Ocho con Ocho: ¡Valente! Por Luis Ramón Carazo.

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En cinco actuaciones como novillero en la Plaza México entre 1982 y 1983, un vendaval de rejuvenecimiento taurino nos azotó en la capital, por una de las temporadas memorables de novilladas. Los más antiguos para compararla por aquellos años, recordaban con fervor la gran temporada de 1948, denominada como la de los Tres Mosqueteros y D´ Artagnan, integrada por Rafael Rodríguez, Manuel Capetillo, Jesús Córdoba y el cuarto, Paco Ortiz de Apam , por cierto de los cuatro sobrevive entre nosotros y siempre es un gusto recordar al gran torero que es, Chucho Córdoba.

Antes de la temporada de 1982, fue especial también, la temporada novilleril de 1978 con El Pana, César Pastor y el madrileño Ángel Majano, quienes convocaron en gran número a los aficionados. La temporada de 1982-83, es la última que se recuerda de carteles de no hay billetes en festejos novilleriles en Insurgentes. Era un reto conseguir los boletos, que se cotizaban muy caros en la reventa.

Esa campaña se mantuvo el alarido a la afición con la tercia integrada por Valente, Manolo Mejía y Ernesto Belmont, además de otros nombres como Luis Fernando Sánchez, Sergio González (hoy brillante subalterno), la reaparición de Carlos Serrano El Voluntario, o a David El Chato Bonilla de Aguascalientes quién en la tarde del 26 de diciembre de 1982, por las cornadas a sus alternantes Rafael Carmona y Carlos Vidal, propinadas por el segundo novillo de la tarde de La Providencia de Carlos al que finalmente, estoqueó David. Posteriormente y con valor espartano, se zumbó a los cuatro novillos restantes y así dejar una hazaña en la historia, que años después acometiera en similar circunstancia Paulo Campero, aunque con menor trascendencia que la de El Chato.

Hijo de Valente Arellano Flores y Sonia Salum Chávez, Valente nació en Torreón, Coahuila, el 30 de agosto de 1964, y desde su infancia tuvo contacto con los toros, gracias a la desbordante afición de su papá, que incluso fue aficionado práctico. La primera vez que se toreó a una becerra tuvo lugar en 1974, cuando tenía diez años de edad. El suceso ocurrió en la hacienda Chichimeco, donde el maestro Fermín Espinosa “Armillita” preparó una tienta para despedir a su hijo Fermín, quién se marchaba a España, para realizar una campaña novilleril.

Actúo en los festejos novilleriles que organizaba la Peña Don Difi (cuya cabeza era el inolvidable torero y posteriormente estilista Heriberto Cuevas) en la plaza de La Florecita del Estado de México, para presentar prospectos valiosos. Valente posteriormente, se presentó en la plaza México en la temporada de novilladas, el domingo 26 de septiembre de 1982, ejecutando con su segundo novillo de Rodrigo Tapia una estocada recibiendo, para impactarnos y así obtuvo dos trofeos y consiguió así su primera salida en hombros, del coso capitalino.

El 7 de noviembre del mismo año, al lado de Manolo Mejía y Ernesto Belmont, la Plaza México vibró intensamente. Valente obtuvo orejas y rabo del novillo Pelotero de Felipe González y la rivalidad con sus alternantes, quienes en conjunto conformaron una trilogía memorable, ilusionó a la afición capitalina. El cartel fue repetido semanas después, con gran éxito, al salir en hombros Valente en compañía de Belmont, mientras Manolo obtenía una oreja de uno de los buenos novillos del encierro de La Venta del Refugio del inolvidable José Luis Gómez.

Su toreo con el capote era muy variado, en banderillas recordaba entre otros a David Liceaga y con la muleta, combinaba los muletazos tradicionales con adornos añejos interpretados con la frescura de un joven desparpajado y llamado a ocupar un sitio de figura en el toreo. En La México su última actuación como novillero, lo fue el 13 de marzo de 1983. Ese año fue complicado pues a la par de los éxitos, llegaron los percances y las lesiones graves. Primero, sufrió rotura de ligamentos de rodilla; al recuperarse y volver a los ruedos, sufrió la fractura de la clavícula izquierda.

El 4 de junio de 1984 recibió la alternativa en Monterrey Nuevo León, su padrino Eloy Cavazos y el testigo Miguel Espinosa Armillita, con toros de San Miguel de Mimiahuapám, posteriormente fueron solamente ocho festejos más los que Valente Arellano cumplió como matador de toros. Exactamente dos meses después de la alternativa, tuvo lugar el fatídico suceso con su motocicleta que terminó con su vida terrenal en Torreón.

Hace treinta años se fue del mundo físico, uno de los referentes del toreo del siglo pasado como novillero, luego como promesa de matador y finalmente pronosticado para ser gran figura del toreo. Se fue un depositario del valor, de la entrega, la gracia y la torería, estuvo a la altura de los mejores y se ganó el reconocimiento gracias a un carácter heroico que adornaba con un toreo intenso.

Valente fue un vendaval de afición, que apostaba cada tarde, sin aparentar para enfrentarse a los bureles con una vital alegría; un torero a carta cabal, en las casi 150 novilladas que sumó entre 1979 y 1984, así como en las pocas corridas que actúo como matador de toros.

Hoy muchos años después de adelantarse en el paseíllo de la vida, no lo olvidamos y recordamos con nostalgia su bonhomía, cuando era entrevistado entre otros por José Luis Carazo Arenero, con quién seguramente comparte la Gloria, de la eternidad divina.

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