Juan Mora le brindó un toro a Barquerito en Las Ventas. A don Ignacio Álvarez Vara. El día que cortó tres orejones en Madrid. Posiblemente, o sin el adverbio, el Barquero es el mejor escritor de toros de todos los tiempos. Y, seguro, el mejor, de la historia contemporánea del toreo. La precisión, la concisión, la exactitud del adjetivo, la riqueza léxica. El verbo perfecto, la ironía en su punto, el equilibrio, la síntesis en la actitud de los actores, la descripción perfecta del toro (continente y contenido), la sintaxis lucidamente jugada. Para bordar una verónica también hay que jugar bien los brazos. Y conjugarla con el alma. Con el maestro de Plasencia tuve el honor de compartir fin de semana y una conferencia que organizó la Peña Nicanor Villalta de Alcorisa. Y hablamos del periodismo y toreo, que son en esencia dos discursos con códigos, a veces, similares. Sólo que, ojo, el torero es el único artista que se juega la vida en su proceso de creación. Nadie más se la juega por el arte.
Nos contamos muchas cosas pero coincidimos en que el periodista que tiene credibilidad es aquél que es capaz de un día subirte a los cielos y otro día ponerte los pies en el suelo. O de bajarte a los infiernos, por seguir con la metáfora. Si además de esa independencia se tienen conocimientos taurinos, ortográficos, sintácticos, gramaticales, léxicos e históricos, el periodismo taurino alcanza cotas de excelencia: Barquerito. Lo que no puede ser es que Manzanares o Fuente Ymbro, por citar dos ejemplos al azar, siempre estén bien y no merezcan jamás una crónica dura. Obvio.
Esta semana se ha despedido de los ruedos el vallisoletano Leandro. Un torero con exquisito corte y buen concepto. En un comunicado, literal: “Mi momento de mayor madurez artística choca frontalmente con mi visión de la situación actual del toreo y de mi profesión”. El sistema. “En demasiadas ocasiones me he visto ante la frustración y el dilema de tener que elegir entre renunciar a mi concepto y mis valores para poder torear”, añadía el texto. Ese dilema, estimado lector, es elegir entre torear con condiciones dignas o hacer el paseíllo sin saber honorarios, torear por cuatro duros o con pérdidas. Conste que si Leandro no ha llegado a ser figura la culpa no la tiene el sistema. Pero con otra organización sectorial quizá habría alguna facilidad para los toreros que arrean y tienen condiciones.
Decía lo de Juan Mora porque el sistema no sólo son empresas, que son el poder. El poder tiene sus tentáculos en medios y “críticos” que pocas veces critican, callan, tapan, encumbran, ensalzan… Sí, voceros del sistema. Muy sabuesos a la hora de dar carteles, fenómenos del autobombo y del bombo que les interesa, genios de la complicidad, tipos que pasan por encima de todo lo que no es superficial.
Escribimos muchas veces los periodistas sobre cómo está el toreo. De sus agujeros negros, de su caos organizativo, de las nulas exigencias a la administración por parte del sector. Y eso que ahora gobierna un partido que dice que nos defiende. Pero, ¿cómo está el periodismo taurino? Ay, el periodismo del sistema. Por eso, humildemente siempre estaré agradecido a que un torero de la solera, el sello y la categoría de Juan Mora le brindara un toro a Barquerito en la catedral del toreo en una tarde histórica. Y, también, aunque me perjudique como periodista y como aficionado, de que José Tomás no sea partícipe del café para todos. Mejor callar, muchas veces.
http://www.elmundo.es/comunidad-valenciana/2015/02/01/54ce0b3b22601d26128b4573.html
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