El Pana en España: “El parné no sé dónde lo he dejado, soy rico espiritualmente”.

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Por vocesdecuenca.es

“El sentimiento propio de una persona, de un torero que lleva el sentimiento a flor de piel”. Eso es lo que representa, según sus propias palabras en una entrevista con junto al empresario taurino Maximinio Pérez, ‘El Pana‘, el diestro mexicano que el próximo 25 de agosto regresará a España para torear en la Plaza de Toros de Cuenca junto a El Cordobés y Juan José Padilla.

En la conversación, este veterano y atípico torero considera que cuando se retire se cerrará un libro del romanticismo del toreo.

“Con el Pana se cierra ese capítulo de los últimos románticos que había en el toreo, aquellos torerillos que corrían la legua, yo creo que el Pana será el último representante del romanticismo en el toreo sobre todo en mi país”. Habla en segunda persona de si mismo el torero mexicano, lo cual nos resulta extraño y divertido.

Cuando Maximino le señala que en España se comenta que ha toreado “donde y cuando con quien ha querido”, El Pana contesta que “se torea porque se es torero” y que “lo que se busca en esta difícil y azarosa tarea de lidiar reses bravas es darle alegría a tu persona”.

Afirma que “tienes que estar bien contigo, es como un alimento espiritual para el toreo entonces no importan los carteles, sí la materia prima, que es importante en esta procesión, pero lo del parné es secundario y nunca he negado la participación de un compañero en uno de los carteles en los que participo”.

Sobre la importancia del dinero en su vida, se remite a una frase se compatriota José Alfredo Jiménez, “el parné no sé dónde lo he dejado”.

En esa línea señala que “lo que he ganado me lo he divertido, algo de lo que he ganado como torero lo he rescatado, cuento con la casa que le compré a mi madre; yo tengo una finca en México” y añade que “a mí en lo personal se me hace una actitud bastante pagana estar contando parné, siento como que no es lo mío, ser torero para ganar dinero, más bien estoy aquí por satisfacción, por gusto”.

“Al principio sí tuve que sacar a mi familia de la miseria, pero ya no es tan fundamental en mi carrera como torero”.

“Soy rico espiritualmente, me gusta estar bien conmigo mismo, con mi Dios, con mis semejantes, soy un hombre satisfecho personalmente”.

Tras un único paseíllo en España (un mano a mano con Morante en Vistalegre en 2008) se muestra contento de tener la oportunidad de ir a conocer Cuenca y todas esas maravillas que me cuentan de ella y poder torear en su plaza.

Explica que la elección de esta ciudad para su regreso a España se debe “a la admiración que los hijos del empresario tienen por mi y fueron los que intervinieron para que el Pana pudiera hacer el paseíllo en Cuenca”.

Le preguntamos que si en caso de haber suerte la corrida se pegaría uno de sus famosos festejos, mas serio afirma lo siguiente: “Mira, gracias a Dios a base de mi enfermedad, el alcoholismo, en la actualidad sabemos ya controlar las emociones. Antes tomaba la sustancia porque triunfaba o fracasaba, ahora ya controlamos ese aspecto de las emociones, ahora ya no hay celebraciones muy rimbombantes donde antes había mucho vino, mujeres al por mayor, alguna que otra sustancia prohibida, ríos de lujuria y todos esos destrampes de los toreros vagos. Ahora estamos muy calmados, estamos en tranquilidad con nosotros mismos y a la par con el Pan/Padre”.

En el caso del fracaso, la reacción sería la misma. “No, lo mismo. El triunfo y el fracaso son subjetivos así que se toman las cosas como vienen. Ya no me mueven las emociones, hay que ser ecuánimes”.

La trayectoria vital y la llamativa personalidad del mexicano auguran una tarde repleta de emociones.

Como cuando consiguió conmover a 20.000 personas en la Monumental Plaza México en su ficticia despedida de los ruedos. “En la vida no se puede dar lo que no se tiene. Entonces para poder expresar todo ese sentimiento del torero, en una tarde tan importante como la del 7 de enero de 2007 se tuvo que haber caído muy abajo. Cuando tienes ese sentimiento a flor de piel es cuando lo expresas, y cuando conectas inmediatamente con la gente y lo transmites.

Como dijo Belmonte y dijo muy bien: “El toreo es un ejercicio espiritual”. Cuando tú te expresas, te explayas, te das a esa gente, esa gente adquiere contacto contigo. Después de esa actuación me he enterado que había aficionados que habían llorado esa tarde y compañeros míos también”, reflexiona.

Twitter @Twittaurino

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