Segunda de Fallas: Rafaelillo, una gran demostración de oficio.

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Por Vicente Sobrino.

La corrida de Adolfo Martín salió medio rana. Medio, porque hubo toros que se hicieron acompañar de la leyenda. Primero y cuarto, sobre todos. Pero no hubo ninguno de esos que rompen en positivo. El sexto se acercó a ese clásico de la familia que humilla sobre todas las cosas. Humilló algo, pero era tan poca cosa todo lo demás que no puntuó. Excepto el lote de Rafaelillo, el resto incluso pecó de soso. Y solo el cuarto tomó de salida el capote con buen aire, de largo en ida y vuelta. Los otros cinco gazapearon en esa primera instancia y no se entregaron en los primeros capotazos. En varas cumplieron, alguno incluso se rindió bajo el peto. Y les exigieron, en algún caso de forma absurda. Como al sexto, que más flojo que fuerte, lo pusieron casi más allá de los medios para ir al caballo. Absurdo.

De los tres espadas, Rafaelillo fue quien superó mejor que nadie el trance. Oficio y sentido largo de la lidia en torero de corta estatura. Sin calentar motores, el primero de la tarde ya lo puso a prueba. Toro listo. Y con ese peligro sonoro que todo el mundo siente y nota casi como en carne propia. No estaba el toro para confianzas, pero Rafaelillo, conocedor del terreno, el toro y sus circunstancias, se plantó ante él dispuesto a liderar la contienda. La faena se decantó más por el lado derecho. Arrancó muletazos de oficio y con beneficio. Consintió y anduvo hábil cada vez que el de Adolfo intentaba rebañar. En una de esas, el toro se quedó en medio de la suerte y a punto estuvo de prenderle. Listo ese toro, pero también listo el torero. Para despejar cualquier duda, Rafaelillo se echó la muleta a la izquierda. Por ahí, ni por esas. No fue ningún secreto que el toro no quisiera trato por ese lado, pues ya en el capote avisó de sus intenciones. Aguantó Rafaelillo cuando el toro ya era misión imposible, se plantó provocador y la gente le reconoció tanto valor y conocimiento. Recetó una muy buena estocada y el toro fue a buscar su última respiración a terrenos de toriles.

El cuarto fue el único que se dejó torear con el capote, o, mejor dicho, se dejó capear. Movidito Rafaelillo, pero con su cuota de mérito porque el toro no daba tiempo a respirar. En la muleta, el toro miró, probó y buscó todo menos muleta. Estuvo pendiente del mínimo movimiento del torero. Y otra vez el murciano en plan campeador. Le puso arrestos y desafió sin condiciones. Llegó una colada, también un desarme, pero la batalla solo tenía un ganador: el torero. Entretanto, a Rafaelillo le sobró tiempo y espacio para robar algún natural de mucho mérito. Gran nivel de Rafaelillo en conjunto.

Al paso, más soso que picante, el guapo segundo que como la mayoría fue recibido con aplausos. Muy corto de viaje, a media altura la embestida y casi parado al final. Sin eco ni emoción. Robleño lo intentó por ambos lados. Combate nulo. El quinto, sustituto del titular devuelto por renquear más de la cuenta, se puso escarbador y no quiso contribuir a la causa. Otra batalla sin vencedores ni vencidos. Robleño acabó con el tedioso toro de una muy buena estocada. Otra más en tarde de buenas estocadas.

El tercero tampoco estaba por la labor de completar viaje. Abierto el compás a las primeras cambio, Castaño pudo en los dos primeros muletazos de la serie. Muleta siempre en la cara, con el toro muy metido en ella, fue la mejor virtud de una faena que también tuvo mérito.

Permitió Castaño miradas mosqueantes del toro y aguantó en un pase de pecho. Firme y seguro Castaño. Casi todo por la derecha, por donde el toro permitía alguna licencia. Por el izquierdo, reservón y mirón a tope. Pero la espada truncó una labor que merecía mejor final.

El sexto fue muy protestado por una supuesta cojera. Castaño lo puso muy de largo para ir al caballo, exageradamente de largo. Con cierta tendencia a humillar, tuvo también más viaje por el pitón derecho. Pero tampoco como para echar cohetes. Con el toro ya al paso, Castaño le pudo dar un par de naturales que parecieron sacados de pozo seco. Mas todo con evidente falta de chispa. El remate de faena fue una porfía de cerca, ya de noche cerrada y con el público con ganas de que se echara el telón.

La cuadrilla de Castaño quiso lucir en banderillas ante todo y sobre todo, viniera a cuento o no. David Adalid y Fernando Sánchez banderillearon tercero y sexto. Con más eco que realidad en el tercero; mejor Sánchez en el quinto, que arrolló a Adalid por medir mal y arrancar tarde. Pero el mejor par de la tarde lo puso Ángel Otero al segundo de la corrida, sin que nadie lo esperara. Y otro Fernando Sánchez, también de la cuadrilla de Castaño, pico bien al tercero.

MARTÍN / RAFAELILLO, ROBLEÑO, CASTAÑO

Toros de Adolfo Martín, el 5º lidiado como sobrero. Bien presentados. Justos de fuerzas y complicados en general.

Rafaelillo. Estocada –aviso- (vuelta al ruedo); Pinchazo hondo y dos descabellos (silencio).

Fernando Robleño. Pinchazo y estocada (silencio); Estocada (saludos).

Javier Castaño. Tres pinchazos –aviso- uno más y tres descabellos (silencio); Estocada (palmas).

Plaza de Valencia, 9 de marzo. Segunda de Fallas. Menos de media.

Vía: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/03/09/valencia/1394393796_137712.html

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