Ocho con Ocho – Al unísono por Luis Ramón Carazo y Ramón Carazo Canto.

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En una tarde diferente en la por primera vez en éste siglo un cartel integrado sólo por toreros mexicanos, logró entusiasmar con antelación a los aficionados que el domingo 1 de diciembre de 2013 acudieron a la México a ser testigos de la comparecencia de 3 triunfadores en Madrid a mediados de este año y la apertura a cargo de la torera de a caballo Mónica Serrano quién toreó y se fue, así como lo lee.

Esta vez escribo al unísono, cada uno con su capote con Ramón nieto de Arenero para celebrarlo. Desde el anuncio fue un golpe de timón el encierro procedente de Barralva de la ganadería queretana de los Alvárez Bilbao quienes manejan tanto la línea Parladé de Atanasio Fernández como la de San Mateo, del cual por mucho se destacó por mostrar un gran fondo el sexto (gracias a la faena de Diego) de codicia, alegría, prontitud y repetición, de nombre Farolero.

Y viene Ramón Carazo Canto:

“El futuro”.

Mi entrada en este texto compartido con Luis Ramón proviene de una petición muy amable de su parte, aunque nada fácil, de intentar dar cuenta desde una perspectiva fresca de los hechos ocurridos durante la corrida del 1ero de diciembre de 2013, celebrada en la Monumental Plaza de Toros México, con 6 toros de Barralva para los matadores José Adame, Arturo Saldívar y Diego Silveti; más uno de Fernando de la Mora para la rejoneadora Mónica Serrano. No una crónica, ni un reportaje -mucho menos una columna- sino una perspectiva.

En otras palabras, un punto de vista. Un lugar escogido por uno para observar los hechos. Porque no cometamos el error de creer que un punto de vista es lo mismo que una opinión, incluso suponiendo que ésta sea informada. No, una perspectiva es la mirada que se tiene desde el lugar que uno escoge en el mundo o en ese mundillo de birlibirloque que es el tendido. Es un reflejo de lo que somos y en lo que creemos, el famoso cristal con que se mira. Así que el primer problema a soliviantar cuando recibí y acepte este encargo, fue realizarme y contestarme una pregunta sencilla: ¿en qué Fiesta crees?

La respuesta no es nada sencilla y contestarla correctamente está muy por encima de la intención original de este texto y de mi experiencia reflexiva alrededor de la tauromaquia, sin embargo, con el afán de dejar dos o tres cosas claras, diré que creo en una Fiesta seria, en la que la vida que se expone y que se toma se hace valer, respetuosa de sí misma, con personas que entienden que lo que ocurre en el ruedo es un acto moral y debe ser perseguido con tenacidad y deferencia a partes iguales por todos los involucrados, incluyendo a los aficionados mismos. Creo en una Fiesta que es música y gozo porque se parece a la vida, por encima del ruido del mundo y de la historia.

La historia, ese torrente que a veces es cascada, a veces riachuelo o mero charco estancado. Difícil sortearla y difícil invocarla. Hoy, creo, la historia jugaba un papel fundamental y en eso quiero enfocarme. No me refiero a lo que se estuvo publicando en todos los diarios -especializados y no- sobre la tarde de este domingo (que era un cartel histórico, que sería una tarde para enmarcar, que las cartas estaban echadas y demás), sino en un sentido que abarca el aspecto más espeluznante de ese torrente, por ser al mismo tiempo desconocido e inminente: el futuro, de la tauromaquia y, más específicamente, de la tauromaquia mexicana y hasta defeña.

Pues bien, olvidando los 48 minutos exactos que demoró en aparecer el toreo a pie en el coso de Insurgentes, debo decir que creo en un futuro promisorio.

Creo que José Adame está en un momento que destila importancia, un compromiso personal que encuentra su reflejo en cada momento, pero especialmente en su manera de citar de largo con la barbilla hundida en el pecho, y una cercanía envidiable al duende. Inspira y se le ve lleno de torería.

Creo, también, que Arturo Saldívar es hoy por hoy uno de los lidiadores más cabales que tiene nuestro país. Ha encontrado una manera personalísima de interpretar el toreo a la Verónica que yo disfruto muchísimo (a mí siempre me recuerda las fotografías y cortos que he visto del maestro Carlos Arruza, pero seguro él opinaría que él sólo se parece a él, con toda la razón), y creo que ha ido conquistado su carácter, destilándolo hasta convertirlo en reciedumbre. Cabal y responsable, espero verlo muchas tardes más.

Por otra parte, creo en Diego Silveti. Creo porque lo que vi hoy, fue a un hombre torear sin apellido.

A un torero que se repone de los arreones que da la constante búsqueda de identidad. Creo en él porque me recuerda que el pasado está para darle su lugar, pero jamás para definirnos como si la personalidad estuviera escrita en piedra. Hoy lo vi valiente y con mucha inteligencia, buscándose siempre.

Por otra parte, creo en encierros variados e interesantes como el de hoy, aunque no todo fuera miel sobre hojuelas. Creo en cuadrillas profesionales, con banderilleros y picadores con aroma y que se dejan ver aunque sea a cuentagotas, como en esta tarde.

Creo en lo mejor de una afición que hizo una entrada muy buena para apoyar a un cartel mexicano y hasta creo en los curiosos que hicieron lo mismo.

Finalmente, creo que nuestra ciudad merece un futuro con Fiesta. No por tradición, berrinche o politiquería, sino por tardes como la de hoy; remata con larga cordobesa Ramón.

Coincido con él, de que los tres toreros de ayer, tienen conceptos distintos, con la frescura de la juventud que nos habla de un estado de madurez actual con gran potencial para añejarlo con el tiempo y todavía hay varios toreros paisanos más en la misma franja de alternativa, quienes han venido dando de qué hablar y están puestos para retar a sus colegas nacionales y extranjeros. Qué bueno que el toreo en el mundo sea competitivo y que los nuestros se conviertan en argumentos y no en complementos en el toreo, como hasta hoy desde hace más de 15 años ha ocurrido.

El 1 de diciembre de 2013 se ha visto que la inversión en la preparación profesional en escuelas taurinas rematada en Europa paga dividendos y que por ahí se empieza a gestar el tan ansiado cambio que combinado con toros en serio en México, nos sacara de la mediocridad light de la que padecemos y que para remontarla necesitamos más tardes como la vivida en la México para entonces si decir, vivimos nuevos tiempos.

Que así sea. Gracias a Ramón por aceptar escribir esta vez al unísono, conmigo.

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