Guadalajara: Larga y tediosa novillada con buenos prospectos a seguir.

Carlos Casanueva. Foto Plaza de Toros Nuevo Progreso – Facebook.

Por Francisco Baruqui.

La tarde estaba espléndida, azulado el cielo, sin sólo una nube y calma chicha para iniciar la segunda parte de la temporada con una entrada aproximadamente de dos mil 500 almas taurinas que, con toda paciencia, afición y deseos, presenciaron un festejo más largo que una cuaresma sin pan…

Una pena que para reanudar la campaña se haya tenido que lidiar tres hierros distintos en los que figuraron Celia Barbabosa, primero, Campogrande, segundo y tercero, y la divisa originalmente anunciada de Monserrat para cuarto, quinto y sexto.

El encierro pudo haberse anunciado sin picadores dada la terciada presentación que tuvieron los bureles y la manifiesta debilidad cuanto descastamiento, aunque con maniobrabilidad dado los juegos dúctiles enmarcados en nobleza, claridad de estilo como por la desesperante falta de fuerza que deslució las lidias de los seis ejemplares, con los cuales los tres jóvenes diestros pusieron empeño, deseos y voluntad, acorde a los estilos y expresiones personales de cada uno de ellos.

Por parte de Carlos Casanueva vimos la actuación de un novel con posibilidades que conoce el oficio y cuenta con los recursos para estar desenvolviéndose en la cara del toro con buen desempeño.

Lancea a la verónica con plástica haciéndose ovacionar en un recorte pinturero, para quitar por faroles de hinojos y galleos que se le ovacionaron. El de Barbabosa, débil y sonsón, pero claro y noble, le permitió un faena a media altura, ya que cuando bajaba el engaño la res rodaba, empleándose Casanueva con series con la diestra y la izquierda, templado y gustándose, conectando bien con el tendido. Al cierre del trasteo, al instrumentar bernardinas, fue cogido llevándose una cornada que le impidió salir a matar su segundo toro, siendo ovacionado luego de cobrar entera, haciendo guardia, y rematar con otra entera en sitio al recibir un aviso.

Buena impresión dejó este chaval.

Diego Sánchez, de Aguascalientes, de una joven dinastía taurina, ha sentado reales dadas las características de un toreo personal que llega fácil al cónclave, destacando de capote tanto en verónicas como en chicuelinas para con la muleta emplearse con el mejor del sexteto, en una labor de muletazos largos y templados, con las dos manos y por ambos lados. Tiene Diego la gran cualidad del valor y que disfruta en la cara del novillo, sólo que imprime a sus faenas una duración larga, muy larga, larguísima… exprimiendo al bovino que de por sí poca fuerza tenía, con pocas condiciones para responderle en el momento de la estocada, la que cobró con media y varios descabellos, saliendo a saludar al tercio.

Con los otros dos que mató, uno en sustitución de Casanueva, estuvo en similar tenor, ya que tiene una proyección muy definida en formas de trazo largo y despidiendo mucho al astado. El joven aquicalidense tiene largo camino por recorrer, con condiciones que hacen esperar un buen futuro en la tan hermosa cuanto difícil profesión.

Y sello, muy en la línea de mi inolvidable amigo Luis Procuna, es la que expresa Gerardo Rivera, un joven espigado, con planta torera y buena figura que sabe lucir el vestido de luces. Y que lució de capote con sabor y estética; con la muleta va con gusto, pero deberá de asimilar el ponerse en sitio y distancia dando espacio en la reunión, ya que acusa el gran defecto de quedarse siempre fuera de cacho, toreando para afuera lo que dificulta que pueda ligar las series de muletazos al no estar, repito, en sitio y distancia.

Tiene la cualidad de que se gusta y se siente, lo que hace que llegue a la afición que toleró dos prolongadas faenas de muchísimos muletazos, pero de poca impresión. Con el acero anda bien, se perfila en corto y por derecho con la tendencia de estoquear al encuentro o a un tiempo con siguiendo sendos espadazos, aunque llevándose un aviso en el tercero, un capacho de insignificante presencia, y con el quinto, ya que se corrió turno por el percance de Casanueva andando desenvuelto, pero cayendo en plan de pegapases. Empero, el muchacho tiene personalidad y deberá superarse mucho con las banderillas, tercio en el que muy desigual anduvo, pero se le verá de nuevo con gusto, ojalá que corrija los errores.

Y así, el transcurso de un festejo novilleril en el que la monotonía y larga duración fueron compañeros de la falta de transmisión y emotividad en el ganado que fue muestra de nobleza, pero que le quitó, como es lo usual en estos tiempos, la emoción que debe existir cuando se intenta crear arte frente al peligro.

La noche cayó encima saliendo de la plaza después de tres horas de función…

Fuente: El Informador.

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