Por Manuel Viera.
La sinceridad de su toreo emociona desde el inicio. Se sienten en el alma los fogonazos continuos de una tauromaquia sublime. Y así, uno acaba siendo a pie juntillas de este derroche de talento. De esta pureza desesperante e inacabable del trazo de un natural. Por el impacto que produce. Por la trascendencia que representa su obra tan distinta e inhabitual. Y todo, entre la emoción tremenda y el valor asfixiante. Bendito sea el toreo de este ser, extraordinario por definición, que tiene su propia ética, con frecuencia discordante, que le convierte en excepcional.
Sólo elogios mereció la decisión con tan impresionante resultado con el que puso de acuerdo a todo el apartado crítico de dos países fascinados por su toreo. No existe obra de arte tan efímera capaz de transmitir tal intensidad emotiva. No existe obra maestra que establezca con tanta inmediatez la lógica relación entre lo visto y lo sentido. Es como si algo permaneciera de un modo inaprensible. Que sigue vivo porque no se puede retener. Es el sentido del misterio de un arte que sucede en un instante.
Ha pasado más de un año y aún uno se aferra al último hálito de aquel suceso que supuso el recuerdo real y no soñado. Y, sin pudor, lo reconstruyo una mil veces buscando hallar, otra vez, la perfección. La pureza de un toreo con argumentos sólidos y convincentes, esclarecedores e impactantes, prodigioso a veces, de momentos geniales, inverosímiles y placenteros que se escapan de la monótona cotidianidad de tantas tardes de toros.
Aquel mediodía histórico vivido en Nimes, con un torero que impuso su tauromaquia espléndidamente mostrada en el elíptico ruedo de un coliseo abarrotado, no ha de impedir, hoy, obviar el confuso hábitat que define su presente e inmediato futuro. Henos aquí con el equívoco silencio pese al bisbiseo que lo pone de nuevo en los ruedos. Pero, ¿en qué ruedos? ¿En alguno de América? ¿En el de escogidas y escasísimas plazas de toros más de segunda que de primera? Sin duda no sería suficiente. Ni lógica una nueva conclusión de no estar en Sevilla, Madrid o Bilbao. Las primeras ferias de la nueva temporada comenzarán a esbozarse aún permaneciendo el enigma y el silencio. ¿Se convertirá en una incógnita un año más? No, José Tomás, otra vez no.
Vía:http://www.burladero.com/inicio/165814/jose-tomas-




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