Esencia y Apariencia – Triunfan Rivera y Aguilar sobre Salida a Hombros.

El pase con la derecha de Fermín RIvera, el toro en la bamba de la muleta. FOTO: Humbert.
El pase con la derecha de Fermín Rivera, el toro en la bamba de la muleta. FOTO: Humbert.

Afortunadamente la corrida no cierra con sobrero de regalo sino con una sobra de regalo en el nuevo ramalazo de la Autoridad que “afloja” la salida a hombros de Saldívar que, tan desangelada ha sido, muestra que el hidrocálido sigue sin pasar por su mejor momento. Mientras que, superadas las apariencias, la doble esencia de Rivera y Aguilar vuelve a combinarse para traer los dos capítulos de mayor emoción de la decembrina encrucijada.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Se cruzan Fermín Rivera y Mario Aguilar por azares del destino en La México.

Nuevamente. En la séptima, el séptimo día del mes último del año que duplica el siete.

Ambos, autores de las dos mejores faenas novilleriles en la Monumental la década pasada, dieron una buena tarde hace tres años con Villa Carmela. De rebote torean Xajay y la asistencia, que debió ser la mejor Afición taurina, no acude.

Que el espectáculo taurino es ya de unos cuantos.

Y es penoso.

Viendo los hechos con seriedad y serenidad, Xajay envía una corrida desigual por presencia –segundo, tercero y quinto son anovillada muestra- la pinta y su desconcertante juego. Solo esto explica como en un mismo encierro se encuentra un toro tan bravo y serio como el sexto y otro tan anovillado y manso como el tercero.

O tan emocionante pero desconcertante como el primero de la tarde.

La bravura en esencia y apariencia ha de superar obstáculos y crecerse ante ellos para demostrar que es auténtica. Así, el primero, “Golino” nombrado sale a buscar pleito a bronquear y por ello Fermín Rivera aplica de salida el lance a pies juntos, han sido más de seis sin enganchar y rematar muy vertical y torero en plenos medios. Si el toro sale bravucón, el torero sale a superar cada bravata con su ordenado manejo de percal.

Igual que Gabriel Meléndez que al picar arriba, me recuerda una reunión post-sorteo en El Paseo potosino con su tío Don Gabriel, la histórica “Coca” que en una entrevista en Aguascalientes, donde fue capitán general, decía: “Al toro hay que sangrarlo hasta cierta medida, ni matarlo ni dejarlo sin picar que luego no ves faenas.”

Fermín, por ello, en buena medida, lo ve claro.

Lo suficiente para quitar en el lance a pies juntos, regodeándose y recogiendo la embestida del toro, rematada soberbiamente por bajo. Y, tras la atinada brega de Sergio González, Rivera da la rienda suelta, no solo a su empaque, sino al ejercicio de su sapiencia: dos doblones espléndidos por el lado derecho y la trincherilla de cartel.

Y la faena siempre a los medios es la lucha entre la descompuesta embestida contra la vertical planta, la largueza de arriba a abajo que somete y deja la horizontal del toro domeñada, primero por el derecho en dos tandas: la primera ensaya, la segunda explaya y a la violencia del toro responde Fermín con firmeza y quietud al grado de dejar al toro pasmado para el de pecho.

Tiempo exacto entre tanda y tanda.

No confundir bravura con bravuconería, hay entre ellas la misma distancia que entre el valor y la temeridad en el torero. “Golino” no tiene fondo para ubicarse en la primera y al natural hace todo por regatear pero le vence la muñeca zurda del potosino cincel primero y pincel después. Entera tanda de naturales bordado pese a la cara arriba baja la mano y remata estupendo.

De oro.

Y el la rotundidad, clásica, soberbia y fundamental del toreo con la derecha en redondo, siete derechazos que vencen cada uno cada embestida distinta del toro que quiere escapar y que, a Plaza al rojo vivo, cierra con un trincherazo de excepción, revienta La México y el astado desinfla para la siguiente tanda, solo el de la firma el de trinchera, más el doble desdén dejan la escena lista para la estocada.

Pero Fermín decide seguir.

Con el drama que se percibe el toro le cobra caro, en el tercio frente a los médicos, quedar evidenciado con su toreo de absoluta claridad y a la salida de un muletazo, ya para rematar, le prende. La fortaleza de Fermín le hace ni sentir –de inicio- el golpazo su raza le hace cerrar la faena por alto con un toque de voz exacto para dejar media trasera que finiquita al toro que apenas aguanta.

Oreja a Rivera, vuelta aclamada.

Entonces Mario Aguilar sale a jugársela.

Cariavacado, la hechura del escarchado segundo, “Nevaito” nombrado, muestra que puede embestir por lo degollado y bajo, el lomo recto y su expresión que adivina dispuesta a atacar. ¿Acabará como apunta su salida? La respuesta comienza a develarse cuando Mario Aguilar toma como Rivera el camino del lance a pies juntos. Inteligente, no se deja enganchar sino obliga a bajar la cabeza pese a la protesta y prosigue en la torera chicuelina.

Los problemas llegan cuando,  por violencia y estridencia, toma el cárdeno a Cruz Prado y su cabalgadura como muñecos de trapo con  terrible tumbo, vuelta incluida, el de Xajay tiene la asignatura para rematar en bravo de proseguir en su juego a más sin rajar o reservarse. Para banderillas pone en predicamento por su reserva a Alejandro Prado y en problemas a Javier Escalante al quien el primero le realiza un quitazo a cuerpo limpio y cierra soberbio el tercio.

Saludos desde el callejón incluidos.

Aguilar comienza arriba, brinda aire quedándose quieto. Baja la mano con la derecha en la primera serie y el cárdeno protesta. Entonces, da el pecho con naturales que mandan y templan, uno enorme, cantado antes de ocurrir por lo fenomenalmente citado y rematado previo a frenar el astado. Ajusta a la siguiente e impide que el xajay tire ancla con la ligazón que hace imaginarnos una tarde para el recuerdo.

Luego en el trincherazo que sigue, ligado a los derechazos la cintura juega, carga toda la suerte sostenida en la pierna de salida al ritmo que quiere el torero para que, cuando vuelva a frenar el toro, invada el terreno y pegue, accesoria y arrojada, la capetillina. Así, una vez impuesto en lo esencial, la siguiente tanda trae la dosantina progresivamente mayor en calidad y estruendo, muy cerca de los pitones.

Revienta el tendido.

A punto del error de Mario por adelantar, las manoletinas se cierran con firmazo y la entera, tendida y caída pone en sus manos la oreja.

Del triunfo a la aburrición. Tres turnos seguidos .

Con la espesura del actual Arturo Saldívar incapaz de encontrar razón y convencer al anovillado y castaño tercero de embestir. Insulso turno para el olvido. O la desazón del geniudo y descastado cuarto al que ni todos los esfuerzos de Rivera logran evadir su real destino. Se lo juega al no picarle dos veces, al dar aire por arriba de inicio y no doblarse pero el manso no lo agradece. Hasta salir quiere de la muleta por la izquierda.

Mario Aguilar no tiene otra más que hacer ante el peligroso quinto.

Y la Afición tampoco.

Solo esperar la salida del muy serio, hondo, astifino y astiagudo sexto nombrado “Nuriesco” cárdeno oscuro. Igualmente, espera de él Arturo Saldívar -tan comunicativo (risa y risa…) con la Porras- ser el que le regrese el importante cartel que tuvo, aun ausente, en esta Plaza.

Hoy, pese a los triunfos, es uno más.

Este cárdeno progresivamente mejora su acometida, siempre ataca con la embestida completa por ambos pitones y, tras inicio templado con el capote, Saldívar repite las ya acostumbradas chicuelinas y atina al recargar la brega en la cuadrilla, donde le dejan las cosas calientes al saludar Diego Martínez tras banderillas.

Pena que agota su concepto por abandonar lo mejor de su toreo: largueza en lo fundamental. Por ello, repetitivo es su pase cambiado y luego el cambiado por la espalda. Si viéramos de nuevo su tarde de rabo hace tres largos años, la tarde anterior y esta, tenemos que Saldívar parece no tener que más ofrecer a un toro que está listo para ser toreado fundamentalmente por donde pasa el paquete de los toreros.

Arturo lo hace a cuenta gotas.

Incluso le derrumba de inicio y el torero da el paso atrás en el de la firma.

Extrema cortedad de tandas muestran al hidrocálido como reservado en dejar la muleta puesta y no recolocarse como al principio, retraído por el viento y el toro que toma larguísimo los derechazos… cortados por inoportuno martinete. O el enganchado cambio de mano, o la manía de ayudarse al torear con la izquierda.

Cuando gira solo son cuatro pases y un cambio de mano por la espalda que rompe la claridad y la entrega de la gente, ya lo decía Manuel Capetillo, “la tanda buena es del sexto para adelante”. Pero puede más la chabacanería y lo accesorio de las dosantinas que no hacen más que evidenciar que el toreo al natural ha sido posible.

Ni en tal postura, lejos y por la espalda, es capaz de que el toro le tome el engaño por violento y poco sutil en los toques. Maltrata la embestida de un toro que ha sido, hasta hoy, el mejor del ciclo.

Pero eso no importa, menos aun la estocada defectuosa o el fallo del puntillero.

Le regalan la Puerta Grande en nuevo ramalazo de Jorge Ramos que atina el arrastre lento. El ganadero se regala la salida en hombros, el autobombo y el grito del panegírico.

No hay de que preocuparse.

La Afición paga por ver el juego de cada toro y la capacidad de imponerse de los toreros, aunque le marquen las cartas o le inventen salidas a hombros. Para la salvación nuestra entre taurinos no va la coba, como entre gitanos no hay que leer las cartas.

Ni al toro bravo, cuando es bravo, no le van acompañantes, que la bravura canta sola.

Aunque haya quien doble siempre contrario al respecto.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2014-2015. Domingo, Diciembre 7 de 2014. Séptima Corrida de Derecho de Apartado. Un Cuarto de Plaza en tarde fresca de inicio y fría de mitad de corrida en adelante. Viento a partir del cuarto turno.

6 Toros, 6 de Xajay (Divisa Verde y Rojo) Desigual y variopinta. Anovillados los lidiados en segundo tercero y quinto lugar. Con emoción el primero de la tarde que acaba rajado y a la defensiva. Interesante aunque cariavacado el cárdeno segundo con buen fondo aunque corto en distintos pasajes. El resto mansedumbre y sosería, así como falta de casta por parte de cuarto y quinto. Serio y bravo el sexto “Niuresco” número 100 con 503 kgs., cárdeno oscuro y bragado homenajeado justamente con el Arrastre Lento.

Fermín Rivera (Malva y Oro) que sustituye a Sergio Flores, Oreja y Saludos tras Aviso. Mario Aguilar (Obispo y oro) Oreja y Silencio tras Aviso. Arturo Saldívar (Tabaco y Oro) Silencio y Dos orejas con protestas. Salió a hombros malamente junto al ganadero. 

Mal la Autoridad al hacerse de rogar al premiar tras el turno y aflojar completo en el sexto.

Espléndida tarde de Alejandro Prado primero que saluda con toda discreción tras parear al segundo y realizar un extraordinario quite a cuerpo limpio en tal turno a Javier Escalante. Fácil y muy efectivo a pie, Sergio González.

Saluda Diego Martínez tras banderillear al sexto.

Destacan a caballo, en el primero Don Gabriel Meléndez, Eduardo Reyna Rivera en el cuarto y, durante la lidia del segundo, Cruz Prado.

Derechazo de Mario Aguilar a "Nevaito" de Xajay. FOTO: Humbert.
Derechazo de Mario Aguilar a “Nevaito” de Xajay. FOTO: Humbert.

2 Comentarios »

  1. Lo dicho comendador la torería de Rivera y Aguilar; éste con menos toros que el primero, pero siempre en la línea de fuego ambos.

    De Saldivar que me hizo abrigar tantas esperanzas, está perdido sin nada nuevo que ofrecer sé olvidó que tiene para mucho pero miserablemente, lo desperdidicia en el conformismo.

    Del palco que decir lo han covertido los que lo presiden, en una taquería vulgar y pueblerina.

    Atinado como siempre “Caballo Negro II

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