Por Juan Carlos Valadez – De SOL y SOMBRA.
Cuando estaba viendo el domingo pasado en la Plaza México a Morante me fue difícil no pensar en Curro Romero, aunque quizas a Morante le queda un poco grande la comparación.
Me fue difícil porque me recordó algunas faenas que había visto en vídeos en Youtube de Curro en su vejez con mas de 60 años, que se asimilan mucho al Morante actual. Un joven con menos de 40 años que increíblemente ya parece que los días le pesan toneladas, así como los constantes rumores de su vida dilatada y su falta de ambición.
Las similitudes entre estos dos toreros de Sevilla están, pero no escasean las diferencias tampoco.
Morante es un artista devenido y que para muchos entre los que me encuentro, parece que esta en el declive de su vida profesional.
Morante no encaja en el mundo taurino actual, pero no pierde su postura, su rigidez y es incluso heroico en un par de ocasiones al año. El mismo Morante se ha encargado de mostrarnos las miserias y el patetismo del artista y de vez en cuando, cuando los duendes de la inspiración lo invaden, la reivindicación necesaria.
Miseria y patetismo de un torero cansado que pueden dar gracia, pero que no es del todo justo con el personaje que levanta expectación por donde se le anuncia, porque solo parece reflejarnos un artista que va por el mundo desperdiciando el enorme talento que la vida le dio.
Y sin embargo por momentos es difícil no disfrutar de sus triunfos y de sus fracasos, al menos sonreír al escucharle un diálogo o al verle un gesto en la plaza. La negación de la poca dimensión del toreo actual a menudo se logra adoptando una actitud actoral, saturada de emotividad y patetismo como lo hace Morante para seguir vigente.
Es como si Morante al igual que lo hizo en un ensayo de 1888, Rubén Darío nos invite a “hacer rosas artificiales que huelan a primavera”, resumiendo con ese afortunado símbolo su toreo actual y la dirección de gran parte del toreo moderno.
Morante para muchos es nuestro imaginario actual de toda una colección de objetos kitsh grandiosos del toreo sevillano, y de otros groseros y fraudulentos del siglo pasado que desembocan en su admiración por toreros como El Pana.
Morante sabe que en estos agitados tiempos ni el mismo es capaz de escapar de la ruina, de las estructuras socio-económicas y culturales que vive el toreo y en lugar de tratar de alejarse de ellas, se fusiona maquiavelamente en una especie de manifestó como en 1975 lo haría Andy Warhol, que escribió: “Hacer dinero es arte, y un buen negocio es el mejor arte”.
Así parece actuar el Morante del 2014, porque no entiendo otra razón para anunciarse por ejemplo dos tardes en la feria de León Guanajuato, una plaza en donde no entienden ni les importa su toreo, ni a el se le ve cómodo o en otras plazas de España, como lo hizo al presentarse el año pasado en Pamplona.
Pero parece que a Morante no le importan las críticas que ya lo tachan de superficial y frívolo.
En aproximadamente un mes Morante anunciara su temporada española en un acto cultural/teatral en donde se presentaran las 30 tardes en donde actuara en el 2014, para muchos será un evento que innovara al espectáculo taurino, pero para otros solo será la antesala de un mero negocio cuyo único mérito radica ya en ser una celebridad consagrada y… ganar mas dinero.
El Morante actual me da la impresión de que solo sigue las normas de la empresa multimillonaria que lo apodera, de la publicidad y no las del arte.
Twitter @dsolysombra Foto Cortesía de Ernesto Naranjo.




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