Una desgracia el lamentable cierre de la Regia Inauguración. Que lo fue, por su forma y marco, porque no ha fallado la Empresa como sí lo ha hecho el encierro y de ahí, a peor, la Afición. Lo consignamos con tristeza porque la Plaza México, a veces caprichosa, históricamente, hasta en el puchero ha tenido torería. Hoy solo nos queda una confusión espiritual que quiebra el taurinismo y que solo responde a un interés malsano, mezquino y sombrío.
Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.
Si se da efecto retroactivo en perjuicio de persona determinada a una acción presente habremos cometido, en el más estricto de los derechos, una injusticia.
Esto ocurre en la apertura de la Monumental México y su Temporada Grande.
La Afición, que ha empezado tan monumental como la Plaza con ese tributo a Mariano Ramos y sus cenizas, con ese arreglo florar, esa pintura y bajo el cielo claro y alto de Mixcoac, acabó peor que un pleito de vecindad.
Viendo solo lo que se quiere ver y no lo que ha ocurrido.
Tenemos que Xajay intenta y se queda corta por desigual y dispar, por floja y mansa en lo general. Muestra de ello es el primero, al que solo Enrique Ponce habría de poder hacerle pasar y verse mejor. Desde recibo el retacadísimo toro muestra flojedad, Ponce luce en los lances, en un quitazo por chicuelinas tras derribo y cornada al caballo de picar y templado tercio de banderillas.
Muleta enfrente, sin agobiar, sin estorbar, simplemente en el sitio. El oscuro cárdeno “Artista” que abre Temporada puede tan solo caminar cuando Ponce le alivia y le brinda lo que no tiene a partir de la perfecta media altura. Solo que para la asistencia esto es un frentazo a la ilusión. Preciso al natural, Enrique solo puede rematar con una estocada hábil para recibir palmas.
Xajay decepciona porque el que abre Temporada se desploma.
Sin embargo, justo es reconocer que el segundo es todo un toro. Su presencia, capa en oscuro gris, las arrugas de su rostro y su amenazante poder, se imponen a Fermín Spínola que entra a la lidia con torpeza en el lance a pies juntos. Duda Spínola la segunda vara y el toro, encendido previo a banderillas, se cobra en la muleta.
Los doblones no tienen lo que un pase de castigo ha de tener. Solo acentúan la movilidad del toro, lo complejo de la posición de Fermín que se enfrenta al rigor y a la reserva de la primer embestida de “Tipazo” pero que en cuanto dispara al frente exige toda la largueza de la mano derecha, todo el poder de la muleta armada y la mano al piso para someterle.
Pero la confusión cunde. Spínola, sobre la línea, termina por pasar de los medios al tercio frente a toriles sin imponerse, dejando que el toro lograse invadir sus salidas y estorbar los remates. Drama en la embestida, urgencia en el torero al no llegar la calma.
Esto cambia, muleta a la zurda. Parte porque el toro es aun mejor por ese pitón, porque Spínola, aunque discretamente, trata de pisar el terreno. Incluso con la mano derecha donde el toro le dobla contrario. Ahí, en vez de domeñar acaba entablerado y con un toro así es punto menos que recomendable que el diestro acabe sin darse cuenta, entre la división por el enganchón, de cara a la suerte contraria frente a toriles.
Cita Fermín a recibir a un toro que nunca ha sido sometido, lo hace en su querencia y que siempre le ha sorprendido en el primer cite de cada tanda. En consecuencia, en el cite postrero, tal efecto habría de replicarse. Pinchazos. Voltereta en el segundo viaje, grave y dura. En gesto torerísimo, como director de lidia, Enrique Ponce, marca la línea a seguir y dobla el fuerte y arrogante toro.
Aun muerto aun resuenan sus pisadas, aun se siente su poder y lo resiente su matador con la incómoda división. Atención. Arrastrado el toro, la “Afición” hace mutis.
Salta el encendido y cárdeno tercero, el menos toro de la corrida.
Es para Diego Silveti, quien, sentimiento por delante, abre el compás y alinea sus brazos a la verónica. Son tres, Diego no aguanta caminar hasta los medios porque le aprieta “Bonachón”. La media es vertical, en sello rojo lacrado, a pitón izquierdo y el olé surgido más que bueno.
El puyazo dispara las posibilidades del bajo y descolgado cárdeno. A los medios, a compás abierto, Silveti traga y hace tragar las gaoneras, emocionantes aunque no del todo limpias. La cuadrilla no dilata y en el brindis a la generalidad la gente hace patente su cariño al novel torero.
Se extiende la estela en el cincelazo del pase por alto en el mismo sitio, un puñado ha sido. Ya sabemos, a Diego todo lo que le requiera no tirar por bajo, con largueza para ligar sobre el mismo pitón le viene perfecto. Por ello tras el explosivo inicio por alto queda saber si puede muleta en la derecha correr la mano a un toro que protesta pero que acude, pronto y largo.
Silveti parece apuntar la ligazón y la extensión del pase pero la muleta no somete a partir del segundo derechazo porque fundamentalmente no saca la muleta por debajo del pitón para girar y tras someter hacer surgir el temple. Pero hay emoción porque el toro tiene casta y raza para acudir al engaño. Diego replica en una mejor tanda con la mano diestra previo a pasar a la zurda y no cuadrar.
Para torear, hoy deben potenciarse las virtudes y aminorar los defectos de la embestida con la muleta. Sin embargo, como la muleta a la izquierda no se cuadra y deja en el pase ir a su aire al toro, en su natural, Diego Silveti corre la mano sin someter ni lograr que el toro progrese.
Aun quedan tramos por recorrer y bretes por remover para el joven Silveti. Vuelta a la derecha con el toro a menos. Los remates altamente festejados, anteceden a miradas y complacencia a la concurrencia, justo cuando en los toros el dialogo del artista debe ser con su obra, con su entendido y nunca con el tendido.
Sin embargo, queda el cierre. Por alto en joselillinas de alto voltaje a toro levantado y acudiendo de largo cada pase es una descarga al corazón del público. Se engolosina Diego, pase de pecho y desdén para nueva vuelta a la galería justo cuando, sin dejar pensar al toro, había que irse detrás del acero. A brazo encogido, de nuevo, viene un sartenazo infame. Cómo no habría protestas a la vuelta al ruedo.
Aquí, en el “ya merito” de Diego, acabó la corrida para dar paso al preludio del sainete. Y comenzó con un toro mal hecho, estrecho de cuerpo, amplio de cuerna para Ponce, que ni siquiera frente al valenciano pudo tener un pase. Que ya es decir.
Spínola vuelve de la enfermería a echar el resto, quizá tarde, pero con decisión. Cuando él ha querido el toro ha dicho no. Banderillea diligente, pero sin que el toro crezca por expresa falta de bravura. Dura tarde para el mexiquense.
Con el manso sexto, solo puede Silveti imprimir emoción en la saltillera y arrimarse ante un toro flojo que no podía ni con su alma. Diego comienza abierto en los medios y prosigue hasta arrimarse, optar por la cercanía cerca de tablas, asustar a algunos y de nuevo entrar a matar a brazo encogido.
Aun sobre descabello fallido, tras acertar, siente el torero merecer un premio. No es así.
A la muerte del cuarto, Ponce anuncia un regalo recibido con una satisfacción contraria a la que fue recibido un “alacrán” con más orejas que cuernos.
Mal nombrado “Tapabocas” es un veleto, de cepa muy gruesa y muy astifino. Su cuerpo, hondo, muy, demasiado, bajo no desmerece en presencia pero la asistencia echa mano de dos presunciones, que no admiten prueba en contrario, infundadas.
Veamos. Enrique Ponce es el torero que más veces “le ha visto la cara a la Afición”, es lógico “después de lo de Querétaro”, que mate esto. “In dubio versus reo.”
Al ser la cabeza del cartel, sumado a lo anterior, Ponce tiene necesariamente “la mano” para escoger y decidir que se mata o no. Es su culpa: “In claris interpretatio fit.”
Falso. Ambos argumentos falacias son.
El toro séptimo, no ha tenido menos trapío que el bajo y vareado tercero o que el bizco quinto. Toros más feos que éste incluso se han indultado en La México.
Pero lo regala Ponce y el “pasado negro”, aunado al nulo taurinismo, la poca orientación y la Ley privativa aplicable al caso, desatan el demonio mayor de la Plaza México, la flojedad de su público.
La asistencia hoy vive, tal como la mayoría del mundo taurino, de la apariencia.
No basta que sea un toro por fuera, en apariencia.
Se cobra la “Afición” no la supuesta falta de trapío del sobrero –lo he visto a dos metros y lo tiene de sobra- sino la falta misma de su taurinismo. Porque este público va a todo menos a ver al toro. Así se la vivió seis turnos pero de pronto, para seguir en la moda taurina, se inventa una bronca que lo único que hace es evidenciar su falta de sitio.
Los toros son así y no se vale llorar.
Solo recordemos a esa Señora hoy enfadada, caprichosa y dilapidante, nombrada Multitud, que más que pelear, históricamente, le gusta que con ella se reconcilien.
Tan dulce como en eso consiste la hoy aparente e imposible solución. Al tiempo.
Twitter: @CaballoNegroII.
RESUMEN DEL FESTEJO.
Plaza México. Temporada Grande 2012-2013. Regia Inauguración. Domingo, Octubre 28 de 2012. Primera de Derecho de Apartado. Tres cuartos de plaza en tarde fresca con cielo claro e intermitente viento. Mucho ambiente y gente guapa en los tendidos. Reventa moderada. Broncas en el tendido acabado el festejo
7 Toros, 7 de Xajay (Divisa Verde y rojo) Desigual y dispar en presencia y comportamiento. Flojo el primero. Con emoción y bravura dura el segundo. El tercero tuvo amplio recorrido con la muleta pese a su protesta. El resto flojo y manso. Cuarto y quinto sin un pase. Manso el sexto e imposible el de regalo que la gente no dejó ver.
Enrique Ponce (Grana y oro) Palmas, División tras aviso y Fuerte bronca de almohadillas tras dos avisos en el de regalo. Fermín Spínola (Turquesa y oro) División y silencio. Diego Silveti (Sangre de toro y oro) Vuelta con protestas y Ovación tras aviso.
El segundo espada fue duramente golpeado al intentar entrar a matar al segundo de la tarde con cornada interna en el escroto y puntazo en la parte interna del muslo derecho.
Difícil tarde para las cuadrillas, apresuradas y enganchadas, apenas destaca mariano de la viña a la brega y Salomón Azpeitia a caballo tras picar al tercero de la tarde.
Se despidió tras una sentidísima vuelta al ruedo al Matador de Toros, Mariano Ramos recientemente fallecido. Salvo el segundo espada las cuadrillas acompañaron la vuelta al ruedo con las cenizas del torero acaecido. Fabuloso minuto de aplausos.





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