Ocho con Ocho – Nuevos Tiempos Por Luis Ramón Carazo.

Actualmente hay un problema de fondo en el espectáculo taurino, cuya solución hemos de acometer todos los interesados en el arte del toreo: un alejamiento del público. Y no esquiva un aire de autocrítica, que trae como consecuencia una decidida apuesta por un concepto serio y respetuoso en cada festejo taurino. Si lo creen empresarios, ganaderos y toreros en conjunto con los aficionados, tenemos un paso adelante. Seguir pensando que todo se va a solucionar con el advenimiento de alguna figura mayúscula, me parece mesiánico e ilusorio.

Es imposible regresar al protagonismo que tuvo el toreo hasta hace veinte o treinta años, pues involucraría un cambio en las nuevas costumbres que pasan por crearse la necesidad de ser testigos de un evento especial en el año. Pocos asistimos consuetudinariamente a un número alto de festejos taurinos, como si sucedía antaño con nuestros antepasados y eso nos pone claramente en perspectiva el futuro que pudiera tener el toreo, como espectáculo masivo.

Los tiempos cambian y ya es hora de pensar más en el público. El gusto por ir a los toros, por platicar de toros, por entender, está en la génesis de los grandes aficionados, claro que sí, pero hoy, cuando nos preguntamos “¿por qué la gente no va a las plazas?”, se entiende que no acuda, porque su tiempo no da para más y solo le surge la necesidad de hacerlo en fechas señaladas y me refiero a la Feria de San Marcos, a la de San Isidro o bien el 5 de febrero o la inauguración de la temporada grande en La México, incluso la fecha en la que va a cada lugar José Tomás en cualquier plaza del mundo y en México, Pablo Hermoso de Mendoza. Esos días los aficionados se programan para asistir y después otras prioridades de ocio ocupan ese espacio de tiempo. El concepto casi religioso de los aficionados al toreo, está en extinción.

Nuestro objetivo prioritario a futuro, de atraer al público y en particular a las nuevas generaciones, me parece que tiene que sustentarse en la hipótesis de lo que viene y no de lo que ya fue, tratando de regresar a tiempos idos que ya no volverán, o de veras ¿cree alguno que en las novilladas la asistencia será de la magnitud de lo que provocaban en México, Mejía, Valente y Belmonte en España, la pareja de Litri y Aparicio en sus tiempos? El toreo nos guste o no, es de eventos y ya no de temporadas largas, pues además de crisis económica hay otra más graves del tiempo que se le dedica a los toros.

Por eso me dio alegría que mi entrañable amigo hubiera acudido a la corrida el sábado 6 de septiembre de 2014 a Ronda, en España, evento maravilloso que se celebra una vez al año en el primer sábado de ese mes. A la corrida rondeña, acuden aficionados y curiosos de todo el planeta. De países como China y no se diga de todos los llamados pijos, de Europa. En la corrida de 1998 a la que asistí, tuve la oportunidad de conocer a la gran aficionada abuela del actual rey de España, doña Mercedes Condesa de Barcelona y desde luego departir con el genio del toreo, Antonio Ordoñez, hoy ambos habitando en la gloria.

Mi amigo es la segunda tarde rondeña consecutiva que acude y creo que habrá Dios Mediante para él una tercera o más. Si el año pasado vivió la inolvidable encerrona de Morante, este año le tocó el lento y sentido trazo de Morante de la Puebla, la maestría de El Juli, así como el gran momento que vive Perera y siendo mexicano debe estar orgulloso de que los toros de Zalduendo siendo ya propiedad de Don Alberto Baillères, tuvieran su primera corrida rondeña. Él asiste a muchas corridas pero para muchos habrá sido su cita taurina del año y hasta el que sigue. Así me parece que están las cosas.

Los primos del norte que algo saben de negocios y espectáculos deportivos por comparar, tienen su tiempo para el fútbol americano, para el basquetbol, para el béisbol, el soccer siguiendo esa lógica está buscando su temporada correcta, no todo el año.

Por eso antes de seguir criticando acremente a toda la torería actual de falta de sello como antaño, también cabría entender que las épocas cambian y el aficionado ya no se comporta como lo hacían los de aquellas épocas. La grandeza del toreo se consigue en el ruedo, pero la leyenda y su engrandecimiento lo genera el público. Si sólo acude de vez en cuando y se informa en 140 palabras o en 5 minutos de resumen taurino y ya no charla sobre lo que vivió en la plaza es muy difícil que podamos soñar que algún día serán distintas las cosas.

Los tiempos cambian, no me cabe duda, querido amigo.

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