Pepe Luis nunca paró un reloj.

Por José Ramón Márquez.

Hay que haber visto al niño para saber lo que es un torero tocado por la gracia. Hay que recordar las luces, los momentos de torería luminosa venida de otra época, la forma de saber estar frente al toro como están los hombres, la apostura y la majeza en el cite, la gracia divina en el adorno. Además, es importante también recordar las sombras de las faenas que no arrancan o el calvario de la espada de una tarde en Sevilla.

Éste no paraba el tiempo, ni falta que le hacía. Sólo era, es y será un torero único. Una tarde en Madrid se cambió la muleta de manos como nadie jamás lo ha hecho, con la naturalidad exquisita de la que nace el arte verdadero, con la elegancia que viene de la cuna. Pepe Luis, niño eterno, matador de Miuras.

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