si de un volapié a lo Costillares se trataba.

Es claro que la gente “la mayoría” quería la oreja. Error. El bajonazo echa a tierra todo. Esta vez, justo es decirlo, Gilberto Ruíz Torres ha estado y ha puesto las cosas en su sitio. Y aunque podría haber pasado por alto la famosa mayoría peticionaria, justo es decir que no permite que el se imponga el bajonazo. Mal por las mulillas estacionadas en doble fila indebidamente. Arrastre por favor, pronto y en la mano.

La espada por algo es la suerte suprema. Ayer la lección es clara, si la suerte suprema no se consuma la gloria se corta. Alguien decía que, “qué importa la espada tras haber toreado –Lomelín, en su caso- como toreó.” Hay que culminar lo que se comienza y por todo lo alto.

Sino acabaremos premiando bajonazos, en la contrariedad de la bruma y la neblina en el reino de la flojedad y en la trampa de la nobleza.

Menos mal estamos en novilladas y afortunadamente el camino apenas empieza.

Tomen nota los que vengan.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada de Novilladas 2012. Domingo, Julio 15 de 2012. Segunda de la Temporada. Menos de un cuarto de plaza en tarde de cielo cárdeno y lluvia intermitente en la lidia del segundo y fuerte durante la lidia de tercero y sexto.

6 Novillos, 6 de La Guadalupana (Divisa Tabaco y azul celeste) Muy desiguales de presentación. Muy justos los tres primeros, levemente mejor de trapío el resto. Toda muy pobre de cabeza. Floja en general y mansa de inicio. Débil el segundo y desplomado el tercero. Con fondo bravo el cuarto, el mejor en la muleta. El quinto manso y tobillero mientras el sexto tuvo un pitón izquierdo estimable.

César Ibelles (Blanco y oro) Silencio y Saludos con leve división. Antonio Lomelín (Rioja y oro) Gran ovación con saludos tras dos avisos y Leves palmas. Ricardo Frausto (Grana y oro) Silencio tras aviso y Vuelta tras petición y absurda bronca a la Autoridad.

Destacan a la brega Sergio González Francisco López. Destacó en banderillas Rubén Ávila.

Atinada la Autoridad al valorar correctamente el bajonazo del tercer espada al sexto de la tarde y negar la oreja a pesar de la bronca desatada por parte de una aparente mayoría.

2 Comentarios »

  1. No sé lo que ocurrirá en México ─lamentablemente no conozco ese país─, pero en España, cuando a un lector se le ocurre hacer un comentario sobre una crónica o una información taurina, casi siempre es para mostrar ─frecuentemente con malos modos─ su total disconformidad con lo leído.

    Y digo esto porque tras leer la anterior crónica-crítica del Sr. Maya Lora, me queda la agradable sensación de haber “presenciado” o “vivido” in situ la segunda novillada de la México, y ello hasta el punto de sentir la imperiosa necesidad de felicitar y agradecer al autor ─y no es la primera vez que lo hago─ la sencilla, a la par que completa, forma en que “nos cuenta” lo acontecido en el ruedo, al tiempo que analiza el juego de las reses, el desarrollo de la lidia, la estructura y los pormenores de las faenas de capa y muleta, el comportamiento y las reacciones del público ante los diversos y puntuales lances de la lidia y un sinfín de detalles que permiten acercar el festejo al lector.

    Basta echar un vistazo a las webs taurinas españolas para persuadirse de que la crítica en España está llena de advenedizos, cuya supina ignorancia sólo es comparable a la zafia y a todas luces incorrecta forma en que se expresan. De ahí que leer una crónica ─que a su vez es crítica─ como la que es objeto del presente comentario, constituya un auténtico soplo de aire fresco. Y se agradece.

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  2. Como siempre magnífica crónica. Ayer escuché tu intervención en radio y la verdad es que también lo que escribes coincide con lo que narraste. Aunque debo decir que aquí moderas el entusiasmo un tanto más.

    Pude advertir que esta ocasión nos has envuelto en la tarde tan nublada de La México, novillada a la que asisti.

    Quisiera saber si un novillo como el cuarto, puede en tu opinión considerarse o juzgarse como un novillo bravo lo digo porque he notado que siempre pones que los toros pueden iniciar de un modo y rematar de otro.

    Bien por tus atinados comentarios y coincido con lo del Juez al menos alguien tuvo criterio y pantalones en la mexico. Saludos.

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