Claveles y Rosas – Perfumada Salida a Hombros de Morante de la Puebla.

Ayudado por Alto de Morante
La cadencia magnífica, la sutileza de la media altura en el ayudado de Morante de la Puebla. FOTO: Miriam Cardona.

El más fino de todos los claveles y la más hermosa de todas las rosas florecen en los ramos que pasea Morante de la Puebla tras desorejar al cuarto de un decepcionante por su debilidad y falta de casta, encierro de Teófilo Gómez. Solo dicho astado, “Debutante” para la historia, soporta apenas con un tramo más de embestida el toreo amplio, soberbio y personalísimo del sevillano que se quita de encima al descastado primero, simplemente, con todo el arte del mundo por delante. En tarde de querer, “Payo” se estrella con su espada y con el manso y roto quinto mientras Fermín Espinosa, en tarde de no poder, se estrella, penosamente, con su realidad.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Plaza México. FOTOS: Miriam Cardona.

Suena el Toque de Cuadrillas y, tras su aparición, La México ovaciona a la terna.

Fuerte, como es, el rugir de la Monumental México se palpa a los primeros acordes del ya centenario “Cielo Andaluz”. Solo que la pieza del aragonés Gascón esta tarde soleada e invernal demora unos segundos en desgranarse. Cosa que toma con acostumbrada calma la generalidad pero que en el tercio al lado izquierdo y por columna frente a Cuadrillas, todo el oro en los bordados, toda nazarena a seda en la casaca y en la talega, desespera a Morante de la Puebla.

Al menos un poco, incluso al grado de cruzar palabras con el alguacil pidiendo partir Plaza.

Pero de inmediato, como casi una reacción instintiva, Morante regresa al ritmo en el que sabe estar y andar en la Plaza México, en sus propias palabras, despacio, que al torero que no anda de tal modo La México no le hace caso.

De ahí que el primero de la tarde, ponga las cosas a la contra.

Serio, muy bonito, cárdeno claro y vuelto de pitones, con mirada muy seria, sale a estropear el lance, a salir suelto, a no dejarse. Me recuerda a aquel de Jorge María, en el San Lunes morantista de hace tres años que también hizo las veces de primero de su lote en La México, más áspero y geniudo aquel, descastado y débil éste.

A pesar de hacer todo lo posible de salida el capote se guarda.

El astado espera a Dones y Carretero en banderillas.

Morante lo nota, no brinda y se reserva, para después, desde tablas, entre el doble firmazo, intercale avanzando el trincherazo y el precioso cambio de mano abajo que parecen cerrar el preámbulo de la faena. Solo que antes de que el cárdeno piense, Morante ayuda su muleta y, desde el tercio, sobreviene la friolera, grácil y fragante, sutil y elegante, de cuatro ayudados, dos por bajo a pitón derecho y dos pinturas, a media altura, por el lado izquierdo.

La México ruge. Morante sonríe y se regodea.

Llega hasta plena boca de riego y ahí el desahogo encuentra el camino del de pecho con la zurda. Vuelve al tercio, un paso por fuera de las rayas, para iniciar con el toreo por bajo con la derecha, liga los muletazos que muestran al toro reservón y mirón. El procedimiento cambia y con la de cobrar, muleta por delante, a verdad desnuda, Morante le liga los naturales, hilado siempre y con el toque exacto pero con un toro que ya mira de más.

De ahí que las tandas que siguen, con la voz y el toque del cite tan firmes que el toro lo toma por completo, le obliga y, aunque el cárdeno lo resiente, Morante le tapa, se le impone y, a pleno compás, con toda la serenidad de su cintura y la majestad de su empaque viene el firmazo y el cambio de mano, andando, sensacional.

Esto descompone al toro, al que Morante extiende innecesariamente la faena y al que, consideramos, debió entrar a matar en la suerte contraria.

Pincha. La ovación en el tercio lo dice todo.

Y el gesto también: “En el otro…”

Menos mal es así pues la corrida de Teófilo Gómez está a cada paso cerca de llevar al cadalso a la Plaza México: desde lo descoordinado y cabeceante del segundo, lo roto de tranco del tercero, lo manso y soso del quinto, lo débil y desrazado del sexto, más el desasosiego de la gente que choca con “Armillita IV” y un toro cariavacado, el tercero, que no gusta. Ojalá hubieran estado así hace quince días y, sobre todo, en lo que viene.

Lo imperdonable e incuestionable es que Fermín Espinosa no completa una sola intervención sin echar atrás, ya sea lance o ya sea pase, en algún momento de las suertes su pierna de recibo va para atrás gravemente, mostrando que este joven paga las habladurías del tío, las prisas del padre por hacerle matador, los excesivos cuidados… y no más.

La gente paga, exige y, cuando le dan motivos, se cobra.

Duramente.

Cosa distinta es “El Payo” que hace casi todo bien con el segundo, cárdeno oscuro y protestón, siempre a la contra y por ello, García se la ha jugado desde la arrucina inicial, hasta los naturales donde obliga y manda pese al desarme al alargar la faena. Solo el mal uso de la espada le priva, ante su primero, de algo más y su aceleramiento en el quinto, empañan algo su esfuerzo.

Nuevo pinchazo.

Alguien le preguntó a San Juan de la Cruz, “¿Y todos estos versos son inspiración del señor?”, entonces, el místico contestó, “Algunos son del Señor, otros son cosa mía”. La cosa de Morante es encontrar de un toro como el cuarto, tan fino, aquello que no le haga perderse en el camino de la mansedumbre sino encontrar las virtudes mayores de su raza.

Perdida en varios instantes.

De inicio, por ejemplo, pasa sin enterarse, Morante le brega apenas con parte del engaño para que “Debutante” se confíe y cierre soberbio el capote en la media. La cualidad es y ha sido la medida exacta del levísimo puyazo –casi una inyección- y la armonía de las chicuelinas que, a pesar de que solo pasa sin enterarse, hacen que el astado se empape de tela y que, para el remate en la media, meta la cara abajo hasta perder las manos.

Eso ha sido en lo que Carretero prosigue a la brega para milagrosamente hacer que “Debutante” trace viajes muy largos empleándose, incluso lucir Gustavo Campos que deja caliente a la gente, deslumbrada por el doble par de aretes aunque olvida que el capote de José Antonio Carretero deja servido el toro para la ocasión.

El temple encela.

Brindado el toro, Morante deslumbra en los tres doblones rodilla entierra, arrodillándose conforme el toro entra en la muleta y hasta despedirle, es decir, toreando a cada momento previo, durante y posterior al muletazo. Abierto en los medios, acaricia la embestida en el pase de la firma y, justeza de nuevo, no remata la primera tanda, ahorra el de pecho que proseguía previo al ahogo del toro.

Que no se ahogue en dudas a la Afición.

La dificultad de este toro que se aviva en banderillas es extraer de él, lo que parece no tener, emoción. Y eso es el arte, no copiar lo visible, hacer ver lo que no se ve.

Porque esta no es una faena únicamente valiosa en lo estético, lo es en el drama de observar como las posibilidades, aparentemente limitadas del toro, crecen conforme el de la Puebla está en el sitio, incluso a la larga distancia, como en la tanda que precede la vitolina en el otro tercio donde amplio es el cite, aliviadora la altura que repone al toro en el remate muleta arriba, cambiándose de mano, previo a otro firmazo de alarido.

Luego la precisa decisión, de regresar al sitio donde inicia la faena.

No dejar que el toro vaya a donde le plazca sino a donde dicte la derecha que de nuevo mece la cintura, embarca al frente, manda larguísimo y propicia, incluso sin tocar sino dejando la muleta muerta, la entrega del toro, cuya degollada forma le ayuda a descolgar, y de la propia Plaza, amante de los desdenes que aparecen como fulgurante destello invernal.

Alumbrando el camino de la izquierda.

Que vence al toro.

Que toca perfecto y, apenas reponiendo, gira en el embroque al tiempo que dicta Morante, lento y plácido, para desdeñar en el ayudado por bajo y luego en el nuevo desdén. La capacidad de redimir la inconfesable realidad de la mansedumbre que asoma al fondo, la posibilidad siempre presente de pulir aristas hacen que José Antonio alivie por alto en tres pases arriba.

Aun así “Debutante” se violenta.

Lo que propicia la nueva tanda derechista, breve y rotunda, con un interminable pase de pecho a la hombrera contraria. El cambio de terreno trae un desarme, la única mácula de la faena. Entonces Morante se desquita.

Tira del toro que ya sale cara arriba e incluso juguetea con la montera.

¡Esto homenajea Jorge Ramos!

No le permite salirse del engaño dejándolo siempre puesto con una impensable perfección, el enésimo firmazo -¿Cuál de todos sería el mejor?- y el cambio de mano a la zurda, simplemente perfecto, desatan la locura en el tendido. De pronto todo el tendido es morantista. Qué rápido cambian bandera, parecen tener los paganos la misma condición engañadora de este toro que, pese a la coba al Ganadero, acaba rajado, retrocediendo y en la querencia.

Por ello no hay adornos finales, porque “Debutante” lo estropea todo.

Entonces, con todo el tiempo del mundo prepara la muerte. Bien diría San Juan de la Cruz, “Toque delicado//Que a vida eterna sabe
y toda deuda paga//Matando. Muerte en vida la has trocado.” Solo la espada, trasera y tendida, en la suerte natural, pone la duda que el toro se eche. Ni medio minuto pasa cuando yace el astado en la arena aleteando pañuelos en la grada.

Vergüenza de Jorge Ramos al premiar la falta de casta y bravura que de haber sido así…

Esa es la autoridad en La México, la peor de su historia.

Morante pasea en la vuelta un ramo de claveles, otro de rosas, como el famoso pasodoble.

Y mirando esos candores, entre reflejos del sol y la sombra, pasando el inmaculado tallo del clavel e incluso las espinas de la rosa, llega esta gran faena, flor y espejo del arte del toreo, calvario y rosario de nuestra afición taurina.

La que aquieta el viento, la que enciende fuego eterno con el más torero de los aromas, el de la gloria.

Texto: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2015-2016. Domingo, Enero 17 de 2016. Décima Cuarta de Derecho de Apartado. Más de Un Tercio de Plaza en tarde fría con fuerte ráfagas de viento que no afectan a la lidia. Piso mojado. Mal la Autoridad al ordenar el Arrastre Lento al manso cuarto.

6 Toros, 6 de Teófilo Gómez (Divisa Azul Cielo, Plomo y Blanco) Desiguales de presentación. Justo, cariavacado y sospechoso de pitones el tercero, protestado desde salida. Muy serio el primero aunque sin fondo en la muleta, descastado. Bien construidos el resto aunque débiles y sin raza en general. Precioso aunque chico el cuarto, número 147, “Debutante” nombrado, cárdeno obscuro, vuelto y astiblanco, degollado y lomitendido, pese a su mansedumbre hace los viajes largos y toma la muleta sincero aunque termina rajado y muy a menos.

Inexplicablemente la Autoridad de Plaza homenajea al mencionado cuarto con el Arrastre Lento, a todas luces, inmerecido. 

Morante de la Puebla (Nazareno y Oro) Saludos y Dos Orejas. Octavio García “El Payo” (Azul Rey y Oro) Ovación y Palmas. Fermín Espinosa “Armillita IV” (Obispo y Oro) Pitos y Pitos.

El primer espada salió a hombros.

Destacó con el cuarto a la brega y en banderillas de la cuadrilla del primer espada en especial a la brega del cuarto, el banderillero José Antonio Carretero así como Gustavo Campos en la brega del primero, este último saluda tras banderillear al cuarto. 

La Autoridad guarda el minuto de silencio inexplicablemente omitido la semana anterior dado el muy sensible fallecimiento de Don Alejandro Arena Torreslanda, ganadero de Villa Carmela acaecido la semana pasada.

Derechazo de Morante a Debutante
Roto, completamente fundido el derechazo de Morante de la Puebla a «Debutante» de Teófilo Gómez. FOTO: Miriam Cardona.

2 Comentarios »

  1. ENA . . . MORANTE

    “El duende se apareció, . . . la plaza se estremeció.”

    Tauromaquia, sin tiniebla
    de Morante de la Puebla,
    La Puebla del Río, Sevilla,
    España, cuna, semilla.

    Que germinó por el arte
    del gran torero baluarte,
    el de caminar muy grácil,
    pareciera cosa fácil.

    Mágico, terso capote,
    que su duende no se agote,
    la inspiración se desgrana,
    hay que tocarle una diana.

    Al matador más sensible,
    cuya diestra es infalible,
    ¡con muleta, que modales,
    prodigiosos naturales!

    Calma, suave devaneo,
    hondo, profundo trasteo,
    muñecas de privilegio,
    estético sortilegio.

    Ena . . . morante, elegante,
    etéreo, que va pa’ lante,
    su psique ronda en el ruedo,
    “el arte no tiene miedo”.

    Temple, pintura, pureza,
    sublime ritmo, realeza,
    antológica cadencia,
    cátedra rica, en esencia.

    Faena de corte bello,
    maestría de taurino sello;
    afición, que aplaude, tiembla,
    por Morante de la Puebla.

    Campante espada español,
    de la lidia, monstruo, . . .sol,
    la clase, su firme arista,
    ¡ay, que verdadero artista!

    Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
    Reg. SEP Indautor No. 03-2016-070109301200-14

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  2. Bonita, sentida y poética reseña de la sinfonía del bien torear, del torero sevillano; de los buenos deseos y formas de torear del Payo y de la decepcionante realidad del oficio taurino del IV de la generación Armilla.

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