Los Solórzano.

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El cronista Maximiliano Clavo después de haber visto a Chucho Solórzano torear en 1931 en Madrid escribió “La República de Mejico limita al norte con Estados Unidos, al sureste con Guatemala y Honduras Británicas, y al este y oeste, respectivamente con los océanos Atlántico y Pacífico. Pero, en la geografía taurómaca, Mejico  torero limita desde ayer con Ronda, Sevilla y Madrid.”

Esa tarde salio en hombros, era un siete de junio, el público madrileño había quedado impactado por la faena al toro “Revistero” de Aleas. El crítico corinto y oro de la voz lo bautizo con el mote de: La estatua que torea.

De SOL y SOMBRA.

Jesús Solórzano Dávalos
(1908–1983)

Hombre de campo desde la infancia, nacido en Morelia Michoacan, Chucho Solorzano se familiarizó pronto con el ambiente taurino de la capital, tanto que no cejó hasta verse anunciado como sobresaliente del Algabeño, matador sevillano que esa tarde se presentaba como rejoneador en El Toreo. Para sorpresa de todo mundo –incluido sin duda él mismo– resulta que tenía el toreo en la cabeza, y no tardó en convertirse en novillero puntero, ganador de la Oreja de Plata de 1929, disputada entre otros por Carmelo Pérez, el legendario hermano de Silverio.

Esas credenciales le dieron acceso a una alternativa a todo lujo (Toreo, 15.12.29, cuando Félix Rodríguez le cedió a “Cubano” de Piedras Negras); pero, siguiendo los usos de la época, renunció a la misma para presentarse en España como novillero. Pronto se labró un cartel envidiable, con repetidos éxitos en Barcelona, Sevilla y Madrid –donde desorejó a un Miura poderoso y difícil– que lo condujeron al doctorado definitivo, tomado en la Maestranza de manos de Marcial Lalanda con “Niquelado”, de Pallarés (30.09.30).

La confirmación madrileña fue en la corrida de Beneficiencia del 06.04.31, preludio de su apoteosis con “Revistero”, de Aleas, al que desorejó por partida doble (04.06.30). Un rápido apogeo que no fue capaz de sostener en posteriores campañas españolas.

Pero en México se consagró como figura la tarde de su recordado faenón a “Granatillo”, de San Mateo (10.01.32). Y en años subsecuentes iría sumando a ese nombre inmortal los de “Cuatro Letras”, “Redactor”, “Leonés”, “Tortolito” –con el que bordó la quizá mejor tanda de verónicas de recibo que haya presenciado El Toreo–, “Brillante”, un punteño de imponente catadura, o los seis pavos de Zotoluca que triunfalmente estoqueó  por cornada de Garza, con quien alternaba mano a mano (15.12.40).

Ésa de 1940–41 fue su última gran temporada en la capital, aunque aún se dio tiempo para cuajar al nada fácil “Picoso”, de La Laguna, y sentar cátedra con un toreo quieto, cadencioso y profundo para triunfar al lado de Armilla y Manolete (16.01.46)

El llamado rey del temple no sólo derramaba arte y distinción al bordar la verónica estatuaria o la chicuelina de manos bajas, también fue un banderillero finísimo y alcanzó sobresaliente conocimiento y dominio sobre los duros astados de la época.

Dos graves cornadas frenaron su carrera. El 26 de febrero de 1933 el toro “Lancero” de Rancho Seco le pego una cornada en el triángulo de Scared; el caso era tan serio e insólito que solo pudo ser atendido en París. Y apenas convaleciente de esa cornada un toro de Guadalest en Valencia le partió el muslo el 31 de julio de ese mismo año.

Muy platicada en su época fueron aquella serie de lances que reprodujo la pantalla cuando Chucho protagonizó la película ¡Ora Ponciano! – que motivaron caso ejemplar en la cinematografía, que el público aplaudiera ruidosamente, obligando a retroceder en varias ocasiones la película para ver aquellas verónicas – sin duda Solórzano fue uno de los mejores ejecutores de la suerte natural con el capote.

Mermadas sus facultades y ya casado con una aristócrata millonaria – Carmen Pesado Hagembeck -, Jesús decidió retirarse de los ruedos el diez de abril de 1949 con el toro “Campasolo” de Matancillas. Armillita que se había retirado hace poco, bajo al ruedo para despojarle del añadido.

Eduardo Solórzano Dávalos
(1912–1995)

Sobre el mismo molde estético de Jesús, aunque de personalidad menos acusada, Eduardo Solórzano cuatro años menor que Chucho, pudo ser un torero sobresaliente de su tiempo si hubiese aplicado de matador la dedicación que tuvo de novillero, tanto en México como en la España inmediatamente anterior al boicot de 1936 en donde se manifestó cómo promesa.

Doctorado por Garza en Puebla (16.04.39, con “Poblano” de Heriberto Rodríguez), al sobrevenir la escisión que enturbiaría la siguiente Temporada Grande decidió jugar al lado de su padrino de alternativa y los ganaderos zacatecanos, distanciándose del grupo que encabezaban su hermano, Armillita y Balderas, con Silverio como as bajo la manga. Y aunque tuvo una de las confirmaciones más triunfales que se recuerdan en la capital, desorejando a los dos de su lote de Torrecillas, “Talismán” y “Sabroso” (30.12.39)

Eduardo finalmente nunca demostró una gran vocación por su carrera a pesar de tener grandes dotes. Sus apariciones posteriores fueron muy esporádicas, y pocos lo recordaban ya cuando anunció su despedida coincidiendo con la presentación de Manolete en México. Esa tarde (09.12.45) lidió cuatro toros ya que Manolete y Silverio ingresaron a la enfermería.

Finalmente se casó con la señora Mimia Fernández del Valle y se dedicó a sembrar naranjas en su finca del Huáscato.

Jesús Solórzano Pesado
(1942)

Hijo del fundador de la dinastía y heredero legítimo de su clase y despaciosidad torera paso a la historia como autor de memorables faenas, como las que cuajó en la México al novillo “Bellotero”, de Santo Domingo (oct. 64) y, entre 1969 y 74, a los cuatreños “Pirulí” y “Fedayín”, ambos de Torrecilla.

El trazo de su verónica revestía auténtico señorío, y con las banderillas ideó un par por dentro bautizado como moreliana, tras un giro en la cara pasando en falso. Muleta en mano era difícil que se confiara, mas cuando vio claro a un toro alcanzaba cumbres de finura y temple distintas, por su naturalidad y sello, a las de cualquier otro gran artista.

Tomó la alternativa en Barcelona de manos de Jaime Ostos (25.09.66, con “Rayito”, de Atanasio Fernández) y en México se la confirmó Capetillo con “Zapatero” de Santo Domingo (19.02.67). Como su padre y su tío Eduardo, alguna vez triunfó de novillero en Madrid.

Twitter @dsolysombra

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