
En las charlas taurinas, cuando queremos explicarnos la baja asistencia a los cosos, entre otras causas hablamos acerca de lo poco codicioso que está el toro actual y del futuro que le aguarda al espectáculo taurino, cuyo protagonista principal se encuentra, en general, ayuno de fuerza, brío y acometividad. Tenemos la sensación de repetirnos al explicar el porqué, ya que cualquier aficionado sabe que se ha llegado hasta aquí por tomar un camino, aquel que transita solamente por la búsqueda de la nobleza y de la suavidad en la embestida.
Un toro así es poco capaz de emocionar, pero desde hace años, las figuras y la cohorte de taurinos que les protegen, han exigido un toro noble, colaborador y sin peligro, que les permita el lucimiento y así torear un ciento de corridas al año. Sólo si el ganadero cría este tipo de producto tiene asegurada la venta y el futuro de su explotación.
Muchos ganaderos, son conscientes de la presión a que se ven sometidos y no tienen otra alternativa que claudicar ante sus exigencias si quieren seguir vendiendo sus toros. Sin embargo, existe aún un reducto de ganaderos que persisten en sus principios, y es refrescante escuchar que existen ganaderos que no cejan en el intento de no dejarse seducir por la mayoría y saben que a la larga les será fructífero.
Por eso el jueves pasado me dio gusto acompañar al grupo de Bibliófilos Taurinos de México que preside Jorge Espinosa de los Monteros, en la entrega de un bello trofeo que se ganó con justicia, la ganadería de Cuatro Caminos de los ganaderos Francisco y Sergio Hernández Weber, por la corrida con la que cerró la Temporada Grande 2011-2012 en La México. El 18 de marzo de 2002 Christian Ortega recibió una oreja al igual que Víctor Mora y Fabián Barba tres que le valieron para salir a hombros junto con Sergio Hernández.
También que el resultado del domingo pasado en La México en el que se lidiaron novillos de El Rocío de Manuel Fernández y de Los Ébanos para un rejoneador y cinco novilleros de los cuales destacó el novillero colombiano David Martínez, sin embargo lo sobresaliente fue que los novillos de las dos ganaderías, ofrecieron un gran juego y emotividad propiciando que el público asistente pidiera una vuelta al ruedo para el ganadero de El Rocío quién se llevo para su satisfacción, el cariño del público asistente. Cabe mencionar la valiente pega de los Forcados Teziutecos.
En la tierra de estos últimos, en Teziutlán, Puebla en la plaza de El Pinar se cerró la feria con una corrida de la legendaria ganadería de Piedras Negras, la cual goza de cabal salud en su concepto ganadero, y fue materia prima propicia para un gran triunfo del torero de Guanajuato, ahora avecindado en Aguascalientes, Israel Téllez quién después de obtener tres orejas salió por la Puerta Grande.
Y luego, el lunes 13 de agosto, en el festejo tradicional en la cercana población a la capital del país, Santa Clara, en el Estado de México, con gran seriedad se llevó a cabo una corrida de toros en la que se lidió una señora corrida de la ganadería hidalguense de Huichapan del escrupuloso ganadero Don Adolfo Lugo Verduzco, quién no claudica en su manera de entender y presentar sus ejemplares en las plazas en las que se presenta.
Los astados que tienen ascendencia en la ganadería de Jesús Cabrera, fueron lidiados bajo un diluvio y conllevaron la emoción de su juego, en el lodoso ruedo de la plaza portátil de La Guadalupana, la presencia entre otras personas distinguidas de Gabino Lombana, los Arroyo Chucho y su hijo Pepe, con el nieto Pepe chanelando sobre toros a sus trece años con gran fondo al comentar sobre el ganado, acompañaron al ganadero, a su hijo y a su esposa que hicieron que la mojada por ver un encierro así, valiera la pena.
En el ruedo Ismael Rodríguez, Víctor Mora, y Oliver Godoy se jugaron alegremente el pellejo junto con sus cuadrillas, para darle realce a la fecha dedicada a la Santa Patrona, Santa Clara de Asís.
Los astados codiciosos, pero con una gran nobleza, para que Oliver por una faena con pasajes en los cuales se nota su buena técnica obtuviera la oreja del sexto de la tarde. Ismael Rodríguez con valor y gran disposición por remontar la empinada cuesta de la gloria taurina. Víctor Mora se salió de su estilo, para darle gusto a una galería integrada por gente entusiasta que no se arredró ante la lluvia y que aplaudió a Víctor, quién toreó con demasiado atropello y poco reposo pero que alegró a la aterida concurrencia.
Por último mencionar que el querido Gonzalo Martínez, propietario con sus hijos de la ganadería de El Palomar, lidió en San Miguel Allende una novillada que nos relatan tuvo muy buen estilo, lo cual hace honor a un personaje emblemático de nuestra fiesta.
Así las cosas, felicitar a quienes respetan en su integridad al principal personaje del toreo, el que se expresa con sabiduría en el ruedo, cada que se le lidia.



Responder a Óscar López GamboaCancelar respuesta