Santa María de Querétaro: El Paradigma de la Presunción en Noche de “Adelitas”.

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Ponce Forever. La distancia ante el toro mexicano chiquito, con su “carita”… Foto Emilio Mendez.

Por Juan Carlos Valedez – De SOL y SOMBRA.

Querétato, Qro.- ¿Hola, como estas? ¿Viste la entrevista de Ponce con Adela Micha? Que pedazo de torero, adentro y afuera de los ruedos, aunque eso de cantar la verdad es que no se le da mucho, pero ¡Que torero! me decía con enjundia un amigo queretano mientras me asediada a las afueras de la plaza Santa María.

Sí la vi, sin duda Ponce es un personaje carismático, como lo han sido en el pasado casi todas las figuras del toreo de su nivel, le conteste sin pensarlo dos veces.

¿Oye de casualidad no viste los programas taurinos del lunes pasado? pregunte una vez que vi que su entusiasmo había disminuido.

¡Si, claro que los vi! Ese viejillo de Luis Niño de Rivera mira que decir que Enrique torea despegado ¡Que hijo de la gran p..a! Por eso nadie les cree.

Oye -interrumpi- pero no has visto el video de la faena al teofilito con calma, por momentos si toreo despegadito, demasiado diaria yo.

Sí claro, pero mi amigo Valadez que técnica, que porte y que manera de templar, no se fijen solo en lo malo dijo el querétano ya no tan eufórico y con tono medio molesto.

Bueno no se enoje ¿Y que le parecio el programa de la empresa, el del canal 11? Ahí donde el de chiva dijo “que el toro mexicano es chiquito, que tiene su “carita”” mientras Cue y el ex- joven Murrieta lo veían con ojos de borrego a medio morir y sonrisa de quinceañera ¿No le parece un comentario medio despectivo?

¿Ah, eso dijo? contesto asombrado. La verdad no recuerdo esa parte, pero si esta mal que ande diciendo eso, es como si yo digo que todos los mexicanos son chaparros, gordos y morenos. Yo la verdad a esos programas ya no les pongo mucha atención amigo Valadez.

Me quedo con la entrevista de Adela, creo que hasta tuvo un fondo más taurino. En fin, pues aquí nos separamos, un gusto como siempre y cuídese.

Andele, igualmente y que sea una buena noche para su torero. ¡Dios quiera amigo Valadez! me contesto apresuradamente mientras caminaba hacia su lugar seguido de su compadre y su hijo que habían venido desde Nuevo Laredo para ver a Ponce.

Hice lo propio y ya en mi localidad pude ver una plaza que rozaba apenas los tres cuarto de entrada, muy raro que no se hubiera llenado.

Muchas “adelitas” en el tendido seguramente atraídas por la entrevista de la Bárbara Walters mexicana al diestro de chiva. Algunos Silvetistas antes de hueso colorado (hoy de closet) y como siempre en estas ocasiones, no podía faltar la aristocracia del barrio taurino mezclada entre el resto de una afición que lucia sus mejores galas.

La Santa María que siempre ha sido lugar de grandes eventos y acontecimientos ayer lucio esplendorosa, como en sus mejores tiempos. Una pena que no se llenó ni porque se presentaba Ponce, pero es que los precios de las localidades estaban por las nubes.

Con ese marco esplendoroso se lidió un encierro de San José muy terciado, con toros mansos, muy blandos, otros nobles pero la mayoría sosos. Destacando el corrido en cuarto lugar por su nobleza, misma que lo hizo acreedor al arrastre lento.

Abrió la noche Enrique Ponce con un astado de contrastada mansedumbre, mirada afligida y un andar desequilibrado.  Contra todo eso el valenciano estuvo voluntarioso, pero a pesar de su desmedido interés no levantó los ánimos de sus partidarios.

Con su segundo vino la “revolución de la adelitas” ya que el torero valenciano deleitó en verdad a esta plaza con su tauromaquia “paradigmática”, como la define el jefe de jefes de SOL y SOMBRA.

Le concedieron las dos orejas del quinto tras una faena de enfermero inteligente a un toro noble como el tequila reposado, ese que tanto le gusta al torero, pero con las fuerzas muy justas, carácter de cordero y bobalicón temperamento.

Sin embargo Ponce, que es un maestro en este tipo de astados, lo entendió a la perfección, lo acarició, vamos casi casi lo abrazó y lo hizo todo suyo.

La euforia llego cuando hacía el final de la faena le instrumento unas poncinas, fue ahí cuando las “adelitas” y sus soldados explotaron de júbilo. Tantas horas de leer el ¡Hola! se vieron recompensadas pensaría una “adelita” de la época de los New Kids on the Block, que aplaudía eufórica de pie el genuflexo pase del valenciano, mientras el resto del público lo vitoreaba con el grito de ‘torero, torero’.

Y con ese extasis en el tendido el paradigmático maestro se tiró a matar y señaló una estocada desprendida, que por cierto no apago la euforia, pero como el puntillero tuvo el desatino de levantar al astado y con ello recibir una serie de ademanes desproporcionados del de chiva – en ese momento ante el disgusto del valenciano, pensé que le iba a recetar al puntillero una cachetada guajolotera cómo suele hacer con sus lacayos el gobernador de Chiapas- y ahí fue cuando el entusiasmo cayó y con ello la exagerada concesión de las dos orejas fue pitada correctamente por un sector del publico.

La verdad, es que no fue para tanto. Decir que Ponce es un buen torero es una afirmación incuestionable; pero hay que decir que lo que tenía enfrente era un remedo de toro bravo.

Otra reconciliación a medias y nuevo triunfo “paradigmático” del maestro del paradigma.

El segundo espada, el español Juan José Padilla salió fiel a su estilo: cómo un ciclón. El problema y el lo sabe, es que con estos toretes no tiene sentido intentar el toreo. Ya se podrán poner flamencos y lo que usted quiera, pero ante tanta mansedumbre y debilidad todo es una mentira, una comedia negra de la que todos salimos aburridos y engañados. Se llevó una oreja de su primero y escucho una tibias palmitas en su segundo.

Arturo Saldivar es por estos días una sombra de la sombra de lo que alguna vez fue. La imagen que nos dejo tras una rutina mecánica en su lote, esta a años luz de la personalidad que alguna vez lo hizo ser un torero prometedor. División de opiniones y pitos fue su balance.

Diego Silveti tiene una suerte en los sorteos que envidiaría cualquiera, ayer se llevó una vez más el mejor toro de la corrida y la verdad es que estuvo bien a secas. No dijo mucho con su toreo.

Silveti es poseedor de una personalidad innata que llega rápido al tendido. Pero torear bien, emocionar y convencer es otra cosa. Ayer toreó a un toro de rabo como en el patio de su casa en una faeníta con muchos muletazos, pero sin fondo, correctamente por momentos, pero vamos; sin arte ni gracia.

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Silveti, por momentos muy amarrado, sin terminar de soltarse. Foto Emilio Mendez.

Por ahí se coló algún bello natural, pero todo demasiado frío y con un exceso de precaución en su alma. La nobleza dulce del toro nos hacía presagiar que Silveti por fin abriría el tarro de las esencias, pero finalmente no paso. Lo destapó es cierto, pero sólo en dosis pequeñas o ¿quizás es todo lo que hay ahí adentro? el domingo lo sabremos.

Pero una oreja fue un premio muy pobre.

No pudo refrendar sus ilusiones en el sexto, un toro sin historia por su abundante sosería y su falta de casta. Silveti hizo lo que pudo, aburrió y se puso muy pesado con la espada hasta escuchar un aviso.

Ce finit Querétaro, hola León.

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