Ocho con ocho – El 9 de diciembre por Luis Ramón Carazo

toreromanolete

Los aviones que llegaban a México en 1946, hacían una parada obligatoria en Mérida procedentes de la Habana. Hacia final  de aquel año uno de los viajeros más importantes era Manuel Rodríguez Sánchez recordado  por el mundo con el apodo de Manolete.

Hacia Mérida se dirigió Paco Malgesto con los micrófonos de Radio Mil para recabar las impresiones de la llegada a México del Monstruo de Córdoba. Posteriormente la noticia prende a la capital del país, se concentran miles de aficionados en el antiguo aeropuerto de Balbuena para recibir al torero cordobés que por el recibimiento se enamora de inmediato de su gente.

Manolete se hospedó en el hotel Reforma y con mano ligera firmó todo lo que se le puso por delante, amén de alguna frase o una sonrisa con la que acompañaba el autógrafo. Para prepararse para la confirmación de alternativa en el Toreo de la Condesa, dónde se ubica hoy El Palacio de Hierro Durango, se traslada al rancho de la ganadería de Torrecilla de la cual procedería el toro de su confirmación de alternativa.

¿Por qué lo recordé? Porqué en un 9 de diciembre nació José Luis Carazo Vega Arenero y desde hace 20 años añoro la charla en su cumpleaños y la reiteración de la anécdota en voz propia de quién por el año 1946 deseaba ser figura del toreo. Arenero se fue a formar dos días antes del festejo del 9 de diciembre de 1945 para conseguir un boleto y ser testigo directo de la confirmación del cordobés llevando como padrino a Silverio Pérez y de testigo a Eduardo Solórzano.

Después de dos noches en la fila soportando el frío y calor decembrinos, el domingo por la mañana tuvo en sus manos una sombra general pasaporte para ser testigo de la inmortal tarde. Con el tesoro en la bolsa se dirigió a su casa y sin decirle nada a su mamá Doña Josefina  Vega se fue a dormir y lo hizo profundamente. Por ahí de las 3 de la tarde mi abuelita hizo un ruido y afortunadamente despertó y cuando le preguntó a su mamá ¿Por qué no me despertaste? “Te vi muy cansado “respondió.

Al vivir no tan lejos de la plaza salió corriendo para llegar a tiempo de la confirmación con Gitano de Torrecilla del español la faena inolvidable mereció la oreja y el rabo, trofeos máximo permitidos por el reglamento taurino de la época. Con los espectadores al borde de la locura se puede ver en las pocas imágenes de la época.

Silverio no se quedó atrás y también obtuvo los máximos trofeos de Cantaclaro para dar batalla a Manuel, como se lo había pedido días antes el presidente de México Manuel Ávila Camacho y con el rumor fuerte, de que antes de esa tarde el de Pentecostés había firmado su testamento.

Eduardo Solórzano al finalizar la corrida decidió despedirse de los ruedos. Manolete fue herido por su segundo astado cuando lo lanceaba. Convaleciente el diestro,  el inolvidable Paco Malgesto  lo entrevistó en el hospital y  comentó que la cornada era previsible, cuando le preguntó ”¿Por qué no te moviste si era claro que te cogería?” encontró  la respuesta seca del torero “si me muevo, no sería Manolete”

Cada 9 de diciembre como hoy, me gustaba preguntarle a Arenero lo que se había vivido en México con la llegada del hispano y él con la mirada brillante que tenía, la rememoraba para los que ya nos la sabíamos sus hijos ( Francisco Víctor hoy en día con él en el cielo) conforme fuimos llegando al mundo y los amigos nuevos que nos acompañaban a celebrarlo en compañía de mi tesoro más grande, Lolita su esposa y mi madre que hacía cara de novedad cuando ella hoy en día todavía me repite la anécdota para recordar a su pareja de toda la vida.

En 9 de diciembre pero de 1951 también sucedió El Litrazo o fracaso de El Litri en su debut como matador de toros en La México. La misma fecha  pero sin el mal resultado de El Litri confirmó El Niño de La Capea en 1973, en 1990 Fernando Lozano y en 2001 Fermín Spínola.

Arenero llegó hasta Lozano (hoy en día apoderado de Juan Pablo Sánchez) que aunque español fue nacido en México, para ser más exacto en San Luis Potosí, por qué su mamá la esposa del querido Don Pablo Lozano, La muleta de Castilla era nacida en  la capital tunera.

Pues bien en el 2012 contar que el 9 de diciembre en La México se lidió un encierro disparejo, débil y en muchos momentos de comportamiento light al  de Marrón del que sólo obtuvo provecho Eulalio López El Zotoluco, quién entre división de opiniones recibió dos generosas orejas que le otorgó el juez de plaza.

Indudablemente lo valioso de la faena de El Zotoluco fue la muestra de sólida tauromaquia del torero  en una parte de su vida taurina, en la que brilla por su experiencia y reposo con su primero por fallar con el acero perdió una oreja que ya tenía ganada.

José María Manzanares se fue sin pena ni gloria al igual que Mario Aguilar que apunto temple en el que cerró el festejo. En el quinto un buen puyazo de David Leos le valió para salir entre ovaciones.

El domingo 16 de diciembre reaparece en La México Juan José Padilla con Federico Pizarro y Joselito Adame en el cartel, con mucho gusto lo esperamos. Ya veremos quién se lleva el gato al agua.

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