¿La Fiesta en Paz? Ecos del Congreso Nacional Periodismo y Tauromaquia: entre fatalistas y positivistas.

Por Leonardo Páez.

En el segundo día de labores del Congreso Nacional Periodismo y Tauromaquia, que se lleva a cabo en el suntuoso Teatro Xicoténcatl de la ciudad de Tlaxcala, organizado por el ejemplar Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino, pues el resto de los estados que dicen haber blindado la fiesta de los toros como patrimonio cultural inmaterial no efectúan acciones similares, se abordó el tema de las empresas taurinas en México, concretamente del incorregible y poderoso duopolio que con su mediocre oferta de espectáculo hace décadas se dedica a sacar a la gente de las plazas.

Y si bien los panelistas –José Antonio Luna Alarcón, Eduardo Castillo, Fabián Robles, Luis Miguel Martínez y Páez– coincidieron en el incorrecto manejo del negocio taurino en el país, entre aquellos y algunos de los asistentes se establecieron dos vertientes generales denominadas fatalistas y positivistas. No obstante lo simplificador de los títulos, varios rasgos de una y otra fueron destacados.

Los fatalistas sostienen que el citado duopolio carece de un concepto claro de la tauromaquia como expresión identitaria de México, de una filosofía de servicio y de una cultura de calidad, y que en todo caso sus utilidades son extrataurinas o de índole fiscal, ignorando la satisfacción del público, en notable contraste con el resto de sus negocios. No opera con un rigor de resultados transparente en lo artístico ni en lo económico y sus utilidades no dependen de la mayor o menor asistencia de espectadores.

Sin capacidad de liderazgo taurino profesional, los Bailleres y los Alemán –las empresas taurinas más adineradas de la historia– sólo compiten para disputarse anualmente a las mismas figuras y diestros importados de hace años, en perjuicio de nuevos toreros españoles, reduciendo el interés de los públicos mexicanos por la fiesta a unos cuantos nombres extranjeros. Asimismo, no hay manejo de imagen ni promoción, publicidad y mercadotecnia de la fiesta ni del espectáculo que dicen promover, ya que no se puede enaltecer un toro de lidia sin edad ni trapío.

No les interesa favorecer el surgimiento de figuras nacionales ni de ídolos populares mediante estímulos, seguimiento y confrontaciones planeadas entre los diestros más destacados, de trayectoria sostenida y de mayor potencial. No hay una relación costo-beneficio entre lo que se anuncia y se cobra y lo que se ofrece. No se oponen a ninguna globalización, ni económica ni taurina, sino que favorecen ambas. Nunca llevan a cabo encuestas de opinión para conocer las demandas del público, sus expectativas, inconformidades y rechazos. No tienen interés en recuperar al público taurino.

Tampoco toman en cuenta las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de la tradición taurina de México ni de la enorme infraestructura disponible, reduciendo la ganadería brava mexicana a una docena de hierros al gusto de los que figuran. Gracias a su complicidad con autoridades y medios y al silencio de los gremios, no muestran propósitos de enmienda. Autorregulación sin compromiso es su añeja postura.

Los positivistas proponen varias estrategias de resistencia taurina, entre otras: buscar con lupa las ofertas de espectáculo donde se privilegie al toro de lidia por encima de alternantes famosos; surgimiento de más y mejores organizaciones y grupos que con conocimiento de causa presionen a autoridades omisas y a taurinos contumaces; recurrir a comunicadores taurinos independientes; incrementar la capacitación, reflexión y acciones eficaces en las peñas taurinas como grupos de presión con autoridades y gremios.

Estimular asimismo la creación de escuelas taurinas municipales que efectúen encuentros frecuentes con otras escuelas; proponer, con convicción e imaginación, diversos concursos estatales y nacionales con relación a la tauromaquia; homenajes a personalidades del medio taurino o a simpatizantes de éste; debates en los medios sobre la fiesta brava; edición y distribución de más libros taurinos, y apoyar a nuevas empresas de toros, no por nuevas sino por su disposición a ofrecer espectáculos imaginativos y fomentar la competitividad entre toreros de valía.

Se expusieron conceptos que exhiben la dudosa gestión de duopolio taurino a lo largo y ancho del país, como: nación, toma colectiva de conciencia de una historia y de unos ideales compartidos, habida cuenta que la expresión taurina de México es la única réplica en el mundo a la personalidad taurina de España, pues ni Francia ni Sudamérica tienen una expresión taurina que se diferencie de la de aquélla. Personalidad taurina de México: no que seamos mejores o peores, sólo nosotros mismos, y porque tenemos todo el derecho a expresarnos y reflejarnos a través de nuestros propios intérpretes del toreo, siempre frente al auténtico toro mexicano, no el que exigen los ases importados.

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