Enrique Ponce en su regreso a Las Ventas: «No llego como me gustaría en cuanto a preparación»

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De SOL y SOMBRA.

ABC de España / Como aquel «Príncipe de los Ingenios», su figura es universalmente conocida. La obra de Enrique Ponce forma parte de las cumbres de la Fiesta. Admirado de Norte a Sur como Cervantes, escribe su hazañas a caballo entre Quijote y Sancho . Junto a la famosa estatua de la Plaza de España , el maestro pasea con la elegancia de su tauromaquia, siempre con una sonrisa para el curioso que le pide una foto aunque a veces la fama incomode como una alargada y pesada sombra. La gente se interesa por su gravísima cornada en Valencia , que narra con verbo heroico pese a no ocultar el miedo que habita en todo artista.

−¿Llegó a temer por su vida?

−Cuando yo sentí que el pitón me entraba por la axila, sí pensé que me podía matar. Sentí el dolor en el cuello, y estaba esperando el derrote… No sabía la gravedad que podía tener. Cuando me levanté, me dije sorprendido: «Estoy vivo». Fue de esas cogidas tremendamente feas.

Con todo ya conseguido en su histórica trayectoria, podría haberse «librado» del trago de Madrid y reaparecer en las ferias de junio. Este esfuerzo es prueba de su dimensión de figura.

−La verdad es que creo que tiene mérito regresar tras este cornadón. Podría haberlo dejado pasar y reaparecer tras San Isidro, pero tenía necesidad de reencontrarme con las aficiones de Sevilla y Madrid.

−Si piensa en Madrid, ¿qué es lo primero que se le viene a la mente?

−Que es la capital de España y una ciudad maravillosa, una de las más bonitas de Europa.

−¿Capital del toro?

−Yo diría que sí. Tiene una importancia superlativa en todo. En cualquier profesión, artística sobre todo, triunfar en Madrid es un aval para el resto de España y del mundo.

−¿Le han visto en toda su dimensión en Las Ventas?

−Mi gran faena de Madrid está por llegar, y ojalá sea este 15 de mayo. Creo que puedo dar mucho más de lo que han visto, y es una de las cosas que me motivan. Pero creo que siempre ha reconocido mi trayectoria y me ha reconocido como figura; de hecho, gran parte de lo que he logrado se lo debo a Madrid. Se me ha exigido también mucho, pero he triunfado muchísimas veces, con faenas históricas. Me siento respetado y reconocido por la afición.

−Aquella faena de «Lironcito» de 1996 se alza en el recuerdo. ¿Con qué actuación cree que cautivó a la catedral?

−La de «Lironcito» marca un hito en mi trayectoria y en la plaza. Pero ha habido muchas faenas grandes. Yo recuerdo mi primera salida a hombros en la Beneficencia del 92; la tarde de los sepúlvedas del 94, que entré con una fuerza tremenda; otras con Samuel Flores, una tarde que corté una oreja y pudieron ser tres… O mi última salida a hombros, que es la última vez que se han cortado tres orejas un San Isidro. Tengo muchos motivos para tener un buen recuerdo. No cabe duda de que es un público exigente, una plaza con su dureza, pero yo la he visto conmigo entregada como pocas plazas, de manera incondicional.

−Cinco años después, ¿qué espera del reencuentro?

−Que sea bonito, que haya suerte y pueda brindar una tarde memorable. Prácticamente es casi una reaparición tras mi grave cornada en la Feria de Fallas. No llego como me gustaría en cuanto a preparación, pues he tenido muy poco tiempo y lo aceleré lo máximo posible para no perderme Sevilla ni Madrid. Volver en el año que cumplo 25 temporadas consecutivas me hace mucha ilusión.

El maestro habla pausado mientras recorre la Plaza de España. De pronto, su mirada queda fija en la escultura quijotesca.

−¿Es un poco Quijote el torero?

−Sí, Quijote y Sancho, con locura cuerda. El que de verdad es figura y se mantiene durante años tiene más cordura que locura. Pero si se piensa fríamente, hay que tirar la moneda al aire. Tiene su parte bohemia, sus sueños, como ese Quijote que sueña con ser un caballero en tiempos en los que ya no se lleva. El torero tiene también un sueño especial en este siglo XXI de la modernización, un sueño en el que se viste de luces para enfrentarse a la muerte. Un poquito de locura cuerda tiene el torero.

−¿El toreo es símbolo de España?

−Sin duda alguna, como lo es el Quijote. El toreo es un arte universal y símbolo español. Es parte de su cultura, se identifica con este país.

−¿Hemos sabido explicar a los europeos el lenguaje del toro?

−Claro que lo hemos explicado, yo estuve en una conferencia en Bruselas en la que se contaba esa esencia del toreo, que al fin y al cabo es la esencia de España. Pero por mucho que lo puedas explicar, es difícil de comprender, porque hay que mamarlo. Como a lo mejor nosotros no entendemos otras culturas, pero hay que respetarlas. De todos modos, cada vez se entiende más esa parte artística y cultural. Cada vez lo estamos haciendo mejor en ese sentido. Lo fundamental es la parte didáctica, que los chiquillos hablen con naturalidad en el colegio y sepan que forma parte de la cultura de su país.

−El nacionalismo catalán no ceja en sus ataques a la Fiesta.

−Desgraciadamente, en nuestro país hay una parte minoritaria que es antiespañola y, por eso, antitaurina, porque los toros forman parte de España. El debate no es si Cataluña es española, que si lo es, o si es antitaurina, que no lo es pues hay mucha afición, sino que debe centrarse en gustos y en la libertad de ir o no a las plazas.

Mientras avanza la conversación, llegamos hasta el Palacio Real. Ponce, que se reconoce «defensor de la Monarquía» y elogia «el importantísimo papel del Rey», admira el patrimonio cultural de la ciudad que lo espera esta tarde. Cinco años después y con todo conquistado, quiere ocupar de nuevo el trono venteño.

«Si fuera por Paloma, yo no torearía más»

−¿Pesa más torear en la plaza que dicen da y quita todo con Paloma y sus dos hijas esperando en casa?

Paloma respeta mi opinión, pero si fuera por ella no torearía más. No querría que reapareciese nunca. Con esta cornada lo ha pasado fatal, pero yo como torero siento la necesidad de regresar y de rematar esta temporada como se merece. Ahora la concentración tiene que ser máxima, de pensar en la corrida de Madrid. Cuando se llega al patio de caballos, no se puede estar pensando en otra cosa que no sea el toro y en la faena que te gustaría hacer. Parece casi imposible, pero tienes que hacerlo. Sabes que te vas a jugar la vida y hay que evadirse de todo.

Via: http://www.entornointeligente.com/articulo/2515413/Enrique-Ponce-El-toreo-es-un-simbolo-de-Espana-como-el-Quijote-15052014

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