Por Luis Ramón Carazo.
De acuerdo a la tradición en los países en los que se celebran espectáculos taurinos, las autoridades por medio de reglamentos públicos son quienes autorizan o no su celebración.
La figura de juez de plaza o presidente en Europa, es nombrada por las autoridades gubernativas siendo así en la plaza de toros su delegado, pero también, se erige en representante del público y les guste o no, en su servidor, para interpretar su voluntad por ejemplo en el caso del otorgamiento de trofeos en los que la manera de comunicarse con la masa es a través de toques de clarín, pañuelos y letreros.
El trabajo a desempeñar por un juez de plaza es complejo y debería orientarse a actuar como un punto de equilibrio en el juego de intereses entre toreros, ganaderos y empresarios, para complacer a los asistentes a un festejo taurino.
Mucho hemos peleado algunos por que el eje de la fiesta sea el toro auténtico en edad, morfología y comportamiento, ahora que me pregunta mi opinión un amable lector sobre lo que está ocurriendo en Mérida, Yucatán, México, por la suspensión de los festejos taurinos al no haber autorizado para lidiarse un encierro de Begoña el 19 de enero de 2014 el juez de plaza Ulises Zapata, antes de escribirla, acudo a amigos de la localidad que me comentan lo siguiente:
Como antecedente, en la temporada 2013-2014 Ulises Zapata autorizó un encierro muy deficiente de presencia de Teófilo Gómez, luego otro similar de La Playa, hasta llegar a la corrida que se iba a celebrar el 19 de enero de 2013 con toros de Begoña en la que iban a actuar El Zotoluco, Sebastián Castella y Michel Lagravere, por lo que los toros guanajuatenses llegaron a los corrales de la plaza en el debido tiempo y por lo que me relatan ellos (que son muy exigentes) la corrida está muy bien presentada y no entienden la razón del juez de plaza para rechazar cinco toros, provocando como reacción de la empresa, la suspensión de los festejos taurinos en Mérida que se habían programado en la fecha referida y otra en febrero, así como una tercera a celebrarse en el Coliseo de esa localidad, a punto de estrenarse, en marzo.
He visto las fotografías de los astados en los corrales y a la distancia, no me parece justificado el rechazo, provocando una sensación de falta de criterio por parte del juez de plaza quién, vaya usted a saber sus razones, pues se limita a declarar que “los toros no tienen trapío”.
Si trataba de proteger los intereses de los aficionados emeritenses, parece haberse equivocado, puesto que lo único que logró fue que la empresa de Mérida cansada de tantas trabas en un momento de escasa o nula rentabilidad del espectáculo taurino, prefiera suspender antes que seguir confrontando lo que parece ser, un capricho.
Por el bien de los toros en Mérida, lo mejor que le podía pasar y es mi opinión, es que las autoridades que pusieron en su representación a Ulises Zapata, demuestren que están a favor de la continuidad de una fiesta tradicional en la capital de Yucatán y que para favorecer el diálogo y la continuidad restauren el equilibrio.
Para dialogar el insistir en ratificar al juez de plaza, es ahondar las diferencias y cerrarse a la posibilidad de la continuidad en la celebración de espectáculos taurinos con la actual empresa, por que estando como representante de las autoridades de Mérida, quién sin argumentos tangibles rechazó a un encierro, la charla sería imposible.
Bien harían en tomarlo en cuenta las autoridades municipales emeritenses y tratar de meter en cauce, lo perdido.




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