3ª Novillada Guadalajara: Ante la invalidez vacuna se estrellaron los nóveles…

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Por Francisco Baruqui.

Será porque era quincena, pero vi más gente en los tendidos. Gente que decepcionada por el juego de los bóvidos y empapada por el diluvión cortito pero intenso que cayó, recuerdo poco, muy poco, poquísimo grato tuvo de la función.

Reses de Jorge Hernández Andrés/ Real de Valladolid, —así se anunciaron—, mal presentadas, salvándose dos por su romana mayor, pero acusando todas miseria en sus cabezas y lo más grave, un descastamiento y falta de fuerza, lo que indudablemente derivó en sosería, con un desfile de bureles inválidos e intrascendentes que apenas podían estarse en pie, humillados desde salida, fueron al penco con algodones pues se veía, —sólo la autoridad invidente no se dio cuenta de la situación, cuán grande le está quedando la plaza de Guadalajara—, que el espectáculo iba a estar, como a la postre estuvo…. ¡Por los suelos..!

La bobaliconería es consecuencia de la falta de raza y de fuelle enmarcada en una por demás manifiesta mansedumbre que añadiéndosele una debilidad enfermiza pues ya… Ya se vió.

Por mucho entusiasmo; por muchos deseos; por mucha voluntad y enjundia que hayan puesto los toreros, dándose el frentazo con astados así, el escaso lucimiento que pudieron alcanzar redunda en precisamente en esto: enjundia, voluntad, deseos y entusiasmo.

Mirafuentes de Anda sabe manejar la capichuela; lancea a la verónica marcando tiempos, embarcando, cargando la suerte, bajando las manos y metiendo cadencia en el juego de brazos haciéndose aplaudir. El choto que abrió, impresentable por donde mirarse se quiera, —repito la invidencia y manga ancha, muy ancha, anchísima de la autoridad—, inválido total, no lo dejó ver, solo de salida, con embestida de vaca vieja pastueña, llevándose el joven un trompicón sin consecuencias estoqueando de bajonazo para palmitas.

Con el quinto, —que hubo número de rejoneo—, a porta gayola con dos largas de hinojos para ovación, soltándose el efecto de los diuréticos celestiales dando al traste con todo. Saludó en su primero y ya, ya se le verá más adelante.

Buena impresión causó Luis Ignacio Escobedo.

Destacó en largas de rodillas, una chicuelina embarullado y recorte como pudo para… Para con la muleta verse desenvuelto, disfrutando en la cara de las reses pues sabe de qué va esto, llegándole al tendido por su proyección artística de buen corte y gusto, a más del ánimo con el que al novillo va.

Planteó sus faenas en toreo por abajo con series de ayudados con la diestra y al natural con la zurda, arrojando el estoque simulado para darse también en naturales con la derecha a la usanza de José Miguel Arroyo “Joselito”, ése artista madrileño al que tanto ví de gratísimos recuerdos, para adornarse al cierre de sus trasteos con riverinas que se le jalearon, cobrando entera tendenciosa para salir al tercio.

Con su segundo, el mejor de la función, ya que sacó claridad nobleza y fijeza, pero falto de fuerza también, Luis Ignacio remontó con una labor en el tenor mismo de su primero, cerrando a la vez con los pases creados por el maestro Fermín Rivera, riverinas, que son chicuelinas con la muleta, en una faena larga que tras de pinchar volvió con manoletinas que le valieron palmas.

Con la espada tiene mucho qué aprender. Primeramente, que a los toros antes de perfilarse, hay que cuadrarlos, —que los cuatro sostenes que son las patas estén a niveles— e igualarlos, —que las manitas o remos delanteros se encuentren en la misma línea, sin estar adelantado uno del otro—, a más de hacer la suerte más cerca ya que se perfila a distancia, y torear más con la zarga en el embroque, como si de dar un pase de pecho se tratara, para pasarse sin dejar de ver el morrillo. Mató mal con un infame chalecazo en los blandos, cuatro golpes de descabello y doblando el cornúpeta de agotamiento escuchando el novel un aviso del palco. Merece repetición, que sí.

Y se presentó un novillero francés, Cayetano Ortíz, que tiene planta, bien vestido en terno hueso con oro y remates de pasamanería en negro, que demostró ser el que más puesto está. Tiene técnica y buenos procedimientos pues se está haciendo en tierras francesas y españolas, y con el toro de allá….

Sabe verse con el capote pero es con la pañosa con la que sube en verdad. Estructura su faena pisando seguro, con la confianza del que sabe que puede. Templa bien y domina los terrenos lo que le permitió hilvanar series por los dos lados y con ambas manos, recurriendo a las manoletinas como remate, para volcarse tras del acero sepultándolo todo pero saliendo su punta por un costado, estocada como decimos en el argot que “hizo guardia”, recurriendo a tres golpes con la corta de descabellar oyendo un aviso.

Con el que cerró la tarde, otro inválido desesperante, dejó ver sus buenas maneras despenándolo de media que bastó. Habrá que verle con ganado que vaya, porque con lo que pechó….

Y abriendo festejo salió el rejoneador Joaquín Gallo, un joven jinete vistiendo a la usanza charra, que tanto acusó su buena monta, como su limitaciones para lidiar el becerrote al que se enfrentó.

Capoteó con sarape en las ancas de su montura, clavando no de frente sino a la grupa o al medio, falto de ritmo, —algo fundamental en las actuaciones de los rejoneadores, para que no haya tiempos muertos—, y permanentemente auxiliado por el peonaje, algo que en el rejoneo actual no, ya no va.

Clavó con voluntad un rejonazo de muerte contrario de colocación, teniendo que echar pie a tierra para con el estoque dar dos viajes recibiendo un bocinazo como aviso.

Creo que a la postre, más que el público, fue Joaquín el que más se divirtió.

Y para divertirse, que no mojarse, valdría el considerar que no es agosto ni septiembre el mejor de los tiempos para las novilladas que son invariablemente “pasadas por agua”…

¿Por qué no darlas en marzo, luego de la raquítica “temporada grande” con las ocho corridas que ya es habitual que monten..?

Foto Cortesía de Gus Pelayo.


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