Toros y rock: el día que Calamaro le dio la alternativa a Román.

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Hoy los toros, como el rock, son espectáculos cuya industria se encuentra en un momento clave. ¿Tienen algo en común un roquero de fama mundial y a un joven novillero?

Por QUIQUE MEDINA.

VALENCIA. El Estadio Monumental de Lima está abarrotado. Calamaro afronta la recta final de la faena y el público en pie grita olé, se vuelve loco. Entre bambalinas, un chico rubio y delgado de nombre Román disfruta del concierto y es consciente (en su Twitter queda reflejado) de que está asistiendo a un instante inolvidable.

Horas antes, Andrés Calamaro y Román Collado Gouinguenet departían de toros y música en la habitación de un hotel de la capital peruana. El cantante había invitado al joven seguidor. Fue una conversación rápida, pero, antes de finalizarla, el músico argentino se encargó de transmitir su admiración a Román. Tras un abrazo, Calamaro se quedó solo en la estancia, y fue en ese preciso instante en el que Román se dio cuenta de las similitudes del roquero y el torero antes de enfrentarse a la historia.

“Al dejarlo allí solo con sus pensamientos y sus nervios me di cuenta de que el previo es muy parecido. La llegada en la furgoneta al recinto con todos aquellos fans esperándole. Las expectativas de tanta gente en lo alto; cuando más arriba estás más presionado te enfrentas al envite. Y la dedicación: hay que pasar muchas horas fuera de casa; me reflejo mucho en esa soledad que sientes cuando estás lejos de los seres queridos”, cuenta el propio Román a la vez que tararea esa canción de Bohemio (Warner Music, 2013), el último disco del argentino: “Cuando no estás no se abre el paracaídas y salto igual, y me pierdo en habitaciones vacías. Cuando no estás, cuando no estás conmigo”.

Era el 25 de octubre de 2013, dos días después de aquel encuentro, un Román azul pastel y oro cortaría una merecida oreja en la Plaza de Toros de Acho.

LA MONEDA EN EL AIRE

“Paralelismo hay entre un músico, un torero y cualquiera que sea un creador o tenga de sí la consideración de artista. Esos seres especiales tienen la capacidad de emocionar a los demás con lo que hacen. A lo mejor la inspiración del músico es más íntima.

El proceso de composición es privado. El torero, en cambio, desnuda su intimidad en público”, apunta Andrés Verdeguer. Andrés es crítico taurino, periodista musical y, de vez en cuando, pone discos en algún garito de la ciudad.

En su concurrido blog, Cornadasparatodos.com, se habla de política, de música y, claro, de toros.

Salva Ferrer, periodista y crítico taurino en El Mundo y la Cadena Cope, dice que le “pone” Marea, Barricada o Rosendo (Vergüenza torera, por cierto, lleva por título su último disco).

Ferrer, aunque reconoce que antes se queda con una corrida de toros, ve claras similitudes entre las dos actividades: “El espectador paga una entrada y tiene unas expectativas. Es el momento pleno del artista para el que entrena y ensaya muchas horas. Los previos, los nervios de los sujetos activos y pasivos que intervienen en el espectáculo. Pero claro, el músico se puede estar tomando unas cervezas antes del bolo. El torero, en cambio, pasa sus horas más angustiosas. En la habitación del hotel de un torero no hay gente, ni cubatas, ni chistes. Hay soledad y miedo. Responsabilidad sí, como en los camerinos”. Otra similitud, señala el informador: “las yemas y las muñecas, toreros y músicos. Tienen que estar engrasadas. Y el alma, el sentimiento”.

Pablo Cabanell es un asiduo de las salas de conciertos valencianas y un activo DJ que opera bajo el apelativo de Tom Courtenay (como el actor inglés y la canción de Yo La Tengo). Dice ir poco a la plaza últimamente porque se considera “muy torista” y (“no abundan corridas de éstas por nuestra tierra”). Prefiere verlas en Canal Plus cuando llega del trabajo. En su casa todavía conserva fotos de cuando era pequeño disfrazado de torero, pero no fue hasta los 20 años que comenzó a sumergirse en “la literatura y el hechizo taurino”.

La edad parece la idónea pues, como apunta Salvador Ferrer, “el toreo es un espectáculo que requiere capacidad analítica, una cierta madurez”.

Cabanell dice que, si le dan a elegir, se queda “con una buena tarde toros; aunque una mala puede ser los más aburrido del mundo y eso no suele pasar con los conciertos”. Nick Cave y Esplà le han marcado por igual.

Curiosamente, Andrés Verdeguer señala que, a diferencia de un concierto (“que no deja de ser la interpretación de lo ya creado y casi siempre conocido”), “la corrida es una moneda al aire a favor de la imprevisibilidad”. Casualidad o no, La moneda en el aire (Mushroom Pillow, 2014) lleva por título lo último de La Habitación Roja y precisamente su batería, Jose Marco, es un taurino confeso.

El percusionista se aficionó a las corridas de toros después de ver, junto a su padre, salir a hombros a Ruiz Miguel, Esplá y José Luis Palomar, con una de Victorino, en Las Ventas, en la famosa corrida del siglo, el 1 de junio de 1982. Jose Marco, que quiere dejar meridiano que es el único componente del grupo al que le gustan los toros, tiene claro que si le dan a elegir se queda antes con un concierto, pero vibra tanto al recordar la actuación de Noel Gallagher en el FIB, como al evocar la eterna faena de José Tomás que presenció en Nimes.

ETIQUETAS, QUE NO SELLOS

Sabíamos como aficionados a Camarón, Jaime Urrutia, Sabina, Morente, Loquillo, Kiko Veneno o Serrat. Más sorpresiva es la querencia taurina de Paul Simonon de The Clash (ha homenajeado la Fiesta desde alguno de sus cuadros), de Calexico (sólo hay que escuchar su álbum, Hot Rail – Quarterstick Records, 2.000-) o de los neoyorkinos San Fermin, autores del recomendable álbum, Daedalus (2013), cuya portada es toda una declaración de intenciones.

Andrés Verdeguer ha llevado la ligazón entre tauromaquia y música en directo a la práctica a través de la iniciativa Rock&Bou, conciertos en la misma plaza paralelos a las Ferias. “Se trata de un intento de abrir las puertas, de renovar el discurso, una apuesta por hacer más atractivo el día de toros e intentar quitarle un puñado de etiquetas. Porque de eso también va cargada la tauromaquia. De absurdas etiquetas que no se van ni con lejía”, dice el periodista.

Ferrer también cree que “la música es más neutra, no está tan politizada”. Si bien, el periodista reconoce que “gente como los cantautores que reivindican normalmente ideas de izquierda, sí sufren ese problema tan grave y asqueroso en España que es el encasillamiento y la etiqueta. Y me consta que eso cuesta actuaciones en unos ayuntamientos de un color o de otro. Te gusta un estilo de música o no. Pero no hay gente anti ópera, anti rock, anti indie, anti flamenco. Te llena o no te llena. Vas o no vas, que es lo que debería suceder con el toreo. Sin más. A mí me gustan los toros desde niño y me llena mucho más la música de Barricada o Los Suaves que el flamenco, que casa más con los toros. Hay mucho prejuicio, mucha etiqueta”.

Para Verdeguer los toros y la música popular cojean de un mismo pie. “Se parecen en que falta tanta cultura musical como cultura taurina. Que hay un mainstream dominante. Pero ambas gozan de enorme riqueza y variedad. Pero como es costumbre, para justificar un artista, un estilo o un movimiento lo hacemos negando lo otro. Pablo Alborán o Los Planetas. Domecq o Victorino.

Pero vamos, el déficit mayor lo presenta la industria taurina por lo cerrada al exterior que ha estado y lo poco y mal que se ha comunicado. Y eso que te pones a hacer números ciudad a ciudad y, tras el fútbol, o incluso por encima en algunas, los toros siguen siendo el segundo espectáculo de más tirón.

Eso también pasa porque la industria del toro ha funcionado deslavazada o sin darse cuenta que era una industria. Yo creo que todavía no se ha dado cuenta de ello. Por ejemplo: ha habido campañas para fomentar la lectura, el cine, el teatro, el baloncesto… ¿y el mundo de los toros, a qué espera para hacer su campaña?”.

LA MUERTE

En una nave del polígono de Foios vuela al viento La leyenda del tiempo de Camarón. Allí entrena, torea de salón, Román. Para el novillero la música es parte importante de su vida. En su MP3 lleva temas sueltos de Quique González, Beatles, Frank Sinatra o Calamaro. “Escucho mucha música y variada, aunque para entrenar me pongo flamenco; me acompaña mejor en esos momentos, me ayuda a inspirarme”.

“Yo al toreo cada vez veo que va más gente joven, cada vez hay más colectivos como Tendido Joven de Valencia, y eso se nota”, asegura Román.

Jose Miguel Espinosa, un conocido DJ de música electrónica, es aficionado a los toros desde los 17 años y asegura que “Román tiene todas las papeletas para convertirse en figura”. Pablo Cabanell reconoce que el mundo de los toros lo vive “más en soledad porque no tengo amigos con los que comentar y sin embargo en los conciertos sí”.

Verdeguer piensa que “algunos verán los toros como algo obsoleto, otros como algo cruel, otros como algo de derechas y eso pasará siempre. Pero el futuro depende del mismo sector”. Para Salva Ferrer: “el toreo es un hecho cultural ancestral pero sobre él recaen estrategias actuales y modernas. Las redes sociales, internet, la publicidad. Los grandes toreros siempre han sido mitos, héroes, ídolos del pueblo”. Rockstars al fin y al cabo y si no que se lo digan a toreros 2.0. como Manzanares con más de 122.000 seguidores en Twitter y cara visible de potentes firmas de moda.

De madre francesa, Román Collado aparcó sus estudios en el Liceo Francés de Valencia por el toreo, quedando a las puertas de la universidad. En marzo de 2012, tras su primera faena Valencia, el prestigioso empresario Simón Casas le echa el lazo y pasa a ser su apoderado. A partir de ahí su vida da un vuelco y ahora es uno de los novilleros con mayor proyección de los últimos años.

Andrés Calamaro también dejó los estudios por su carrera musical. Hasta llegar a Los Rodríguez (cuando desembarcó en España en los 90) también tuvo que lidiar con situaciones de riesgo, en varios grupos y en solitario.

Román está nervioso y con ganas ante la actuación del sábado. Las de los próximos días serán (tiene dos en Fallas) sus últimas corridas en Valencia como novillero. En junio de 2014, en Nimes (Francia), tomará la alternativa. El Juli será su padrino. Quizá ahora será Calamaro el que mire el espectáculo desde la barrera. Y mientras sabrá que, pese a su dilatada carrera, admira lo que hace ese chaval de 21 años. Él le canta a la muerte, pero no la mira a los ojos.

Vía http://www.valenciaplaza.com/ver/123772/toros-y-rock-el-dia-que-calamaro-le-dio-la-alternativa-a-roman.html

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