Por Francisco Baruqui.
Pena de tarde cuando al fin, por fin y en fin, cielo azuladamente luminoso y sin una sola nube, con una entrada ligeramente mayor a la del pasado domingo, para presenciar el cierre con ¿triunfadores? de la temporada novilleril.
¿Y por qué de la vespertina pena..?
Porque llana y simplemente lo que se presentó resultó el fiel reflejo de lo que el serial de festejos arrojó… Mediocridad a ultranza.
No pensé que una ganadería triunfadora en pasadas fechas como Boquilla del Carmen pudiera y, lo más grave, aceptara venir a Guadalajara con lo que vino..
Para festival verbenero…
Siete reses del hierro original y un sobrero de Real de Saltillo impresentables para un coso de la categoría del tapatío. Cornudos sin presencia, carentes del mínimo trapío exhibiendo miseria de cornamentas, —lo que sigue es que se anuncien “CORNIAUSENTES”—, toda vez que la pobreza de “defensas” los hacía verse parodiescos, vamos, ¡de vergüenza..!
Si a lo anterior se añade la mansedumbre dúctil y la raquítica fortaleza, —varios doblando los remos y saliendo arrastrándose de las suertes—, todo derivó en la intrascendencia lo que a no dudar, restó importancia a lo que delante de bóvidos de condiciones tales se realizara.
El que brilló en el festivalito de luces fue el joven chaval aquicalitense Nicolás Gutiérrez, quien a la postre fue el que lució más torería y empaque con un desenvolvimiento que le permitió plantear su faena al tercero con mucho sentido de terrenos y distancias, pisando con determinación y cuajando series de toreo por abajo con la diestra y al natural rematados con oportunidad que se le corearon. Y como al momento que el torillo le pidió la muerte Nicolás se perfiló en corto y por derecho volcándose por sobre del morrillo sepultando la hoja en todo lo alto, marcando los tiempos al encelar en el embroque y pasándose como pasarse se debe en una estocada de excepción, cortó muy merecida oreja que le erigió en triunfador.
El muchacho mostró el natural verdor del que se inicia, pero su proyección hace cifrar esperanzas de que haya en él un torero que pueda progresar, y curtiéndose en la cara de los astados, madure su concepto haciéndose sobresalir, llevándose el trofeo en disputa con el nombre de mi bien recordado amigo Manuel Capetillo.
Al estrellarse en el burladero, el cardenito nevado sin defensas casi, partiéndose el cuerno derecho desde la cepa misma, su labor careció de importancia alguna estoqueándolo de pinchazo y tres cuartos que bastó. Con gusto a verle más delante.
Juan Pablo Llaguno dejó nueva muestra de sus condiciones que tiene como novillero que es dueño de una técnica y recursos que le permiten desempeñarse con soltura, dando trazo a su labor llegándose a ver hasta sobrado dadas las características de los toretes a los que se enfrentó. Seguro estoy que necesita más toro que creo sin dudar que es como mejor lucirá. En su afán por agradar cayó en el error de pasar de faena a los de su lote, encontrando para la estocada poca respuesta de los boquilleros que llegaron al final exprimidos. Habrá que verle con lo que más necesita… Más toro.
De Cristian Verdín… Siguió con la buena racha para que le salgan reses para conseguir el éxito, solo que… A dos les dejó la orejas puestas y, como sucediera en su pasada actuación, otros tres avisos y ahora sí, el novillo devuelto a corrales, pasando la pena negra cuando uno se partió la vaina del cuerno luego del encuentro con los picadores saliendo otro del Carmen que le hizo verse muy limitado y… Y poniendo en evidencia la ausencia del cabestraje cuando los mansos no salieron al ruedo realizándose la devolución de marras con apuntillamiento desde el callejón… De plaza tranquera pues… ¡Bah..!
El tapatío pone enjundia y deseos que son sobrepasados por su extrema movilidad de pies, cuando no termina de instrumentar el pase y ya se está yendo para reponer. Abusa del pico de la muleta despidiendo en demasía al burel y resultándole por ende su toreo despegado. Tuvo dos novillitos, el primero que abrió plaza y el sobrero de regalo que cerró. Sobre todo éste último de Real de Saltillo que fue un dechado de bondad y nobleza con la fuerza requerida para soportar un trasteo prolongado en el que se hizo aplaudir por un público agradecido de su obsequio, más por su voluntad que por sus maneras despegadas, aunque ligando los muletazos cuando el torillo seguía la tela con estilo monacal. No es su fuerte la suerte suprema cuando se queda en la cara estrellando la pañosa sin encelar para pinchar en demasía lo que le ha originado que en dos actuaciones seguidas, dos bovinos se le hayan ido vivos recibiendo avisos en los restantes.
No dudo de sus deseos y empeños pero… Pero en el toreo, visto lo visto, no todo es eso… Así…
Así, repito, el broche a la altura de la temporada en la que lo que campeó fue la mediocridad…
Foto cortesía: Gus Pelayo.





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