Por Alvaro R. Del Moral.
Cambiarlo todo para que todo siga igual. En su barroquizante puesta en escena –y en su personalidad más recóndita– Morante parece conducirse como un personaje del mundo decadente retratado por Lampedusa en el inmortal Gatopardo. Nada nuevo en su particular forma de actuar. Su cuate Antonio Barrera –ilustre facedor de entuertos– ya no le sirve, como dejaron de servirle otros; será sustituido por un hombre de traje gris que materializará sin rechistar los deseos del diestro cigarrero, que siempre se ha apoderado a sí mismo. Las cuitas con la empresa Pagés han dado paso a mensajitos de amor con el nuevo gerente único, que también se deja querer… Se trata de cambiarlo todo y todo será igual. Pero una cosa sí está clara: Morante ha conseguido situarse en un plano ajeno al bien y el mal y hasta ha creado una religión particular, el morantismo, con fieles que suspiran por el pecho de su ídolo. Y, ojo, también tragan con lo que le echen, sea como sea.
Morante rozó el medio centenar de actuaciones en la temporada 2105, un número alto si consideramos las cifras en las que se mueve el toreo desde que tocó techo –en lo económico y lo taurino– en el inflado 2007 que marcó el inicio de la cuesta abajo. Las 49 funciones cumplidas por el diestro de La Puebla le han permitido colocarse en cuarta posición de un escalafón en el que sólo fue superado en la estadística por los funcionariales –llámenlos mediáticos si quieren– Fandi y Padilla y el definitivo triunfador de la campaña, el diestro francés Sebastián Castella. Pero no será así el próximo año. El propio matador adelantó en exclusiva que no piensa torear más de quince corridas en 2015. De ellas, cinco podrían ser en la plaza de la Maestranza, renovado objeto del deseo del diestro cigarrero que también afirmó –rotundo– que no piensa pisar Madrid.
Pero hay que dar un repaso a los aconteceres de su particular campaña europea, abierta en la bombonera de Olivenza y cerrada –después de comparecer en Zaragoza– en el particular festival –convertido en auténtico homenaje bienal– que celebra en su pueblo, renovando cada año un argumento que en este le llevó a contar con tres veteranos –Ruiz Miguel, Ortega y El Soro– que acabaron con el cuadro.
Pero hay que volver a los inicios de la temporada , que en esta ocasión se inició de forma natural, prescindiendo del vino y las rosas que acompañaron la presentación en la discoteca Joy-Eslava del calendario cerrado de actuaciones de ese 2014 de estrategias fallidas en los cuarteles de los generales. Pero agua pasada no mueve molino. El primer zambombazo sólido llegó en Valencia. Fue el primer recital de una campaña que volvía a estar empañada con el veto a la plaza de la Maestranza. Los cuatro actores de esa rebelión estéril se habían anunciado la víspera de Resurrección en Málaga, un sábado de más penas que glorias que no logró eclipsar el gran acontecimiento que llegaría el día después: la retirada de Espartaco, que dejó en evidencia a la sedición.
Y del Mediterráneo, a la Alcarria, al coso de Brihuega que marcó del fin de los esplendores de Barrera, que pudo tener algo más que palabras con el empresario del evento. El ínclito volvería a hacer un flaco favor a su torero montando un numerito evitable en los corrales de Córdoba. Pero antes había habido masaje en Aguascalientes; orejas en Valladolid; inspiración en Jerez; emoción en Nimes, mano a mano con El Juli; y nada que destacar en su única –¿y última?– actuación en Madrid el día que Castella abrió la Puerta Grande. Llegado el Corpus, Morante volvería a sembrar en Granada y se encargó de que hablaran de él el día que cogió la manguera en Alicante. Sí hubo kilates en Badajoz para celebrar San Juan; patinazo en Valencia por San Jaime; diabluras en La Línea… y Morante cruzó el mar para encontrarse en Palma de Mallorca con el acoso de Peter Janssen, que volvió a atacarle al día siguiente en Marbella provocando que el torero se dejara un toro vivo en protesta por la tibieza del palco.
El torero se vengó saliéndose del pellejo en Pontevedra, bordando primores en Gijón, San Sebastián, Málaga… En Bilbao se torcieron las cosas aunque su capote alado se encargaba de marcar diferencias aquí y allí. En Palencia pudo comprobar el hambre de Garrido pero aún quedaban los concertinos de Valladolid, Logroño o Zafra. Culminada la campaña, anunció que en 2016 volverá a torear en Sevilla. Alabado sea el Santísimo.
Fuente: Morante, el espíritu del Gatopardo https://t.co/ZeJtZMl6dD | Por @ardelmoral https://t.co/2IUoYLvn7G



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