Aquellos hombres de bronce.

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De SOL y SOMBRA.

El torero también ha cambiado. Aquellos hombres “de bronce”, con patillas de boca de hacha, barrigudos y cuarentones, con una amiga flamenca, cuyos partes facultativos solían terminar, como el de Pepe-Hillo “entró en esta enfermería con algunos espíritus de vida” han sido sustituidos por jóvenes atléticos, generalmente cultos, que hablan varios idiomas, tienen novias de la alta sociedad y se curan con penicilina.

El antiguo rito, que enlazaba a la “corrida” con los toreros y minotauros de los vasos de Creta, con Tartessos y los incendiados toros ibéricos, con el culto de Mitra, en el anfiteatro, los caballeros árabes y el Cid en Madrid, ha evolucionado hacia un alegre espectáculo en tecnicolor.

Para sobrevivir han tenido que adulterarse. Como las antiguas y medievales Órdenes Monásticas, se han visto obligadas a poner piscinas en sus colegios.

LOS TOROS SALTAN LA BARRERA / AGUSTÍN DE FOXÁ
LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2006

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