Moreno, valiente como en sus tardes ante los victorinos, se mojó sin reparos y apuntó a algunos de los principales problemas endógenos que padece la fiesta y que él sabe por propia experiencia. El diestro aludió a que se repiten con frecuencia tediosa las mismas ferias, los mismos carteles, y que así es difícil atraer a los aficionados. “No se renueva la ilusión y eso es algo fundamental”, dijo. En la misma línea, el matador y ahora empresario aludió a que hoy se ven carteles muy parecidos a los de hace 20 años y a que a las figuras tienen carreras más largas que nunca. En general, apuntó a una falta de dinamismo en la composición de los carteles que provoca que las ganaderías de moda hace dos décadas sean las mismas de ahora y a que los grandes del toreo se acoplen aquí y allá en los mismos carteles para evitar la competencia con la gente nueva que va llegando. “Yo mismo me preocupé siempre de mi entrenamiento y no me preocupé de los que venían detrás porque sabes que en el futuro serán tu competencia, pero lo malo es que eso provoca que se pierda la novedad y la ilusión de los espectadores”, explicó.
Otro asunto que salió a colación, y que suele ser recurrente, es la necesidad de que salga un torero de impacto que revitalice la fiesta, aunque se coincidió en señalar que no se puede esperar a la llegada de un salvador. Eugenio Arévalo, en ese sentido, explicó que José Tomás podía haber ocupado ese papel, pero no alcanza el impacto de grandes revolucionarios como Belmonte, Manolete o El Cordobés. “Tiene una personalidad muy especial y toreando unas cuantas corridas al año, por mucho que sean un acontecimiento, no se puede desempeñar ese papel”, dijo.
La importancia de las administraciones públicas también se debatió y ahí fue el alcalde, como político bregado que es, el que más tuvo que decir. Nieto apostó porque los políticos dejen de jugar a hacer de empresarios y apuestos por buenas empresas y les dejen trabajar con las menos trabas posibles. En su opinión, la política de subvenciones ha sido muy perniciosa, pues ha provocado que sobreviviesen empresarios mediocres y otros brillantes se viesen postergados. “Hay que apoyar la fiesta, pero de otro modo, dejando trabajar a los profesionales”, explicó. Ciudad Real, Olivenza, Santander o la Francia taurina, tan envidiada por estos lares, fueron algunos ejemplos que salieron de lugares en los que las cosas se están haciendo bien. Nieto, por cierto, también habló del Museo Taurina, cuya reapertura es inminente, y dio por hecho que recibirán críticas de algunos aficionados “pues hemos arriesgado mucho”. “Podíamos haberlo dejado como estaba y en paz, lo que habría sido cómodo y barato, pero nuestra obligación era apostar por algo innovador que pueda servir de puerta de entrada para nuevos aficionados”, detalló.
La charla dio para todo eso y para mucho más, pero todas estas líneas se quedan cortas para condensar un debate apasionado de 90 minutos. De Córdoba y su Feria también se habló, aunque con cautela. Muchas cosas deben de cambiar para que los aficionados vuelvan a Los Califas en masa, pero el laberinto en el que anda la tauromaquia es por aquí especialmente denso y complejo. “Córdoba tiene arreglo y los toros no desaparecerán porque su belleza es única”, dijo el doctor Arévalo, cuya mágicas manos han salvado más de una vida torera. Que así sea, doctor, que así sea.
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