
Por Carlos Ilian.
Lo nunca visto, el santo y muy triunfalista público bilbaíno pidiendo a gritos el toro, como un 7 de Madrid. Y es que la corrida de Bañuelos, no era para Bilbao, ni de broma. Una novillada incalificable que irritó a la gente y dejó con el culo al aire a todo el entramado de esta plaza. Un serio patinazo de los responsables de reseñar las corridas para esta feria, una de las tres grandes del año y de tradición respecto al toro de mas trapío que se lidia en España. Para colmo una corrida descastada. Vamos, un petardo.
Iván Fandiño, damnificado ayer, porque era la única actuación en la plaza de su casi tierra natal y se encontró contra un muro de mansedumbre y mal estilo. Puso toda la carne en el asador y estuvo por encima de su primero para cuajar una faena de recursos y de matices. Hubo fuerte petición pero el palco no concedió el trofeo. El quinto se quedaba en los talones y no se empleó nunca. Lo mató de una gran estocada
Finito de Córdoba hizo como que andaba por ahí con algún muletazo suelto `para pasar el bochorno de matar al cuarto, un becerrote que además resultó manso de solemnidad. Alejandro Talavante anduvo tan espeso con su primero que al final no se sabía quien estuvo peor, si él mismo o el toro. El sexto, otro morucho le irritó hasta el punto de que no aguantó más y lo liquidó en un plis plas entre la bronca general. Fracaso estrepitoso de quienes eligieron esta corrida para Bilbao.
La gran bronca que el público de Bilbao le dedicó a toda la organización de estas Corridas Generales es un toque de atención muy serio y habrá que reflexionar.
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