Ocho con Ocho: Sobriedad Por Luis Ramón Carazo

 

El Payo.

Durante la semana, en las redes sociales se afirmó que el encierro de Barralva a lidiarse el domingo 29 de noviembre de 2015 era de muy pobre trapío y me parece que exageraban, pues si bien  primero y tercero, eran de encornaduras poco ofensivas, el conjunto cumplió reglamentariamente con el fenotipo del toro del encaste San Mateo y por la tanto en ese renglón nada puede reclamarse a los criadores queretanos, los hermanos Álvarez Bilbao.

La corrida fue en comportamiento variado; lo cual no es mala noticia, por el contrario, me parece positivo que los ganaderos traten de preservar diferentes estilos de comportamiento y se arriesguen a que en el ruedo sus astados de pronto se vayan al lado fiero que es la aspereza como el quinto de la tarde que le correspondió a Diego Urdiales, o a la extrema nobleza como el que le tocó en primer sitio a Federico Pizarrro.

Destacó la actuación de Octavio García El Payo que estuvo en su primero más noble y en el sexto más codicioso, con una gran disposición artística, arriesgando al torear en espacios muy reducidos con tal de lograr trascender al tendido, lo logró, no de manera rotunda para el otorgamiento de dos trofeos (uno por cada faena) que por varios sectores del público fueron protestados.

Octavio, con justa autocrítica, prefirió no ser alzado en hombros al concluir su actuación, entendiendo que una salida así, es absurda.

Recuerdo como en su reciente actuación, El Juli salió en hombros con menos de una docena de personas celebrando lo que la mayoría había rechazado por el otorgamiento de trofeos y la catadura de los astados de Fernando de la Mora.

Me parece una actitud digna la de Octavio, en México sin reglamentarse (como en España) dos orejas son el pasaporte para la puerta grande, pero en los toreros cabría la oportunidad de entender si realmente el homenaje es popular y solamente aceptarlo cuando así lo manifieste el pulso de la plaza y no cuando es una ceremonia más para la foto que sentir la plenitud del triunfo rotundo.

Sentó un buen precedente El Payo para posteriores tardes en las que habría que estar al pendiente de las actitudes de sus compañeros en las mismas circunstancias.

Federico Pizarro ha logrado por momentos muletazos bellísimos, particularmente con la mano izquierda en el primero de su lote, que reitero era muy noble,  pero tardo, sin embargo el conjunto no pudo concretarse y se fue diluyendo lo que presagiábamos de muleta y antes en un bellísimo quite por Gaoneras, iba a ser una faena de premio para el capitalino, que en el segundo de su lote nunca pudo del todo acomodarse a las embestidas descompuestas del astado.

Urdiales por su riojana parte, tuvo que recurrir a la habilidad y a la valentía, con menores tintes de belleza, como la que esgrimió con el astado de Bernaldo de Quirós hace dos semanas y que le permitió regresar al coso de Insurgentes en un lapso muy corto, a sustituir a Manzanares como antes lo había hecho con Ponce, sin embargo me parece que el público que acudió a la plaza México particularmente en el quinto de la tarde, un castaño que embestía con un grado alto de fiereza,  salió con la impresión de haber visto a un torero que no se arredra en busca del toreo puro.

 Vale la pena verle posteriormente, por lo buen torero que es el de Arnedo,  aunque francamente la ejecución de la suerte suprema es su talón de Aquiles.

Tarde la del 29 de noviembre de 2015 en La México por demás interesante, en dónde no hubo tiempo para el aburrirse y eso hoy en día, más la sobriedad y la mesura en el triunfo, son para rescatarse,  ni duda cabe.

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