Ocho con Ocho – El Taquito por Luis Ramón Carazo

20120910-121242 p.m..jpg

MEXICO, DF. – El tradicional restaurante «El Taquito» fue sede de la presentación del libro del mismo nombre, de Rafael Guillén Hernández.

El 5 de septiembre de 2012, cumplió fructíferos 80 años Don Lalo Gazcón, comerciante que ha logrado conjuntar un grupo de empresas exitosas. Hoy a cargo de sus sucesores quienes nos invitaron con un grupo de amigos a celebrar el feliz acontecimiento, en un lugar muy tradicional del centro de la Ciudad de México. Entre los presentes se encontraban varios miembros de lo que fue la Casa Pedro Domecq, como los hermanos Nogueira y Antonio Ariza Alduncin, así como también los actuales directivos de las casas vitivinícolas más importantes del país.

La cita fue en el tradicional El Taquito, de grandes recuerdos para Lalo por qué ocupó el puesto de garrotero y de cajero cuando en su juventud, pretendió convertirse en novillero. El sitio le era cercano a la tienda de su papá y podía convivir en el mejor restaurante de ambiente taurino, con figuras de tanto renombre como Garza, Silverio, Armillita, Manolete entre otras muchas, que por ahí se reunían a chanelar de toros.

Me hizo entrega del libro” El Taquito una historia que contar” su autor Rafael Guillén hermano de Marcos y miembro de la descendencia de los Guillén, en su tercera generación desde los fundadores del lugar en 1923. En sus páginas se narra y se muestran imágenes de un lugar emblemático de México.

Platicando con Lalo, su familia, amigos y colaboradores, recordamos entre otras muchas anécdotas la celebérrima de cuando a la cárcel del Carmen (calle en dónde se ubica El Taquito) fue trasladado Lorenzo Garza. Lorenzo en un lapso de días, primero obtuvo los máximos trofeos que se otorgaban en aquella época oreja y rabo el 11 de diciembre de 1946 en La México de dos toros de Pastejé, Amapolo I y Buen Mozo, con la respuesta de Manolete de una oreja en su primer toro y los máximos trofeos de Manzanito, el segundo de su lote.

Fue también la fecha de la presentación de la ganadería de Eduardo Iturbide (descendiente de Agustín Iturbide) en el coso máximo y que según relatan quienes estuvieron como Lalo, que se caracterizaba por ser muy codiciosa en sus embestidas. El tercer hombre fue el Ahijado de El Matadero quién confirmó alternativa.

Luego, vendría la anécdota de la cárcel para Garza para ser preciso el 19 de enero de 1947, se lidió esa tarde, un encierro de San Mateo que por el poco trapío, fue protestado ruidosamente por el público que llenaba hasta el reloj la plaza de toros México.

Nos relata Lalo con el brillo característico en los ojos producto del inmediato recuerdo que Garza actuó con gran displicencia. Fue cuando un aficionado de las barreras de sombra, le lanzó un cojín al rostro al llamado Ave de las tempestades, quién tomó un estoque para tratar de vengar la afrenta, subiendo al tendido para herir al agresor.

El aficionado que golpeó con el cojín a Garza, fue el papá del que fuera por muchos años directivo del fútbol con el Puebla, Emilio Maurer y afortunadamente Lorenzo antes de atravesarlo, fue detenido.

Con Garza, actuaron Manolete y El Vizcaíno llamado así no por ser natural de Vizcaya, sino por ser un poco bizco. La inusitada bronca es tal vez la peor de la historia del coso capitalino. Se multó con diez mil pesos a la empresa por haber vendido más boletos de los autorizados y con cinco mil a la ganadería de San Mateo, por la poca presencia del ganado.

Parte del público muy encrespado, destruyó a todo cuanto tuvo a su alcance, el reloj, los anuncios, los respaldos de los asientos y los arrojó al ruedo. Garza fue llevado a la cárcel del Carmen y también fue multado con diez mil pesos. Durante el festejo, Manuel Rodríguez (Manolete), le cortó la oreja y el rabo al toro Boticario y Arturo Álvarez El Vizcaíno toreó por última vez en la plaza México.

Hacia la zona de El Carmen se traslado gran cantidad de personas y Paco Malgesto genial periodista, realizó un control remoto desde la cárcel. De El Taquito salieron las viandas para Garza y muchas personas que aguardaron en sus salones hasta las 11 de la noche del día siguiente, 20 de enero de 1947 a que saliera de la cárcel el regiomontano.

Por el suceso, las ocho columnas de los diarios, se las llevó Garza obligando a Manolete a declarar que ”ni por ser el máximo triunfador aparecía él en primer plano” Esos recuerdos le llegaron a Lalo como si los estuviera viviendo hoy, comentó que por la detención de Garza hubo un fiestón en El Taquito y también otro popular en las calles aledañas en dónde se ofrecieron todo tipo de antojos para los que iban de curiosos a la calle de El Carmen a ver a qué hora salía el matador.

En su texto de introducción al libro de El Taquito, Alberto Carbot señala que «también vale una misa», y que «es más que un lugar donde se puede dar rienda suelta al hedonismo culinario. En él, en medio de los exquisitos aromas y sabores de la buena cocina mexicana, al calor de un buen trago, pueden comentarse los sucesos del día o deshilvanarse recuerdos de un México que ya no es igual».

El prólogo es de Jacobo Zabludovsky, quien señala que «antes de que la ciudad se mudara quien sabe a dónde, ‘El Taquito’ era el centro de un reloj que a las doce marcaba Tepito, a las tres el Abelardo Rodríguez, a las seis La Merced y a las nueve La Lagunilla. Era el centro del Centro».

Así celebró su cumpleaños Lalo Gazcón rodeado de muchas personas que lo apreciamos y admiramos su capacidad para ganarse la amistad y reconocimiento por su trayectoria en el comercio, la taurina queda como un capítulo de sus intenciones juveniles y es parte que él atesora con gran cariño.

El Taquito sigue en pie en una zona plagada de vendedores y de tiendas, pero entrar es como viajar en el túnel del tiempo a un lugar con la magia de los grandes sitios, como lo platicaba con los subalternos Güeros de la Capilla y los Angelillos, también invitados como el matador Antonio Urrutia al emotivo evento.

El domingo 9 de septiembre en La México, buen encierro de San Antonio de Padua de Mónica Hernández Weber para los novilleros Ávila de la Torre, que recibió como Karla de los Ángeles, una oreja, las dos protestadas mientras que dos novillos recibieron el homenaje del arrastre lento. Adrián Padilla leonés que recibió la oportunidad después de lanzarse de espontáneo hace dos semanas, sin pena ni gloria.

Deja un comentario