¿La Fiesta en Paz? La vitalidad perenne de Valente Arellano.

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Por Leonardo Páez.

Algunos defensores del colonialismo taurino español en Sudamérica –y no son pocos– se pasaron a incomodar con ciertos conceptos que expresé durante mi intervención en el homenaje al matador Valente Arellano en la Casa de Coahuila el domingo pasado, con motivo de su trigésimo aniversario luctuoso. Por respeto a los lectores más que a la ideología de hispanópatas y mexiqueros, comparto algunos concep- tos que según esto no venían a cuento, y que solté quesque por no dejar de aprovechar (sic) el escaparate para lanzar mis consabidos dardos.

Honrar la memoria de alguien a quien se admira y agradece su decidido y definido paso por la vida, como fue el genio torero de Valente Arellano, no consiste únicamente en referir las aportaciones de su personalidad y de su tauromaquia o enlistar fechas y datos, sino que obliga a reflexionar también en torno a una fiesta de toros que hoy parece condenada, y no precisamente por los subvencionados y desinformados antitaurinos ni por las imposiciones del pensamiento único desde Washington, antes bien por la ceguera, voluntarismo y desafortunada autorregulación del duopolio taurino de México, el más rico y el menos eficaz en la historia del toreo mundial.

No tenía caso, según algunos observadores, recordar que quienes prefieren llevar la fiesta en paz esgrimen dos argumentos tan débiles como peligrosos: el primero y más simplista, que los antitaurinos son la principal causa del debilitamiento de la fiesta de los toros en nuestro país; y el segundo, aún más desvergonzado, que al que no le gusten los toros simplemente que no asista y deje de molestar.

Frente a los animalistas, tan rijosos como desinformados sobre el rito ancestral que pretenden abolir, ni los taurinos que dicen arriesgar su dinero para promover la fiesta, ni taurófilos, ni villamelones ni el público grueso, han querido responder a las embestidas de antitaurinos pagados, asambleístas manipulados y partidos charlatanes. Asimismo estos sectores optaron por callar ante las omisiones e indiferencia de sucesivos presidentes ataurinos, esos aficionados de clóset que, una vez en el poder, buen cuidado tuvieron de no volver a pararse en una plaza de toros ni de llamar a cuentas al duopolio empresarial, pero sí de reunirse en privado con diestros extranjeros que figuran.

Por lo que se refiere al argumento de que al que no le gusten las corridas que no vaya y deje de cuestionarlas, se trata de una propuesta falsa y reduccionista que confunde la poco imaginativa oferta de espectáculo por parte del duopolio taurino de México con la fiesta en general y con la única opción de organización taurina. Si no te gusta mi manera de autorregularme, parecen decir, abstente de ir a la plaza, deja de cuestionar mi desempeño empresarial y sigue añorando competitividad, grandeza y originalidad del rito táurico.

Por ello en Sudamérica, añadía, la fiesta de toros pende de un hilo muy delgado. Tras comportarse durante décadas como meras colonias taurinas de España e importadoras anuales de ases, con gremios acomplejados sin creer en un potencial taurino propio, ahora pueden afirmar con afligida certeza: por estos rincones, la fiesta está hecha girones. Ojo: los últimos responsables de esta nefasta globalización taurina son los españoles; los primeros, los globalizonzos que no se valoran a sí mismos y prefieren verse falsamente reflejados sólo por estrellas europeas. Y aléguenle.

Ha concluido la elaboración del inteligente y esmerado documental Luz en las sombras, destellos del toro bravo en México, de la talentosa Renel Tron, investigadora y productora del mismo, dirigido por Fabricio Feduchy y con música original de Jorge Uruchurtu. En la sinopsis del sitio www.luzenlassombras.com/ dice Renel: México no sólo es el Distrito Federal. México es muchos Méxicos. Así fue como también sentí la necesidad de mostrar ese México a través de los toros. Me impresionó la colaboración tan amable de la gente que ha participado en el documental, y me di cuenta de que cuando tenemos una pasión en común las puertas se abren con más facilidad. Este documental también se lo dedico a ese público ajeno a la Fiesta; esas personas que no tienen una postura definida sobre ella; aquellos a los que se quiere engañar con falacias. Y la intención de este trabajo es hacerlos sentir la Fiesta desde otro ángulo, el del sentimiento que es el hilo conductor de los personajes que aparecen aquí. Espero que esta aportación sirva para que a la Fiesta se le mire con respeto y mayor interés. El tráiler del portal es magnífico y la premier de Luz en las sombras será en fecha próxima.

Hacer el ridículo con el pretexto del espectáculo taurino con frecuencia rebasa todo lo imaginado. Mientras en Mont de Marsan, Francia, la lidia alcanza cotas trascendentes (la artística gesta de Diego Urdiales con los encastados Victorinos), en Monterrey unos aventureros aprueban y lidian una novillada como corrida de toros sin que nadie sea ejemplarmente multado. En Ecatepec, estado de México, su inadvertido alcalde suspende la tradicional corrida de Santa Clara porque en un guateque se armó una balacera y, como cereza en el pastel, el compasivo Congreso local del violento estado de Guerrero prohíbe las corridas de toros al aprobar la Ley de Bienestar Animal –¿y la de bienestar de los guerrerenses cuándo?–, incluidas las calandrias en la costera de Acapulco. Eso sí, las peleas de gallos y los jaripeos no se prohíben por ser una tradición. Con tamañas autoridades y legisladores metidos a taurinos y antitaurinos, sálvese quien pueda.

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