El Pana: “Hay que retirarse cuando a uno lo siguen pidiendo, no cuando te dicen ‘ya vamos a cerrar ’ “

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De SOL y SOMBRA.

Este domingo 26 de enero, en la que será la décimo sexta corrida de la Temporada Grande, Rodolfo Rodríguez “El Pana” supuestamente dirá adiós a los ruedos alternando con José Antonio “Morante de la Puebla” y Joselito Adame, con bureles de la divisa de Villa Carmela.

Para Rodolfo Rodríguez “El Pana”, ahora sí, parece que es el momento ideal para decirle adiós a su carrera profesional. “Hay que retirarse cuando a uno lo siguen pidiendo, no cuando te dicen ‘ya vamos a cerrar’ ” declaro El Pana alguna vez ¿Cumplirá su palabra? Es difícil saber, porque es un personaje impredecible.

El también conocido como el “Brujo de Apizaco”, inició su eterna despedida de los ruedos en el municipio de Arandas, Jalisco, hace aproximadamente un año.

Sin embargo su primer intento de despedida frustrada fue el 7 de enero del 2007, cuando “El Pana” tomó la decisión de decir adiós en la Monumental Plaza México, una fecha que el diestro recuerda con nostalgia, pues lejos de servirle como despedida, fue lo que él la describe como su obra de “resurrección”.

Aquella tarde mágica y llena de éxito consiguió un rotundo triunfo que le abrió las puertas todas las plazas de México, de America del Sur y de Europa.

Su vida profesional

La vida de Rodolfo Rodríguez “El Pana” ha sido definida como una trayectoria dividida en tres partes: La personal, la profesional y la novelesca.

El matador lo admite y con cierta nostalgia recuerda: “sí, la vida del ‘Pana’ es una vida de novela donde el personaje tuvo que pasar de todo; hay fechas y anécdotas muy tristes y otras no tan tristes, pero siempre he dicho que los toreros somos los únicos actores a los que nos suceden cosas reales”.

Rodolfo dice que ya es tiempo de decir adiós, y lo entiende como un momento justo y adecuado en este momento de su carrera. “Viene una camada de toreros jóvenes muy buena, de mucha calidad, que ahora sí pueden verse las caras al tú por tú con los toreros españoles”.

El Brujo de Apizaco le dio gracias a Dios y a la vida, por iniciar y terminar su campaña de despedida de los ruedos bajo el cobijo de sus apoderados de Casa Toreros.

¿El mejor momento de tu carrera? El momento con el que me quedo para siempre, es haberle podido comprar a mi madre su casa siendo yo aun un novillero”.

Aquella tarde de Rey Mago

Una tarde involvidable fue la del 7 de enero del 2007, la cual hemos recreado a través de esa espléndida crónica que nos heredó el cronista, Fidel Samaniego Reyes q.e.p.d., quien en el mes de enero del 2007, escribió en El Universal el siguiente material:

La historia, su increíble y, en mucho, triste historia parecía acercarse al final. Él, personaje, autor principal de su novela, escribía las que, se suponía, serían las últimas líneas.

El Pana decidió ser una vez más irreverente y que lo escucharan millones de personas, entre ellas, el mismísimo Presidente de la república y su esposa, quienes en esos momentos veían la corrida por televisión.

“Brindo por las damitas, damiselas, princesas, vagas, salinas, zurrapas, suripantas, vulpejas, las de tacón dorado y pico colorado, las putas, las buñis, pues mitigaron mi sed y saciaron mi hambre y me dieron protección y abrigo en sus pechos y en sus muslos, y acompañaron mi soledad. Que Dios las bendiga por haber amado tanto.”

Después, el torero, el personaje y el hombre, todos en uno, uno en todos, regresó ante el toro con su paso lento, con su inspiración desbordada pego un trincherazo que todavía retumba por la plaza con su olé estruendoso. Y con su toreo, con sus desplantes, provocó los gritos, las aclamaciones, las lágrimas y se entregó, y dejó que ellas, ellos, los que estaban en los tendidos, se le entregaran.

Al día siguiente, cuando despertó, Rodolfo Rodríguez González supo que la historia tenia que continuar.

Y se levantó, y se metió en un traje de corte añejo, se colocó un clavel en la solapa, se caló un sombrero de los que estuvieron de moda medio siglo atrás, y un gazné de seda, se vistió y acudió al estudio de primero noticias donde se colocó ante las cámaras, como un día antes lo había hecho ante un lote de Garfias.

Respondió a las preguntas de Loret de Mola y le contó que, efectivamente, la noche anterior le había hablado por teléfono el Presidente Felipe Calderón Hinojosa y le dijo que tanto a él como a Margarita Zavala, la primera dama, les emocionó aquel brindis de la que se pensaba sería su última faena, la dedicatoria a aquellas a las que poéticamente Jaime Sabines propuso fuesen canonizadas.

“Pues sí, por allá estaremos en Los Pinoles, el ciudadano presidente me invitó”, agregaría, con su habilidad, sagaz, en ésa y en otras entrevistas que después de su memorable actuación en la Plaza México concediera

También dijo que le habló emocionado Alejandro Encinas, quien vio la corrida televisada, junto al jefe del gobierno capitalino en ese entonces, Marcelo Ebrard.

El de panadero fue uno de sus primeros oficios, después fue sepulturero en un panteón, vendedor de gelatinas, campesino e hijo de un policía judicial que fue asesinado, y de doña Licha, su viuda, que tuvo que luchar como una guerrera para darle de comer a sus ocho hijos.

“Yo empecé a torear por hambre. Y miren lo que son las cosas, yo vengo de la época en la que uno quería ser torero para triunfar y comprarle una casa a su madre, ahora los chavales quieren vender la casa de su madre para ser toreros”.

El Pana de Apizaco, a sus sesenta y tantos años, habla con acento andaluz, con agitanados modismos, le dice parné al dinero, y gachís a las muchachas, y buñis a todas aquellas que le dieron cobijo con sus cuerpos y también mermaron sus finanzas hasta llevarlo a la bancarrota en muchas ocasiones.

El mismo Pana de siempre que bebió sin medida todo lo que le pusieran enfrente, algunas veces por diversión y otras para olvidar.

Hoy su higado mermado le dijo que ya no mas y no tuvo mas remedio que dejar de tomar “Porque si no me muero” declaro.

El Pana de las mil anécdotas recuerda que una noche, en el campo bravo tlaxcalteca, mientras se resguardaba de la lluvia bajo la copa de un árbol después darle unos muletazos clandestinos a unas vaquillas se encontró con los hermanos Jorge y Luis Carreño, que también quisieron torear sin permiso a otras reses, y tuvieron que huir de las balas de los caporales.

Después del susto, cenaron tacos fiados por algún taquero de noble corazón, bebieron cerveza y brindaron con las damas de tacón dorado. Y durmieron, en la humilde casa de El Pana, quien les preparó la cama y las cobijas, todo con viejos y pesados capotes según recuerda el brujo.

El Pana un torero que se hizo a base de sangre, sudor y lágrimas en los ruedos y fuera de ellos. El de la miel y la hiel. El de la humildad, los sentimientos nobles con sus amigos y con los suyos, los humildes.

El que les decía Las Gordas a Manolo Martínez y a Curro Rivera; El enano, a Eloy Cavazos, y Los micos, a Eulalio López Zotoluco y Rafael Ortega.

El que puede besar en la frente a un sencillo monosabio y desear que el fallecido empresario de La Plaza México Alfonso Gaona “goce de los infiernos”.

Rodolfo Rodríguez, el que ha vivido la vida a su manera, y se la ha bebido sin medida y sin control. “Cuando tomaba, sabía cómo empezaba, nunca cómo iba a terminar”.

Sobrio por fin desde hace unos meses nos cuenta que hace poco en un restaurante, un tipo le ofreció insistentemente una copa, “Y por Dios que le vi la cara al diablo, tenía el mismo rostro del demonio”. Lo que nunca nos confirmo fue si al final termino brindando con el diablo.

El Pana que parece haber saltado de las páginas de un libro de un Mexico que se ya se nos fue. El mismo que se tiró en una novillada como espontáneo al ruedo de la plaza más grande del mundo, en aquella tarde histórica en donde el Capitán Ramirez inmortalizo al novillo Pelotero de San Martin.

Tiempo después el Pana haría una huelga de hambre para que la empresa le diera una oportunidad.

El que dio los primeros pasos por la senda del triunfo y después, no pudo, o no quiso, o no lo dejaron seguir.

Se suponía que estaba en el olvido, y que se había resignado a olvidarse de sí mismo, de sus sueños. Pero la suerte le sonrió y encontró la oportunidad hace siete años, en la que se suponía, sería su tarde de despedida.

Pero contra todo pronostico armo un escándalo de repercusiones internaciones y nuevamente fue buscado para dar entrevistas en algunos medios que antes lo ignoraban, lo criticaban y al mismo tiempo que parecía que lo despreciaban.

Se puso el viejo terno de rosa y plata. Y se subió a una calesa, y se fumó un puro, y sonrió toda la tarde de su supuesto adiós.

Es difícil saber cuándo actúa y cuándo, no. Imposible le resulta disimular lo que dice su mirada, esa mirada que brilla en las plazas de toros y le da un toque especial a ese rostro surcado por las tardes de espera sin esperanza, de días sin huella, de noches sin fin y de faenas sin realizarse.

Y cuando se suponía que la historia, su historia estaba por llegar al final, él, Rodolfo Rodríguez González El Pana, un hombre castigado, reverenciado e irreverente, fue ante cámaras y micrófonos, aclaró la garganta, dejó salir la temblorosa voz, brindó a ellas, las damitas, damiselas, princesas, vagas, zurrapas… buñis. Y gracias a ese brindis y una magistral faena al toro “Rey Mago” de Garfias este domingo partirá plaza siete años después de aquella despedida truncada.

Aunque todo parece indicar que este próximo domingo El Pana dirá finalmente adiós, sin embargo en De SOL y SOMBRA pensamos que no, porque El Pana esta como aquella eterna canción que dice:

Porque estás que te vas
y te vas, y te vas
y te vas, y te vas
y no te has ido”.

Y nunca se fue.

Twitter @Twittaurino

3 Comentarios »

  1. Genio y figura hasta la sepultura, gastando el último cartucho que le queda en la expectativa que crea en sus seguidores sobre su (definitivo?) retiro del ruedo de La México.
    Sigue soñando con Las Ventas y la ilusión de la confirmación, a los soñadores lo único que les está prohibido es ser realistas.
    Veamos el futuro que le depara al panadero en el retiro y torero hasta la médula.

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