Opinión: ¿La Fiesta en Paz?

En la próxima Feria de Sevilla prevalecen cartuchos quemados y alternativas, se relega a diestros magníficos e incluyen en ternas infames a toreros como Arturo Saldívar. Foto tomada de Internet.

Por Leonardo Páez.

Lo contracultural de los toros de verdad no son los toros, sino la verdad.

En el país se acumulan hechos delictivos, se les da difusión, la autoridad promete inves- tigar, llegar hasta las últi- mas consecuencias e imponer ejemplar castigo a los responsables o, de perdis, proporcional a la falta cometida y… nunca pasa de ahí, sobre todo si hay poderosos involucrados, sean del sector público o privado, cada día más unidos en sus particulares intereses.

Un aficionado yucateco me dice: El reciente escándalo de la empresa Espectáculos Taurinos de México, SA (Etmsa), de Alberto Bailleres, en la plaza Mérida con motivo del pitón reconstruido de un toro de San Isidro en la corrida del pasado 22 de febrero, no es sino una raya más al tigre de la corrupción taurina que se burla de la noble afición de aquí y de la gran mayoría de las plazas del país, dándole al público gato por liebre y en la madre a la fiesta de toros.

Nuestro informante, testigo presencial de tan infortunada tarde, prosigue: “esa reconstrucción del cuerno con alambre y pegamento, repintado y recubierto de arena, fue una obra artesanal de muy altos vuelos, ya que de salida el toro remató en un burladero y luego recargó en el peto-muralla del picador, resistiendo todo. Pero detrás de este fraude hay más. Haber cambiado al toro con el pitón roto y parchar la corrida era sólo una muestra de respeto a la fiesta y al público por parte de la millonaria e irresponsable empresa.

Luego está el sorprendido juez de plaza Ulises Zapata, quien el año pasado rechazó un encierro completo de una de las ganaderías de Bailleres, por lo que éste, en respuesta, decidió cancelar unilateralmente la temporada sin que recibiera sanción alguna por parte del ayuntamiento. Y otro que debe responder con valor civil, oportunidad y transparencia es el presidente municipal de Mérida, Renán Barrera Concha, del PAN, ya que tras la pataleta de Etmsa de hace un año, permitió a ésta organizar la nueva temporada taurina, en ese centralismo nefasto que mantiene al país maniatado. Aunque a lo mejor esta falta de seriedad fue el motivo oculto que animó al empresario francés Simón Casas a abandonar la naciente Fusión Internacional por la Tauromaquia (Fit), con Etmsa a la cabeza, y que pretende impulsar la fiesta en España, concluye indignado el hombre.

Sevillanada es peyorativo de lo que en otro tiempo fue la suntuosa feria de abril en la Maestranza de Sevilla, y mexicanizar es, por ejemplo, bautizar con agua de lavadero. Este año la empresa Pagés vuelve a prescindir de los pretensiosos Juli, Perera, Morante y Talavante, pero también de media docena de toreros peninsulares magníficos –esos que no necesitan el toro de la ilusión para hacer el buen toreo– a los que una mínima lógica empresarial pedía a gritos su inclusión en el serial: Diego Urdiales, Jiménez Fortes, Alberto Aguilar, Rafaelillo, Juan del Álamo o Fernando Robleño, mientras los mexicanos Joselito Adame y Arturo Saldívar van en dos carteles infames, en correspondencia al besamanismo que taurinos y medios rinden acá a los importados. Sevilla-nada o el resul-tado de años de cerrazón y autocomplacencia, que la tauromafia no conoce fronteras.

Francisco Roig escribe en el portal crisolplural.com un artículo titulado De corridas de toros, circos y animales varios, donde además de darle un repaso a los falsos ecologistas electoreros, afirma: “…Las corridas me parecen un espectáculo fuerte, no es como ir a ver un show de delfines. Es un espectáculo en el cual un ser vivo muere, por lo general el toro y a veces el ser humano. Pero creo que las corridas tienen todavía mucho que enseñarle al humano en cuanto a su entendimiento y relación con la muerte misma, nuestra vieja compañera. El ser humano ahora se ha empeñado en relativizar y descafeinar todo, banalizar lo demás hasta el punto en el que no concibe nada importante por lo que pelear. Conforme nos hemos urbanizado hemos perdido la conciencia de lo que implica estar vivos y eso es quitarle la oportunidad de vivir a otro ser, pero nos hemos acostumbrado a pensar que la carne que nos comemos aparece de la nada en el supermercado y jamás pensamos en la vaca que tuvo que dormir el sueño de los justos. Creo que las corridas nos acercan a la muerte, en un mundo que ha relativizado a ésta, que le seguimos teniendo miedo y optamos por escondernos de ella y la tratamos de prohibir, como si pudiéramos prohibir la muerte.

No creo que el torero sea artista, creo que hay toreros que lo son. La decadencia de la fiesta brava se debe más a la avaricia y miopía de los organizadores que porque la gente la rechace. La gente ha abandonado las plazas en parte porque los ganaderos y toreros se empeñan en torear novillones mansos y no toros de verdad con los que se juega el pellejo. Esto lo percibe la gente, que al ver la fiesta convertida en una farsa aburrida prefiere dejar de ir…

Via: http://www.jornada.unam.mx/2015/03/15/opinion/a10o1esp

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