¡Qué mal se educa a los nuevos aficionados!…En tiempos del dictadorzuelo de Velilla de San Antonio.

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El Juli y Ponce.

Por José Antonio del Moral.

Desde que José Tomás reapareció tras sus años de largo primer retiro, desde que la mayoría de los medios, sumisos a la doctrina de considerarle intocable, trataron de convencer a cuantos les prestaban y aún prestan atención a las continuas afirmaciones de que era y aún es contra el viento y la pésima manera de ejercer de figura sin serlo de ningún modo y siempre con la misma cantinela de considerarle el no va más de la historia del toreo en detrimento de las verdaderas figuras de su tiempo – tanto por su eventual tremendismo – “quien no se deja coger es un mal torero”, llegaron a decir los muy canallas para tapar sus torpezas -, como en su decisión de torear poquísimas corridas en plazas de poco compromiso frente a reses sin apenas trapío de un escasísimo numero de ganaderías entre las más fáciles del momento,  en compañía de toreros para nada molestos salvo poquísimas excepciones y siempre sin televisar y hasta prohibiendo que se tomaran imágenes de sus actuaciones –

Desde que, posteriormente, el acreditado poderío de El Juli se extendió por propia voluntad a intentar mandar hasta en los botijos de los coches de cuadrillas, en la voluntad de la crítica, en las empresas, en sus compañeros y en cuando se movía en el mundillo tratando de tapar como fuera su evidente decadencia profesional mediante un despliegue publicitario sin precedentes y, desde luego, intentando imitar los turbios procedimientos de su adorado Tomás – ¿por qué él sí y yo no? -; desde que no pocos sino muchos trabajan en pos de los dictados julianos al tiempo que se esmeran en ocultar o desmerecer las grandes obras de Ponce como acaba de ocurrir con su enorme faena de El Puerto.

Porque es el único que verdaderamente molesta al ínclito dictadorzuelo de Velilla de San Antonio por saber de sobra que jamás podrá con Ponce porque sus maneras de torear con ser admirables cuando lo eran aunque cada vez lo son menos, nunca tuvieron nada que ver con la inimitable por sencilla y elegante naturalidad del valenciano al que jamás se le notan los esfuerzos.

Mientras que Julián no puede evitar que se le noten; mientras que no paran ni pararán en tan indecentes campañas que creen a puntillas los miles de ingenuos que les leen y les escuchan…, lo que es el mejor toreo, lo que supone ser una verdadera figura quedará en gran parte oculto con los subsiguientes pésimos efectos.  Pero si hasta le dan más importancia a las faenas de Fandiño… Hombre, por Dios… De vergüenza ajena… Y así esta esto, señores. Así está.

Somos muy pocos, sobran dedos de una mano, los que nos negamos a aceptar tal estado de cosas y por eso están intentando nuestra desaparición. Pero no teman. Mientras Dios nos siga dando salud y nuestras amistades prevalezcan sobre nuestros enemigos por muy potentes que crean serlo, aquí seguiremos dando la batalla y defendiendo los principios que siempre reinaron en La Fiesta aunque ahora estén procurando que desaparezcan.

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1 comentario »

  1. Estoy de acuerdo. Nunca estarán a la altura de Enrique Ponce. Ni José Tomás ni el Juli. La clase no se compra , se nace con ella y más con el arte y la personalidad. Además de lo fácil que se ve el torero en manos del Valenciano.Olé por los figurones del toreo.

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